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PARIS (De nuestros enviados especiales).- Allí estaban los dos, compartiendo con una sonrisa una nueva práctica en en el complejo de Chantilly. Como dioses expuestos al fanatismo casi religioso de los hinchas, Roberto Baggio y Alessandro del Piero se paseaban prestando atención a los pedidos con tono de súplica que recibían del otro lado del alambrado.
Nadie podía quedar al margen de lo que sucedía. La gente y el periodismo italiano sueñan con verlos juntos en Monptellier, enfrentándose con los leones de Camerún. Como otros tantos, el técnico Cesare Maldini no era ajeno a los hechos. Escuchaba el clamor popular y analizaba, en pocos segundos, los rostros de quienes formulaban los pedidos. No les prestó atención, al menos eso dijo para no sentirse influenciado.
La situación es similar a la vivida el mes último, cuando por pedido de los tifosi y del periodismo convocó casi por obligación a Baggio, tras una excelente temporada en el modesto Bologna. A pocos le importaba que el Divino Codino hubiera desviado el penal que condenó al seleccionado italiano en el último Mundial de los Estados Unidos. Por unanimidad, Baggio tenía que regresar a la selección y volvió. No podía ser de otra manera. El aún es la imagen futbolística de Italia.
En Los Angeles, estuvo a sólo once metros de convertirse en rey y terminó consolado por millones de compatriotas. Hoy, cuatro años después de tocar la puerta del infierno, Baggio llegó al plantel azzurro para reemplazar a Del Piero y consiguió algo más que eso: la titularidad.
Con su lucida actuación ante Chile, nadie moverá a Baggio del equipo; pero, claro, Del Piero -la gran esperanza italiana- ya está en condiciones de ocupar su lugar tras recuperarse de la lesión en la pierna derecha, y alguien tiene que salir. De antemano, el indicado era Baggio, pero ahora el que verá el partido desde el banco de suplentes será Di Mateo.
¿Hay algo que impida que Baggio y Del Piero jueguen juntos? Nada. Absolutamente nada. Ni siquiera la posición dentro del campo de juego, pues Baggio se mueve por la derecha y Del Piero lo hace por la izquierda. La única complicación sería la duda que guarda Cesare Maldini, quien aún no está convencido de dejar tantos espacios en el medio campo al poner a Baggio, Del Piero y Vieri en el ataque.
Italia y el mundo se ilusionan con verlos juntos y de un asunto futbolístico pasó a ser un tema político. Si hasta el primer ministro italiano, Romano Prodi, se preocupó por la puesta en escena de los nombres más pronunciados en la península itálica.
"Me siento bien y con muchas ganas de jugar, pero esa decisión corre por cuenta del entrenador. ¿Si puedo jugar con Roberto? Por qué no. El es un grandísimo jugador y ya lo hemos hecho en otras ocasiones", dijo Del Piero, que junto con Baggio conquistó con Juventus la Copa UEFA, en 1993, y la Copa de Italia, en 1995.
Sin embargo, en esta pugna también surgieron algunas suspicacias. Tras el gol de Biaggio a los chilenos, la televisión mostró a los suplentes festejando de pie el empate y a Del Piero sentado. Esta actitud molestó sobremanera al periodismo italiano, que al hacérselo notar a Del Piero recibió como respuesta: "Esa imagen no refleja la realidad, porque yo también me levanté para festejar. Luego de unos minutos, fui el primero en sentarme y sólo se compaginó esa parte".
Al margen de todo esto, allí estaban caminando el maestro y el alumno, hablando del futuro y de sus objetivos. Del Piero llegó a Francia para quitarle el trono de rey al brasileño Ronaldo. Baggio desembarcó tan sólo para mantener en vilo la leyenda de este futbolista de 31 años que se desvive por ganar la Copa del Mundo. "En 1990 salí tercero; en 1994 quedé segundo. Ahora, en 1998, espero seguir subiendo y conquistar el título."
Es su sueño. El de los dos.

