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Ser parte de un equipo en carreras de aventuras requiere, además de la habilidad innata y del sentido de orientación de cada participante, un plus de coordinación y formación solidaria que no muchos deportistas son capaces de acreditar.
Trabajar en grupo es conocer las limitaciones propias y ajenas, regular el ritmo para equipararse con el compañero, aguantar los momentos de debilidad de uno y otro y, fundamentalmente (como alguna vez lo definió Charly Galosi), funcionar bien en equipo es sentir amor por el que corre al lado. Algo de esto entienden Jaime Garona (30 años), Ramón Franco (29), Fernando Colombo (28) y Bernardo Liguori (31), los integrantes del team Nescafé.
Son cuatro intrépidos deportistas multidisciplinarios que la vida juntó desde diversos ámbitos. Bernardo y Jaime son dos históricos del mountain bike que un día decidieron retirarse de ese sacrificado deporte para empezar con el rugby. "Fue cómico verlos llegar el primer día al club San Andrés con las piernas afeitadas como todo auténtico ciclista", cuenta Fernando. Ramón llegó de otro deporte también desconectado del mundo de la aventura: el polo.
Así, Colombo empezó a armar el primer esbozo de lo que luego sería el team Nescafé: "En más o menos un año pude convencer a Bernardo para que se deje de golpear en el rugby y que se sume al tema de las carreras. El tercer integrante fue Juan Munster, quien ahora está en los Estados Unidos y de vez en cuando vuelve y participa en alguna competencia como el Tetra de Chapelco", explica.
Después de una carrera realizada en Olavarría, en 2000, los muchachos vieron que la cosa podía funcionar. La búsqueda de más miembros y de sponsors comenzó a ser tema de consideración, y así llegó Ramón, quien a su vez convenció a Jaime para sumarse en una exigencia en Salta.
El apoyo recibido por la empresa en la que Ramón y Fernando trabajan les dio una gran mano, ya que ellos les propusieron representar internamente a la marca que hoy llevan como nombre: "Eso fue fundamental para costearnos los viajes", agregan, agradecidos.
Y recuerdan la primera experiencia seria en conjunto: "Fue en las Cataratas del Iguazú y resultó una carrera muy dura. Muchos equipos abandonaron por problemas de hidratación y nosotros seguimos y terminamos sextos".
Después, se sucedieron destinos y anécdotas. Salta, Tucumán, El Calafate, San Martín de los Andes...
"Conocer lugares desde una óptica tan distinta como la de una carrera de aventura y estar con amigos son cosas que cuesta explicar. Pero lo que es seguro es que practicar este deporte nos unió más que nunca", explican convencidos.
Si algo dejan estas competencias, más allá del cansancio físico y algún resultado que cada team evaluará como malo o bueno, son las anécdotas. Todo equipo las tiene y las atesora en un lugar especial de la memoria y el corazón. Nescafé, obviamente, no es la excepción.
"Solemos recordarlas cuando nos juntamos a comer", dicen. Y disparan una: "Fue en Olavarría. Calculamos mal la comida y nos quedamos sin nada los tres al mismo tiempo en una durísima etapa de MTB. En un camino desolado apareció un camión lechero y lo atacamos como bandoleros. Le pedimos que nos diera alfajores, pero sólo tenía leche recién ordeñada, así que nos abrió la canilla y nos tiramos a beber como locos. El hombre no entendía nada: tres enfermos en calzas matándose por un sorbo de leche en el medio de la nada... Perdimos algunas posiciones y terminamos séptimos, pero conocimos una faceta interesante del ser humano: la desesperación en una situación extrema".
Le quedan muchas carreras por delante a este consistente team de la zona norte del Gran Buenos Aires. Seguramente, como consecuencia de ello, las anécdotas seguirán brotando, espontáneas. Pero la principal y más recurrente es la que les hizo entender, a fuerza de contratiempos y sacrificio, que correr en equipo no es otra cosa que lealtad a toda prueba. Y bien entendida.



