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ALuis Lobo, el fin de año lo encontró asumiendo una nueva función: se convirtió en el entrenador del chileno Marcelo Ríos, además de continuar su carrera como doblista. Todo indicaba que la gira por Nueva Zelanda y Australia marcaría el comienzo de la nueva etapa, pero una fractura en la segunda vértebra lumbar del entonces Nº 2 impidió ver el impulso de nuevo trabajo. Esta es la visión del coach, horas antes de partir para Miami, donde Ríos vive el proceso de recuperación.
-¿Cuál es el estado actual de Ríos?
-Está al 45% de sus posibilidades, evolucionando favorablemente. Por ahora está haciendo ejercicios de recuperación en pileta. Los médicos dijeron que en un par de días podrá volver a moverse y empezar a pelotear. Si todo va bien, en la primera semana de marzo jugará en Scottsdale.
-¿Cómo vivió todo este tiempo?
-Le dolió mucho ver los torneos por televisión. Quería estar y no podía. Sufrió demasiado por no estar en la cancha. Venía mal desde el Masters. Trabajaba con dolor, pero no lo demostraba. Cuando nos enteramos que tenía la fractura en la vértebra, nos sorprendimos por la capacidad que mostró para soportar tanta molestia durante varios meses.
-Anímicamente, ¿cómo respondió?
-Más allá de la desgracia, lo que le pasó será positivo para forjar su temperamento. El Chino sabe que tuvo todo en sus manos. Ahora tocó fondo. Pienso que este proceso de recuperación le dará las fuerzas necesarias para volver al primer lugar del ranking. No tengo dudas.
-¿Cuál es su actitud en los entrenamientos?
-Me encontré con un tipo al que le encanta trabajar. No le voy a enseñar a jugar; mi función es lograr que mejore de tres cuartos para adelante. Ríos es un estudioso: conoce los detalles de cada jugador, tanto lo bueno como lo malo.
-¿Qué le falta para ganar un torneo de Grand Slam?
-Tiempo de maduración. Sólo tiene 23 años. Va a ganar muchos torneos grandes. Es un tipo con hambre, hipercompetitivo. Nació para hacer historia en el tenis. Sampras o Kafelnikov son los que pueden hacerle sombra. Como dijo Enqvist, es uno de los pocos jugadores por los que realmente vale pagar una platea.
-Ríos fue una persona con una relación bastante inestable con sus entrenadores. ¿Impuso alguna cláusula antes de comenzar?
-Nunca hablé con Ríos sobre ese tema. El Chino tiene un carácter fuerte. No le gusta que le impongan las cosas. Entre coach y jugador debe haber una relación de pareja. Cuanto más respeto exista entre las partes se logrará un trato más profesional. Además, creo que la figura siempre es el jugador y no el coach. El que resuelve es el tenista, no el que lo acompaña.
-¿Cómo es su vida fuera de la cancha?
-La vida de los top-ten es distinta. No tienen tiempo, viven pensando en el partido que viene. Y en eso, a pesar de todo lo que se dice de Ríos, él marca una diferencia: es el único que durante los torneos de Grand Slam está en la sala de jugadores compartiendo el lugar con sus colegas. Si no juega es un tipo normal, al que le gusta salir a comer o ir al cine.
-Cuando se conoció tu vínculo con Ríos, en algunos medios chilenos insinuaron que te gustaba la farra; después te señalaron como un motivador. ¿Por qué se produjo el cambio?
-Fue un comienzo difícil, siempre estuve a prueba. Todos los entrenamientos fueron presenciados por quince periodistas. A lo mejor me vieron trabajar en doble turno y se dieron cuenta de que no era un farrero.
-También se dijo que ibas a durar tres meses en el cargo...
-Eso se insinuó por algunos celos profesionales. Ser el entrenador de un Nº 1 es una posición muy deseada por todos los que están en el tenis. Es como ser el director técnico de Barcelona o de Juventus. Y a mí me encanta ocupar ese puesto.

