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"Encima que no quería que éste boxeara..." Casi como para que no se escuche, masculla Juan Martín Coggi, campeón de otra época, héroe de vendas y guantes, puño izquierdo lanzado como látigo. Este , el destinatario de su resignado comentario,es su hijo Martín, que se deshace en abdominales acostado en el piso. Es apenas un murmullo en el gimnasio del Club Argentino de Quilmes, donde las bolsas descansan colgadas y una imagen del Látigo irrumpe con sus puños desde una caricatura en una pared. Como un superhéroe.
Martín es flaco como una espiga y bromea a cada paso. Cuando se ríe se le esconden los ojos celestes. Tan distinto luce de aquel enjambre de rulos rubios que derrochaba lágrimas sobre el ring cada vez que su papá sostenía con fuerza el título mundial welter junior; tan lejano de aquella postal repetida tantas veces hasta volverla una marca imborrable. Ya tiene 19 años y, pese a la inicial reticencia de su padre, los guantes ahora llevan su nombre sobre el ring. Y al viejo Látigo, de 41 años, no le quedó otra que pararse en el rincón y transmitirle su experiencia, a forjarlo entre las cuerdas.
Martín será uno de los protagonistas de la reunión de pasado mañana, en el Luna Park, donde Omar Narváez defenderá el título mundial mosca ante el mexicano Everardo Morales. Hará uno de los tres choques amateurs, frente a Manuel Pelliza (en 63,5 kg.). El gigante de Bouchard y Corrientes, donde el Látigo se formó y se consiguió, allá por 1986, una histórica victoria ante Pajarito Hernández para ir por el título mundial, que finalmente obtuvo.
"Yo no quería que boxeara, pero me hinchó tanto que lo llevé. La primera vez que guanteó, le dije al rival: maltratámelo un poco, pero no mucho. Y con la primera mano le rompió la nariz. Sangraba un montón y fue la única vez que me asusté. Me dolió en el alma. Pero él no quiso que le sacara los guantes y siguió peleando. Cuando volvimos a casa, mi mujer casi me mata", dice Látigo, y Alicia, su esposa, asiente mientras ceba otro mate. Martín vivió toda su vida en los gimnasios, pero sólo hace tres años se decidió por pelear de verdad.
Se le pregunta por la exigencia que le impone su papá-técnico. Y Martín se apura a responder: "Dos veces me echó del gimnasio por no hacerle caso". Se ríe El Principito, como se hace llamar. "Ya pasó la imagen del pibito que lloraba. Ahora tengo que ser agresivo sobre el ring", quiere convencer.
Sorprende la guardia de Martín: también es zurdo. Pero aclara: "En realidad, peleo como zurdo, pero soy derecho. Lo que pasa es que cuando era chiquito, Santos Zacarías (ex DT de su padre) me hizo parar así... y me quedó".
"Boxea bien, se mueve es estratégico... Nada que ver conmigo", lo analiza Coggi padre, a quien Martín no llama papá, sino "Zurdo" o "Campeón".
"No creo que pelear en el Luna Park me pese. Al contrario, creo que esos desafíos me fortifican. A estadio lleno creo que me voy a agrandar y más si tengo el público en contra", se envalentona Martín, pero Juan discrepa: "¿Sabés lo que es el Luna? Yo peleé en el gimnasio del Luna y me temblaban las piernas..."
-Mirá Martín que los que dieron un buen espectáculo en el Luna volvieron...
-Si es así, Livera (Esteban, responsable de la empresa) va a tener que acostumbrarse a verme.
Ya no es más el querubín cuya melena se mimetizaba con el dorado del cinturón de campeón de papá. Martín ahora calza los guantes en los que antes podían caberle los dos puños. Hay otro Látigo dispuesto a dar batalla.
Las últimas horas para una pelea tan importante se debaten entre los gramos de más. Omar Narváez, que defenderá pasado mañana el título mosca OMB, ante el mexicano Everardo Morales, está sin problemas para entrar en categoría (el límite es de 50, 502 kg). El chubutense efectuó ayer los últimos movimientos. Por la mañana, salió a correr por Puerto Madero y almorzó apenas un sándwich con una gaseosa light. Por la tarde, se entrenó en el Luna Park, donde efectuó trabajos de velocidad y una leve sesión de guanteo con Víctor Hugo Castro.
Morales, por su parte, concurrió nuevamente al gimnasio del ex campeón mundial mediano junior Miguel Angel Castellini y, según sus allegados, también llegará en óptimas condiciones al pesaje, que se desarrollará mañana, a las 16, en el Luna Park.
Asimismo, continúan vendiéndose las entradas, de 10 a 20, en el estadio, con precios que van desde los 12 a los 90 pesos.



