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No siempre los actores cumplen al pie de la letra su libreto, y muchas veces, cuando esto sucede, terminan atentando contra el espectáculo. Eso fue lo que pasó en el empate entre Temperley y Almagro 2 a 2. Los jugadores que no supieron mantener la compostura y se trenzaron en una gresca que culminó con cuatro expulsados fueron Pablo Campodónico y Gabriel Ostúa, de Temperley, y Brahaman Sinisterra y Fabián Binzugna, de Almagro.
En esta oportunidad no se puede atribuir la violencia a un tema social: esta vez, la violencia vino de dentro de la cancha hacia afuera. Por culpa del árbitro Carlos Maglio, que no supo controlar a los futbolistas; por culpa de los jugadores, que tuvieron una actitud agresiva, y por culpa del técnico de Almagro, Alberto Pascutti, que incitó a los hinchas a pelear con él fuera del estadio.
Una falta de Sinisterra a Ostúa fue el hecho que desencadenó el caos, cuando sólo iban 38 minutos de juego -Almagro vencía 1 a 0, por un gol de Cuartas-. Sobrevinieron el tumulto, los golpes entre Campodónico y Binzugna, los insultos de los enardecidos hinchas locales, las expulsiones, y un partido detenido 7 minutos.
Cuando se reanudó, Temperley aprovechó el desconcierto y con goles de Flavio Fernández dio vuelta el resultado en el 10º minuto de descuento.
En el segundo tiempo, ya nueve contra nueve, el encuentro se volvió vibrante. Ambos conjuntos llegaron con peligro. Guzmán pudo definirlo para Temperley, pero su remate dio en el travesaño. Maciel igualó para Almagro en el final, y se alejó de la punta. Lamentablemente, más allá de la entrega, el resultado fue empate, pero ganó la violencia.



