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Si el ´97 resultó inolvidable para River, el arranque oficial de esta temporada también le quedará grabado a fuego en su memoria. Claro que por motivos diametralmente opuestos. Anoche se le borró la sonrisa que tuvo alquilada por un año. Una goleada de Lanús en el Monumental -la primera en más de 60 años de profesionalismo- es un gran impacto en cualquier contexto. Y mucho si se consigue ante el equipo que viene de marearse de tantas vueltas olímpicas.
Acostumbrado a tutearse con los triunfos, a darse la mano con el mejor fútbol y a convivir con la contundencia ofensiva, anoche a River se le dio vuelta la taba y sufrió la peor jornada en mucho tiempo. Al que solía hacer todo bien, le salió todo mal.
Y acá se hace un alto con River porque se cometería una gran injustica con Lanús si no se repara en sus méritos. El porrazo del tricampeón no fue obra de la fatalidad, sino consecuencia directa de un rival que castigó impiadosamente la mayoría de sus errores.
Un acto reflejo lleva a pensar que la causa del cachetazo estuvo en la ausencia de los cinco jugadores que están en el seleccionado. Es una teoría para atender, pero no para comprar a ciegas. A no olvidarse que siempre se habla del prestigio y la calidad de la segunda línea del plantel de River. Que podrían ser titulares en cualquier otro lado. Bueno, anoche, un Lanús mayoritariamente juvenil, acaudillado por la solvencia y el empuje de Siviero, lo vapuleó con pasmosa serenidad.
Seguramente, hasta Lanús no podía creer lo que ocurrió. Jamás habrá pensado en esa goleada ni en encontrarse con un River que el único punto en contacto que tuvo el multicampéon fue el color de la camiseta.
Si inclusive Lanús se paró con un planteo cauteloso y conservador, pero las múltiples fallas de su adversario lo animaron a lo que nadie podría imaginar.
Los suplentes que eligió Ramón Díaz resaltaron aún más el vacío de los muchachos que están concentrados con Passarella, pero tampoco en los titulares presentes se pudo reconocer algo del repertorio grupal. Un fiasco colectivo, contagioso y paralizante.
Por distracciones y estatismo, River recibió tres goles en jugadas con la pelota detenida (dos corners y un tiro libre desde un costado). Bonano encontró la primera pelota cuando ya había visto entrar cuatro en su arco. La defensa dejó espacios libres y reaccionó siempre un segundo más tarde. Gancedo trababa y perdía, Escudero no aparecía, Solari se equivocaba en todas -por un egoísmo suyo, Salas no convirtió cuando el partido estaba 0-0- y la adolescencia de Aimar no estaba para solucionar los desatinos de sus compañeros más grandecitos. Un poco más arriba, Salas y Rambert no sabían lo que era una habilitación limpia.
Fue un desconcierto de principio a fin, del que no se salvó nadie, excepto algunos arrestos de la dignidad de Sorin en el final.
A Lanús le alcanzó con no desesperarse, mantener el orden y golpear en los momentos justos. No necesitaba nada del otro mundo ante un River que parecía de otra galaxia. River cometía equivocaciones de chicos frente a una formación juvenil que se movía con adultez.
Por si a River le hacía falta un empujoncito más hacia el cadalso, el rigor disciplinario de Castrilli le dio el envión al castigar una fuerte infracción de Ricchetti en el comienzo del segundo tiempo. Se fue expulsado y al ratito lo siguió Berizzo, mientras Lanús capitalizaba tantas facilidades con otro par de goles.
Quedaba media hora, Lanús ganaba por 4 a 0 y River tenía dos hombres menos. Sólo podía esperarse una caída más catastrófica aún. No se dio porque Lanús, en muchos ataques de cuatro contra tres y de tres contra dos, se entretuvo más de la cuenta. Era lógico, pues estaba viviendo un sueño ante un River que arrancó dormido en sus laureles.
Dirigió Javier Castrilli (bien), se recaudaron $ 112.350 y los equipos formaron así:
River: Bonano (3); Richetti (3), Ayala (capitán, 4), Berizzo (4) y Sorin (5); Escudero (3), Gancedo (3), Solari (3; 26 del ST, Sarabia) y Aimar (4; 11 del ST, Cardetti); Rambert (4; 17 del ST, Placente) y Salas (4). DT: Ramón Díaz.
Lanús: Burela (5); Serrizuela (7), Alesandrías (6), Siviero (capitán, 8; 14 del ST, M. Fernández) y Román (5); Juan Fernández (6), Cravero (6), Kmet (7) y Ibagaza (6; 37 del PT, Mas); Raíces (5) y Bartelt (7; 25 del ST, La Corte). DT: Mario Gómez.
Primer tiempo: 21 minutos, Bartelt (L), y 38, Kmet (L).
Segundo tiempo: 4, Siviero (L), y 17, Bartelt (L). Al minuto fue expulsado Richetti (R), por juego brusco, y a los 15, Berizzo (R), por doble amonestación.
Reserva: postergada para el 4 de marzo.
Hoy, el anuncio: a las 12, en el Salón de Honor de River, en el Monumental, el jugador uruguayo anunciará lo que todo el mundo sabe: su retiro del fútbol profesional.
El jugador no dijo una palabra de su alejamiento, el lunes último cuando apareció por River tras sus vacaciones en los Estados Unidos, pero ayer era un secreto a voces de que se había despedido de sus compañeros y del técnico; luego habló con los dirigentes y quedo confirmado que hoy lo hará publicamente.
Ayer, con el hecho consumado, hasta David Pintado, el presidente de River, se animó en anticiparlo por la Radio La Red.
Francescoli, de 36 años, demoró el anuncio para hoy por una razón: muchos periodistas uruguayos estarán presentes en la charla, con televisión y radio incluidas, y se optó por esperarlos 24 horas, para que llegasen sin sobresaltos desde Montevideo y otras ciudades del interior.


