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Se enojó, y mucho, Néstor Gorosito. No le gustó que lo encasillaran como un técnico de los denominados líricos. Y aprovechando los micrófonos luego de un entrenamiento, contraatacó sobre lo que él interpretó como una agresión y dijo: "Yo no soy ningún lírico. Acá, al lírico se lo identifica con el que está todo el día de j..., tiene un tatuaje del Che, lee a Marx y fuma marihuana. Nada que ver. En San Lorenzo trabajamos en todos los aspectos".
Hay, sobre un mismo dicho o hecho, diferentes visiones. El primer error es creer que lirismo es sinónimo de no trabajar. El fútbol se entiende de distintas maneras y no son pocos los entrenadores, como le ocurre al del Ciclón, que varían sus módulos, gustos o formas de jugar de acuerdo con el material que dispone en los clubes donde les toca conducir. Y Gorosito lo sabe porque ha dirigido en Nueva Chicago, con obligaciones y urgencias disímiles de las que debe afrontar en el Bajo Flores.
Aquí, el lirismo se emparenta -intencionalmente por parte de quienes lo remarcan- con los entrenadores que apuestan más por el fútbol de ataque y el predominio de las destrezas individuales, además de una dialéctica casi poética que ensalza esa preferencia (de ahí lo de lírico). Pero eso no significa que no trabajen, más allá del fin no tan oculto que persiguen los encasilladores de turno , deslizando que no le brindan una atención extrema a las tareas tácticas. ¿O acaso a Marcelo Bielsa, que suele hurgar en la búsqueda de un sistema que le permita poner más gente en ataque, alguien puede achacarle que les rehúye a las horas de estudio de los movimientos del rival y al ensayo de jugadas varias?
No debe alterarse Gorosito ni renunciar a su manera de sentir. Puede declarar pomposamente que su equipo va a jugar con tres delanteros, como lo hizo y ejecutó alguna vez, y después cambiar, sin que sea deshonroso, porque no obtuvo el rendimiento que imaginaba; puede, también, decir que le gusta el estilo de River o de equipos de mayor vocación ofensiva, sin necesidad de tener que arremeter luego contra el lirismo. Tampoco tiene que elogiar a Carlos Bilardo si no lo siente, en un acto que sonó a demagogia, más allá del respeto que merece el DT de Estudiantes.
En cuanto a los tiros por elevación, si los hubiere, de su concepto sobre cómo se identifica a los líricos en la Argentina, sería bárbaro que en otra ocasión fuese más concreto para evitar libres interpretaciones. Del mismo modo que, cuando descargue su fastidio, podría clarificar con quien está enojado en vez de generalizar.



