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Lennox Lewis, campeón de los pesados del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), afrontará el sábado próximo, en el legendario Madison Square Garden de Nueva York, la pelea de su vida: la unificatoria de las coronas con el norteamericano Evander Holyfield, titular de la Federación Internacional (FIB) y de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Lennox tendrá la gran oportunidad de quedarse con toda la gloria y llevará el estandarte del pugilismo británico. En 1978, la ilusión de la familia de Lewis parecía derrumbarse con aquella emigración de Londres a Canadá. Esa era la patria de la madre del joven Lennox, que por aquel entonces tenía 12 años.
Amparado en su 1,96m de estatura y en la doble nacionalidad, Lewis, de 33 años, se transformó, lentamente, en una atracción del boxeo amateur canadiense. Agitando los colores de esa bandera, subió al ring de los Juegos Olímpicos de los Angeles, en 1984, donde fue eliminado por el cubano Jorge Luis González. Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Seúl, se consagró ante el norteamericano Riddick Bowe -posteriormente campeón mundial,a quien pulverizó en el primer round. Desde entonces, los empresarios ingleses intentaron repatriarlo. Y lo consiguieron. "Lewis nació para ser británico y no es justo que peleé como canadiense. Esto no puede ser", dijo el manager inglés Frank Maloney.
En 1989, Lewis volvió a Inglaterra con el reconocimiento de su gente, la misma que le fue indiferente en su época de inmigrante, y lo ovacionó cuando debutó en Londres, en el distinguido Royal Albert Hall.
El sábado próximo, en el Madison Square Garden, de Nueva York, Lewis pondrá a prueba su capacidad y su prestigio en el combate más esperado entre los pesados, desde los inolvidables choques entre Holyfield y Tyson, en 1996 y 1997.
Lewis necesita ganarle a Holyfield, de 36 años, para ser reconocido como un auténtico campeón. Más allá de adjudicarse en dos ocasiones el título mundial del CMB, jamás trepó al liderazgo de la división; siempre estuvo cerca de los mejores, pero nunca logró el gran reconocimiento popular.
Por el combate del sábado próximo, Lewis cobrará una bolsa de 13 millones de dólares y, Holyfield, 21; todo un símbolo económico de los que podría manejarse en eventuales desafíos con Tyson, que por estos días lucha por su libertad en una cárcel de Maryland.
Lewis es uno de los pugilistas más fuertes entre los pesados y tiene grandes posibilidades de ganarle a Holyfield; su físico es el mejor de todos los de su categoría y su sistema de entrenamiento es perfecto. Como si fuera poco, tiene en su rincón a Emmanuel Stewart, uno de los técnicos más reconocidos de estos tiempos. Acaso su mayor desafío lo tenga con él mismo.
A los 36 años, Evander Holyfield vive con la tranquilidad del hombre íntegro. Desde hace unos días se instaló en Nueva York y tiene una sola obsesión: ir al gimnasio. Tras los dos triunfos frente a Mike Tyson, en 1996 y en 1997, Holyfield alcanzó el equilibio de los grandes campeones. Vive en la paz de su familia, no tiene problemas con la prensa y cumple con el esfuerzo diario de todo deportista: footing y gimnasio sin ningún esfuerzo. Aún tras aquella agresión de Tyson, que le mordió las dos orejas, Holyfield no cuestionó a su adversario y hace algunas semanas, cuando el Hombre de Acero volvió a la cárcel, lo defendió públicamente. Eso sí: Holyfield sabe que la pelea con Lewis no será fácil, y no lo disimula. "Ninguna pelea es fácil -comentó-, pero Lewis vendrá por la victoria con algo más que un anhelo: su gran capacidad."



