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ATENAS (De un enviado especial).-Los hubo de todo tipo: famosos, desconocidos, estrellas, leyendas, símbolos. Ellos también fueron protagonistas anoche, en la ceremonia inaugural. Portaron las banderas de sus países y fueron vistos por millones de personas en todo el mundo. Para los argentinos, el rostro que se vio fue el del correntino Carlos Espínola, doble medallista olímpico. Irá a partir del sábado próximo por la tercera. Y uno de sus principales rivales será el austríaco Roman Hagara, que ayer también desfiló con su insignia.
Hubo también varios famosos, como el suizo Roger Federer, el serbio Dejan Bodiroga, capitán del seleccionado de basquetbol campeón del mundo, y el gigante chino Yao Ming. También estrellas del atletismo como Ato Boldon, de Trinidad y Tobago, y Kim Collins, de Saint Kitts and Nevis, dos de los mejores velocistas de los últimos años.
También hubo leyendas, que competirán en sus últimos Juegos. Uno será el ruso Alexander Popov, que buscará recuperar su reinado en las pruebas de los 50 y los 100m libre, que conquistó en Barcelona 92 y Atlanta 96. Para él, sería su quinta medalla dorada.
Otro ejemplo es el del griego Pyrros Dimas, levantador de pesas que intentará conseguir aquí su cuarto título olímpico, un éxito nunca alcanzado en su deporte. Lo llamativo es que Dimas llevó la bandera griega pero nació en Albania; en 1991 adquirió la nacionalidad helénica. En Barcelona consiguió su primera medalla y desde entonces es un ídolo local. "Nosotros siempre lo sentimos como griego", explicó Renata, una de las voluntarias del centro de prensa.
Hubo polémicas, como en España. Con la bandera desfiló la judoca Isabel Fernández, pero muchos creían que ese halago debió haber recaído en Arantxa Sánchez Vicario, que es la mujer más ganadora de medallas en el tenis olímpico, con dos plateadas y dos de bronce, en la que será su quinta participación en Juegos.
Con el desfile de banderas también hubo espacio para pensar que la reconciliación es posible, un margen de esperanza para la paz mundial, aunque más no sea por tres horas, en un pequeño espacio de Atenas. Hadar Lazame tiene 29 años y practica judo desde los ocho. Comenzó en un pequeño club de Bagdad. Y fue el símbolo de un deporte olímpico desligado de las ataduras políticas que había en el pasado en su país, marcado por las atrocidades y las torturas que sufrían los deportistas iraquíes.
Porque el estadio Spyridon Louis ayer fue un espacio de convivencia. Junto con los iraquíes, desfilaron los norteamericanos, ocupantes de su territorio durante muchos meses. Las dos Coreas caminaron juntas: fueron dos abanderados -un hombre y una mujer- llevando la misma enseña. Todos desfilaron sin problemas. Como la palestina Sanna Abubkheet y el israelí Ariel Zeevi. Ella, 19 años, sin experiencia, será la primera mujer palestina en participar de los Juegos, en los 800 metros de atletismo. El, 27 años, fue quinto en la categoría de hasta 100 kg de judo en Sydney 2000.
Pese a las diferencias, no hubo entre ellos un muro de seguridad. Tan sólo la pacífica confraternidad entre dos deportistas.
Ese es el espíritu olímpico.
Con el saludo desde Atenas del secretario de Deporte de la Nación, Claudio Morresi, y ante más de 5000 estudiantes y referentes deportivos históricos convocados por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Luna Park vivió su propia fiesta de los Juegos Olímpicos. El público siguió la apertura en dos pantallas gigantes y también disfrutó de números de baile y un show de rayos láser.
