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En el automovilismo, y en su mejor expresión se puede tomar la Fórmula 1 como referente, la largada sólo se acciona cuando el semáforo apaga la luz roja. Es ahí donde el vértigo se lanza a rienda suelta para ganar posiciones. Si la máquina se mueve antes de disiparse la luminaria incandescente se penaliza sin piedad ni apelaciones.
En su mesa de negociaciones, esa tan particular que maneja desde hace más de tres décadas el inglés Bernie Ecclestone, uno de los hombres más ricos de Inglaterra, se fija la misma pauta. Nadie mueve antes de que lo permita el semáforo, cuyo pulsador está en manos, justamente, del diminuto y octogenario empresario.
El 14 de marzo, en la Casa Rosada, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner agasajó a los pilotos argentinos que participaron en el último Dakar. En el entusiasmo fierrero que se había generado, la mandataria, en el frenesí de los anuncios, sorprendió a todos: "Si Dios quiere, vamos a tener la Fórmula 1 en la Argentina". El anuncio contemplaba tres Grandes Premios, entre 2013 y 2015. Seis meses después, finalmente, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) anunció el precalendario con miras a 2013. Y entre las 20 fechas de la próxima temporada, la Argentina sigue sin aparecer, en tanto que el comienzo será el 17 en Melbourne, Australia, y la fecha de finalización, el 24 de noviembre, en Interlagos, Brasil.
¿Cuál es la historia de ese anuncio? ¿Desde cuándo se gestionó el regreso de la máxima categoría al Gran Premio que sufrió la mayor cantidad de intermitencias en los 62 años de historia? ¿A quién se le ocurrió traer a la Fórmula 1 al país y que no sea Buenos Aires la anfitriona?
Hace casi un lustro, Néstor Kirchner esbozó la idea de armar un circuito callejero en Mar del Plata. No bien cedió el mandato a su esposa, trazó los lineamientos para proyectar una meta aspiracional con los automóviles más exclusivos del mundo acelerando a orillas del mar. "En aquel momento no hicimos anuncios estridentes porque no correspondía y porque todo esto recién comenzaba", recordó el intendente de General Pueyrredón, Gustavo Pulti.
El sueño comenzó a construirse en silencio. De hecho, en varias oportunidades viajaron emisarios y arquitectos del estudio que comanda el alemán Hermann Tilke, el responsable de los fastuosos circuitos que estrena la Fórmula 1 en Asia.
Mar del Plata era la ciudad que políticamente encajaba en el proyecto. Buenos Aires, en manos del Pro y con un autódromo que no está en condiciones ni siquiera para comenzar a dialogar sobre un acontecimiento semejante ("Es cierto, el Gálvez no está en condiciones de recibir la F.1", confesó ayer a La Nacion el ingeniero Carlos Soriano, responsable de la concesión del predio porteño), en Mar del Plata se jugaba de local, con una gobernación acorde con los intereses del Ejecutivo nacional. A semejanza de Montecarlo, o Valencia (casualmente el trazado urbano español quedó marginado del calendario 2013, debido a la insuficiencia para afrontar los gastos de organización), Mar del Plata se iba a mostrar al mundo como la gran perla del Atlántico Sur. Tras el fallecimiento de Kirchner, aquella idea del regreso de la Fórmula 1 a la Argentina se reflotó en 2011. La empresa Time For Fun (T4F), encargada de traer producciones musicales internacionales, gestionó el proyecto. Presentó bosquejos ante el gobierno nacional y trasladó la inquietud a la propia categoría.
El trabajo fue hermético. Las reuniones y el trabajo se realizaron bajo un riguroso secreto. La Fórmula 1 no tenía buenos recuerdos para el Ejecutivo Nacional. Aquel proyecto de llevar a José María López a la Fórmula 1, con anuncio también incluido en la Casa de Gobierno de la mano del ministro del Interior, Florencio Randazzo, se truncó por incumplimientos del equipo americano USF1, que iba a debutar con el cordobés como piloto y finalmente ni siquiera terminaron los autos. Para ese proyecto, por primera vez, todos se habían unido. Y en favor de "Pechito" López. Desde Carlos Reutemann, que inició las gestiones, hasta el visto bueno presidencial.
El 14 de marzo, en la Casa Rosada, el ministro de Turismo de la Nación, Enrique Meyer, responsable del exitoso paso del Dakar por la Argentina, se mostró ansioso y nervioso ante el anuncio de la Presidenta. No tuvo más opción que brindar ciertos detalles cuando comentó a La Nacion: "El Estado argentino aportará la mitad del costo de cada GP. Se estima que la inversión del Estado será entre 20 y 22 millones de dólares por cada competencia".
En mayo, Ecclestone encendió la luz amarilla para la tribuna, aunque él mejor que nadie, por supuesto, conocía la situación. En Mónaco lanzó: "No vi ningún contrato. No hay nada firmado para correr en ese país (por la Argentina). No tengo ni idea". Ya con ironía, agregó: "¿Con quién tengo que hablar para conseguir ese contrato?" Al indicarle el anuncio presidencial, lacónicamente respondió: "Pues dígale que me llame".
Desde la empresa Time for Fun, Fernando Moya, gerente de entretenimientos, trató de maquillar el panorama: "Me parecieron geniales sus palabras. Tiró esas frases antes de reunirse con nosotros y con quienes están a cargo de diseño del circuito. No descarto que tenga a México y a Venezuela detrás. Tampoco hay que creérsela, porque te puede cambiar la figurita a último momento".
Al margen de Ecclestone y sus 20 fechas, en la Argentina también cambió el panorama. La situación económica ya no permite un desembolso de dinero tan importante por parte del Estado sin cuestionamientos. Y la política también tiene su responsabilidad. La provincia de Buenos Aires, tierra fértil para el kirchnerismo, ahora tiene a Daniel Scioli como amenaza electoral permanente en el tira y afloja partidario. Si se eludía a la Ciudad de Buenos Aires, el primer estado argentino también entra en esa marginación.
En la Fórmula 1, el que se adelanta antes de la indicación lumínica es sancionado. En el entusiasmo político de anunciar, la Argentina aceleró antes de tiempo y quedó expuesta en el terreno de las negociaciones, donde quien tiene el pulsador es el propio Bernie Ecclestone. Y a él nadie se le adelanta…
Ayer se conoció también el calendario provisional de MotoGP para 2013 y en él, el anunciado GP de la República Argentina por realizarse en el autódromo de Termas de Río Hondo (Santiago del Estero) no figura. No obstante, tras la fecha inaugural de Qatar, el 31 de marzo, aparecen dos casilleros en blanco, correspondientes a los domingos 14 y 21 de abril. De acuerdo con el periódico español Marca, la primera de esas fechas está reservada para Texas y la segunda se dirimiría entre la Argentina y (con menores opciones) India. En todos los casos, la promotora Dorna (responsable del Mundial) espera las garantías económicas correspondientes para oficializarla.


