Luto en el polo: murió el padre de un jugador en pleno Abierto de Palermo

Rubén Sola, con la camiseta de Hurlingham, a fines de los 90
Rubén Sola, con la camiseta de Hurlingham, a fines de los 90 Fuente: LA NACION
Xavier Prieto Astigarraga
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1 de diciembre de 2019  • 21:00

Pocas veces, casi nunca, se veía lo que estaba sucediendo en la cancha 2 de Palermo. Las Monjitas, que acababa de ganarle un muy lindo partido a La Natividad, acompañaba a saludar ante la tribuna a sus adversarios, que se despedían del Campeonato Argentino Abierto. El público se deshacía en aplausos y ovaciones. Algunos polistas naranjas escoltaban a jugadores verdes, casi como en un pasillo de esos que los campeones de fútbol les hacen a los subcampeones en una premiación. Incluso el back Santiago Toccalino abrazaba al atacante Camilo Castagnola, un rival que con sus 16 años lo había complicado durante casi todo el partido. Todo era felicidad entre un equipo, el otro y los espectadores, en una tarde radiante con tribunas atestadas.

Pero a unos 150 metros de ahí, en los palenques de Las Monjitas, surgieron signos de desesperación. Corridas. Pedidos de ambulancia a los gritos. Rubén Sola, un protagonista usual de la Triple Corona en los años noventas y papá de Facundo, delantero de Las Monjitas, estaba descompuesto. Sus antecedentes cardíacos recientes no eran un buen augurio. Llegó la asistencia y hubo tareas de reanimación. El resultado no fue el deseado y la ambulancia, con Facundo acompañando a su padre, se llevó rápidamente al hombre de 55 años al Sanatorio de la Trinidad de Palermo, ubicado a unos 1300 metros, apenas, de los palenques de la cancha 2. Al rato llegó la mala noticia: Rubén Sola había fallecido.

Rubén Sola, con los colores de Tortugas, frente a Chapaleufú II, en Palermo, en 1996
Rubén Sola, con los colores de Tortugas, frente a Chapaleufú II, en Palermo, en 1996 Fuente: LA NACION

Los espectadores que iban enterándose quedaban consternados. Facundo acababa de ganar un hermoso partido frente al equipo de los Castagnola y brillaba de alegría. Su hermana Rosario no había parado de gritar por Las Monjitas en la platea. La gente había llenado las gradas y aclamado a los protagonistas. Hasta era perfecta la tarde, con sol pleno y no demasiado calurosa en el entorno siempre bello del Campo Argentino de Polo. El deporte vivía una de esas no tan comunes situaciones en las que todos -vencedores, vencidos, espectadores- sienten alegría al mismo tiempo. Y de pronto, la salud de Rubén, un hombre que vivía intensamente los partidos de su hijo, responsable de la muy buena carrera deportiva que Facundo está desarrollando, se quebró una vez más. La definitiva.

Su cuerpo será inhumado este lunes, a las 13.30, en el cementerio Memorial. Con Sola se fue un fanático de este deporte. Un hombre dedicado enteramente al juego del polo y también a la cría, muy sabedor de caballos. Querido en el ambiente por buenazo, siempre dispuesto a un saludo campechano y alegre, y a abrir las puertas de su casa y de su familia -una encantadora familia- a cualquier conocido que anduviera cerca de Coronel Moldes, la pequeña localidad donde vivía, cercana a la ruta 7 y a Vicuña Mackenna. Como dice la canción, no hacía falta pedirle documentos: su acento lo delataba al instante como buen cordobés. Cordobés del sur, cordobés de campo, de boina vestir.

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Hasta siempre querido Rubén Sola... . . Foto @lupeaizaga

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Entre sus vecinos estaba uno ilustre: Adolfo Cambiaso. El líder de La Dolfina tiene su enorme cría de caballos en Washington, a unos 30 kilómetros de Moldes. Había un vínculo fuerte entre el Sola y el mejor polista del mundo. "Una gran persona. Un fanático de su familia, de sus hijos. Era muy querido. Compartimos... Fue muy buena gente con mis hijos, con Mia. A lo de Jesús María lo organizó siempre él, así que imaginá... Estoy en shock", contó Adolfito a LA NACION. Mia, la hija mayor del crack, participó un par de veces en el tradicional festival de doma y folklore de Jesús María, Córdoba, presentando tropillas de caballos, con apoyo organizativo de Rubén. Que fue, por supuesto, un baluarte en la carrera de Facundo, hoy subcampeón del Argentino Abierto.

En 2011, cuando este era apenas mayor de edad, a los 21, levantó la Copa de la Reina en Inglaterra junto a Milo Fernández Araujo, un compañero de años de su papá en el club Los Indios. Rubén se quedó con las ganas de ver campeón de semejante torneo (uno de los dos más grandes de Europa) a su hijo: las cenizas del volcán Puyehue impidieron el vuelo desde Buenos Aires hasta Inglaterra. Vaya satisfacción habría tenido de verlo en persona, aunque seguramente no habría zafado del nerviosismo con que vivía los partidos de su descendiente. Un "sufrimiento lindo", lo describió Facundo en 2013, aquel día en que consiguió su primera victoria en el Abierto de Palermo, como integrante de La Aguada y anotando nada menos que 16 goles.

Rubén Sola, en Hurlingham 1999
Rubén Sola, en Hurlingham 1999 Fuente: Archivo - Crédito: Sergio Llamera

Como su hijo, Rubén fue polista de alto nivel. Ahora tenía 4 tantos de handicap, pero en los noventas era un actor habitual de los abiertos de Tortugas, Hurlingham y Palermo, en los que llegó a ostentar 8 de valorización. Jugó con unos cuantos compañeros destacados, como Alfonso Pieres, y vistiendo las camisetas de varios de los clubes más tradicionales del gran polo argentino, como Coronel Suárez, Hurlingham, Los Indios, Tortugas, Pilarchico, La Aguada. No logró estar en las etapas decisivas de esos, los mejores campeonatos de polo del planeta, pero sí obtuvo algo que todo buen padre anhela: que sus hijos lo superen. A los 30 años, Facundo alcanzó una final de Hurlingham (2017) y la del año pasado en el Argentino, y su trayectoria le permite una proyección alta, con 9 goles.

El fixture dice que el próximo domingo Facundo Sola, y Las Monjitas, deben afrontar la definición de la zona B del Argentino Abierto frente a Ellerstina, con nada menos que el pase a la final en juego. Ya se verá qué ocurrirá. Por lo pronto, él, el equipo naranja y el ambiente del polo han perdido a un personaje de esos que no están bajo los reflectores más luminosos, pero sí arraigados profundamente en los corazones de muchos. Palermo 2019 que vibraba de alegría por la feliz irrupción de La Natividad en el alto polo, terminará recordado también por haber despedido en plena acción a Rubén Sola, un laburante del polo que lo honró como jugador y como criador. De caballos y de un muy buen polista.

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