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Fueron 10 minutos lindos, de esos que ilusionan de cara a una noche de buen fútbol. A los 2 y a los 4, Germán Castillo alimentó las ganas de los hinchas de Gimnasia con dos remates desde afuera que preocuparon al arquero Claudio Flores; a los 8 y a los 10, Ignacio Risso llevó el peligro al área de enfrente con dos cabezazos; el segundo provocó la mejor atajada del partido, cuando Juan Carlos Olave sacó una pelota bárbara, de pique al suelo. Allí se acabó todo, el partido se vino en picada y no hubo forma de levantarlo. Lanús y Gimnasia y Esgrima La Plata igualaron 0 a 0 en el Sur en un partido malo, chato y aburrido.
Gimnasia llegó sabiendo que su objetivo es avanzar lo máximo posible en la Copa Sudamericana. Haber dejado en el camino a Boca el miércoles último hizo que Carlos Ramacciotti guardara a titulares como San Esteban, Madrid y Choy González para el torneo continental. Lanús necesitaba sumar en su lucha por permanecer en primera, y hasta ahora su campaña es muy irregular.
Como sea, anoche nunca aparecieron los conductores (Moreno y Leo Rodríguez, en Lanús, y Matías Arce, en Gimnasia), por lo que no hubo un traslado limpio de pelota. A lo sumo, se llegaba a tres cuartos de cancha, pero allí, en la zona de definición, se diluía cualquier intento.
Se dijo, Gimnasia sólo pudo crear peligro con remates de media distancia, a través de Castillo y de Germán Noce. Claudio Enría estuvo desconectado, jugó de espaldas al arco y no preocupó nunca.
Lanús apeló a acertar los innumerables centros cruzados a la cabeza del Tuca Risso, el atacante granate que se mostró más concentrado ( Ezequiel Bustos Montoya no gravitó nunca).
Lanús no sabía qué hacer con la pelota. De hecho, la figura que se destacaba en el equipo local era Ezequiel Carboni, que se doblegaba en el medio campo y cuya mayor virtud no es el manejo, sino el quite de pelota.
El Lobo, de a poco, pareció conformarse con el empate. Afianzó sus dos líneas de cuatro y apretó un poco más arriba, pero sin consistencia.
Sobre el final del partido hubo una especie de sacudón . Primero, para Lanús, con un centro de Eros Pérez que Diego Galván, solo, cabeceó apenas desviado. Después, para Gimnasia, a través de Néstor Salazar, que dejó en el camino a dos defensores y cuando quedó mano a mano con el arquero, Carlos Galván le quitó justo la pelota.
La noche se fue sin pena ni gloria para ambos. ¿Frustración? No mucha, al final, pareció que los dos buscaban lo mismo.
El director técnico de Lanús, Osvaldo Sosa, al término del empate ante Gimnasia sin tantos, expresó: "Me dejó conforme la actitud del equipo, pero tengo que admitir que el juego tuvo un desarrollo cerrado y en el que nos costó crear situaciones propicias para convertir".
El entrenador destacó: "El equipo lleva cinco partidos sin derrotas, lo que es positivo porque significa que alcanzó solidez en todas sus líneas".
Sosa, no obstante, tuvo una crítica para la actuación de anoche: "No tuvimos cambio de ritmo y no pudimos sorprender a un rival que nos esperó muy bien parado."


