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A los 37 años, Alejandro Patronelli cruza una mirada cómplice con su hermano Marcos, de 35. Se ríe y alza la voz. Alejandro es extrovertido. Marcos, de pocas palabras, tiene la mirada clavada en un jugo de naranja. Son sinónimo del rally Dakar en la Argentina: suman cuatro triunfos en la categoría de cuatriciclos en las últimas seis ediciones. Tras el faltazo en enero de 2015, participarán de la competencia que comenzará el sábado próximo y llevan, aunque no quieran, el cartel de protagonistas.
"Lo lindo es ir y contar la historia, recordar por siempre los momentos que viviste. El Dakar fabrica una historia y eso te lleva a correrlo y sorprenderte cada día", se anticipa Alejandro. Marcos interrumpe: "Todos vienen a ganarnos. 'Están los Patronelli, hay que ir a fondo', dicen los demás pilotos. Eso, que corramos nosotros esta vez, les genera una presión extra", aventura.
Alejandro corrió el Dakar por última vez en 2012. "Hace cuatro años que no me subo a nada' pasó mucho tiempo. Igualmente, tomé todo este tiempo como un descanso que necesitaba, fue como tomar envión para volver con más ganas", dice. Marcos, en cambio, participó por última vez en 2014 y explica las ventajas de correr en cuatriciclos con la participación, esta vez, de su hermano: "¡Mi vieja está más contenta! Prefiere que vayamos los dos juntos y no por separado. Este año no puso el grito en el cielo. Otros años siempre nos decía que no. Igual, más que familia, somos un equipo".
-¿Cómo es volver a participar de un Dakar tras las últimas ausencias?
Alejandro: -Lo tomo como algo personal, es un regreso para mí. Antes veníamos con un ritmo de 15 años sin parar, era un estado natural, ya que nuestro entrenamiento era arriba de un cuatriciclo todo el año. Ahora es distinto.
Marcos: -Se extrañaba un poco participar de un Dakar, pero nada de otro mundo. Decidimos volver a correr juntos a principios de 2015. Este tiempo que pasó lo tomamos como un descanso.
-¿Qué estrategia plantearán?
Alejandro: -Vamos a 'tirar' juntos. La carrera se da sola y en muchos casos es cuestión de suerte. El objetivo es ir lo más rápido posible dentro de las leyes del Dakar. Vamos a salir a fondo, pero con cuidado.
Marcos: -El Dakar es más suerte que otra cosa. No tenés que pensar nada de lo que estás haciendo, cuanto más pensás y más hablás, peor es.
¿Cuáles son esas leyes del Dakar de las que hablan?
Alejandro: -Tenés que respetarlo. Si intentás acelerar en un lugar que no conocés estás tomando riesgos innecesarios. Si hiciste un tramo a un buen ritmo debés bajar la velocidad y controlarte. Si no lo hacés, te pegás un palo seguro. Eso me pasó a mí cuando me accidenté. Me confié.
-¿Llegan relajados?
Alejandro: -Que haya ganado otro [Rafal Sonik en 2015] nos sacó un problema a nosotros, ahora hay que ir a buscarlo. Hay que ser consciente de que no hay que lastimarse, esa es la prioridad. Estos últimos años tuve mucha suerte, muchos "uy uy uy" de los que zafé...
Marcos: -No llegamos relajados. Veo un recorrido trabado, con subidas y bajadas, lleno de caminitos con piedras. No veo un recorrido abierto. A mí no me gusta. En la arena hacés tu carrera, acá vas comiéndote el polvo del de adelante.
-¿Cómo es el entrenamiento?
Alejandro: -Después de tantos años, tenés cierta experiencia. Lo de siempre: correr, bicicleta, gimnasio...
Marcos-Hay que estar bien físicamente porque nuestro rival es el Dakar.
-¿Y mentalmente?
Alejandro -Lo mental lo maneja cada uno, eso lo fuimos aprendiendo en todos estos años que estuvimos juntos manejando nuestra empresa en Las Flores.
Marcos: -Nos apoyamos mucho en nuestra familia. Podemos decir que ellos son nuestro sostén psicológico.
-Que sea en la Argentina...
Alejandro: -... Que sea en la Argentina es complicado por la temperatura. Las etapas maratón van a ser el filtro, además del paso por Fiambalá y Belén. Por otro lado, correr en el país de uno es maravilloso porque la gente te llena de energía, es una locura cómo nos alientan. Los hinchas se compenetran con los corredores nacionales.
Marcos: -Siempre fueron complicados los tramos en la Argentina. Es verdad que el filtro es Fiambalá por el calor, la temperatura y la arena. Hasta la navegación es más complicada. Ojo con Belén, que son médanos cortos.
Alejandro observa a su hermano y lanza una carcajada, otra vez. Complicidad, le llaman. Esa misma química la trasladan a la competencia. "Nos entendemos. El estar juntos te hace todo más llevadero. En el Dakar te estás divirtiendo; al fin y al cabo, después de competir hay que volver a trabajar".
