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Sable en mano, Jorge Cermesoni se pone en guardia frente al espejo. No han cambiado mucho la pasión y los ritos en setenta décadas. Cruza entonces por su mente aquel consejo paterno, cuando era adolescente: "En lugar de pavear, por qué no te dedicás a un deporte que te sirva para aprender a vivir". Y el chico eligió la esgrima.
Acaba de cumplir 90 años. Pero no son tiempos para esperar sentado los regalos de la vida, y Cermesoni sigue practicando para honrarla del modo que mejor aprendió. Con el sable, ese mismo que utilizó en los Juegos Olímpicos de Londres... hace medio siglo. Allí el equipo argentino fue séptimo sobre 28 países.
Empieza el entrenamiento en la sala de armas del Jockey Club, en Buenos Aires, en la esquina de la Avenida Alvear y Cerrito, junto con el profesor Mario Cepeda. "Miren, tengo la misma velocidad en la mano que cuando tenía 25 años. No creo que haya alguien en el mundo que, con 90 años, esté todavía arriba de una pedana", dice Cermesoni. Y se dirige a dos espectadores circunstanciales de algo más de sesenta años menos que él: "Los invito a que hagan fuerza para llegar a los 90, muchachos".
Nacido en Buenos Aires, el 16 de agosto de 1908, es socio vitalicio del Club Gimnasia y Esgrima. Se consagró campeón argentino por primera vez el 28 de diciembre de 1936, cuando venció por 10 golpes a 7 a Carmelo Merlo, y conservó ese título durante cinco años. A partir de allí, Cermesoni festejó varios logros: entre otros, la Copa del Litoral en 1945, o el Campeonato de la República de 1947, en Santa Fe.
Por eso, su palabra es autorizada: "Este deporte tiene una técnica muy difícil. El que no tiene reflejos, no lo puede hacer, porque no puede adivinar lo que va a hacer el rival".
Y agrega que no se aprende a ser esgrimista de un día para otro: "En el mundo se hicieron muchas películas en las que se usa la espada, y veo que algunos personajes no tienen ni idea de cómo utilizarla".
-¿El Zorro, por ejemplo?
-Claro, el Zorro. El Zorro practica una esgrima primaria. Son dos o tres ejercicios básicos, elementales. Lo que hace no tiene nada de pureza artística. Yo, una vez, le enseñé algunos movimientos a dos actores argentinos.
Pero hay otras pasiones que motivan a Cermesoni: "Me gusta el periodismo. Trabajé en La Prensa, entre otros medios, y soy titular de la Academia Nacional de Periodismo. Siempre se le dio cobertura a torneos de esgrima o a peleas de boxeo. Pero ahora no hay tantos jóvenes que se dediquen a la esgrima".
-¿Por qué?
-Porque es un deporte caro, hoy todas las armas están electrificadas. Además, no se dispone de tanto tiempo para aprenderlo. Yo, sin embargo, no me alejo. Hago gimnasia todas las mañanas y enseguida tomo una clase.
-Ya tiene 90, ¿hasta cuándo piensa entrenarse?
-Hasta que Dios me de salud y vida para seguir practicando.


