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BERLIN (DPA).- Consternados, horrorizados, de esta manera recibieron en Bayern Munich la noticia sobre las amenazas que sufrió el jugador Bixente Lizarazu de parte de la organización separatista vasca ETA, a través de una carta dirigida a sus padres, en la que lo intimaban a dar dinero a cambio de que no le suceda nada ni a él ni a su familia.
A partir de esta situación, Lizarazu, francés de origen vasco, tiene protección personal y asiste a los entrenamientos de Bayern Munich acompañado por dos guardaespaldas, que también lo custodiaron anteayer en la tribuna -Lizarazu está actualmente lesionado- durante el match con Hamburgo SV, por la Bundesliga.
"Esto es una locura. La situación me supera; yo no soy político", afirmó Ottmar Hitzfeld, técnico del equipo alemán. En tanto, Franz Beckenbauer, presidente de Bayern Munich, se mostró preocupado, pero confiado en que las fuerzas de seguridad se encargarán de todo. "¿Qué debemos hacer? No podemos protegerlo, ya que ése es el trabajo de la policía. Ellos tendrán la situación bajo control", señaló convencido Beckenbauer.
Nadie puede poner en duda que el temor se ha extendido entre los deportistas. Nadie se atreve a emitir una opinión sobre el terror que infunde ETA. También ahora, que el caso de Lizarazu se hizo público, nadie pronuncia una palabra, ni siquiera sus antiguos compañeros de Athletic Bilbao, donde actuó durante la temporada 96/97.
Los jugadores vascos están en una situación difícil. Sus hinchas suelen defender con pasión opiniones antiespañolas, y es sensible su simpatía en favor de ETA y el ideal independentista. Aunque dirigentes de Athletic Bilbao insisten en que jamás se supo de algún pedido de dinero a sus jugadores.



