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La vida se empecina en llevar a Rodrigo Palacio de un sacudón emocional a otro, en una continuidad increíble. Apenas ve apaciguarse el murmullo aclamatorio que lo envuelve desde el domingo último, cuando Boca goleó a Central por 4-1, a la vuelta de la esquina lo espera otro momento fuerte. Enfundado esta vez en una camiseta de la gran ciudad, en tres días más volverá a jugar en la cancha de Huracán de Tres Arroyos, que hasta no hace mucho le daba sustento a su proyección de crack, en el ascenso. “Va a ser lindo volver a jugar ahí. Lo voy a disfrutar, aunque si hago un gol, por respeto a la gente no lo voy a gritar; allá tengo muchos amigos y recuerdos. Todos mis tíos y mis abuelos viven en Tres Arroyos; mi mamá (Isabel) es de allí, también, y mi papá, que es español, vivió allá cuando llegó a la Argentina”, cuenta Palacio.
Ese tema, el de los recuerdos y los afectos, es central en la vida de este muchacho de 23 años que tiene que enfrentar sin desearlo un aluvión de notoriedad. Cuando pasado mañana llegue a esa ciudad que tanto quiere, tal vez lo esté esperando su abuelo Ramón, que le dio techo y cuidados durante el tiempo en el que vivió allí. Al día siguiente, quizás haga una escapada por Bahía Blanca, su ciudad, para ver a su familia y a sus amigos de siempre. Como Nicolás De Mattía, confidente de una costumbre que se está volviendo cábala para el delantero de Boca: “Casi todos los días nos mandamos mensajes de texto por celular. El me llama antes de los partidos, camino a la cancha, y le pido que mande un saludo por la cámara de TV. Más tarde, yo espero un tiempito después del partido y también por celular le pongo el puntaje. El domingo fue un 10. Y con Pachuca, un 9. En el barrio nadie puede creer lo que está viviendo, pero yo creo que él tampoco”, revela Nicolás.
Debajo de su incipiente historia con el fútbol quedó otra, ahora iluminada por el estado público que van tomando algunas de sus cosas. Al basquetbol, otra pasión que disfrutó hasta los 17 años y le proveyó amigos como Pepe Sánchez, también lo lleva en la piel. “Me gusta mucho el basquetbol. Cuando estaba en Tres Arroyos siempre nos juntábamos a jugar algún picadito en la semana. Y si voy a Bahía Blanca de vacaciones también lo juego, o voy a ver a La Falda, que es el equipo en el que yo jugaba de base o de ayuda base.”
Está dicho que al hombre todavía lo tiene desacomodado tanto revoloteo de periodistas y admiradores flamantes. “Por ahí me cuesta porque no estoy acostumbrado. Cuando jugaba en Huracán o en Banfield no pasaba nada parecido, pero hay que habituarse. Por ahí me dan mucha manija. Yo no pienso en eso, no me tengo que volver loco. Me está pasando todo muy rápido. Ya con el hecho de estar en Boca está bien... Ahora tengo que preocuparme por mejorar, porque todavía me faltan muchas cosas”.
–Pero igual disfrutás.
–Sí, disfruto por el hecho de estar en Boca y porque las cosas nos están empezando a salir bien. Ni me molesta ni que me gusta. Hoy las cosas son así y las tengo que aceptar. No tengo problema en que me vengan a pedir una foto o un autógrafo.
Palacio habla de Boca. Y de Palacio, tras un partido que pareció perfecto para ambos. ¿Lo fue? “Sí, todavía no había podido rendir en Boca como lo había hecho en Banfield. Pero la otra noche me gustó cómo jugué. No sé si lo soñé, pero a uno le gusta hacer goles, aunque no estoy acostumbrado a hacerlos. Lo disfruté con todo. A esos dos goles no los voy a olvidar nunca. Yo no soy un goleador; cada tanto hago alguno, nada más... Goleador es Martín u otros que juegan de 9.”
–¿Te sentís un ídolo?
–No, y eso lo quiero aclarar. No creo que la gente me tenga como un ídolo. Me brindan mucho cariño y se los agradezco porque me hacen sentir bien. Pero ídolo no... Idolo son el Guille, o Palermo, que hace tiempo que están acá y ganaron muchas cosas. Yo no quiero que me pongan en el lugar de ellos. Yo me siento uno más.
–Llegaste a un plantel lleno de consagrados y te ganaste un puesto. ¿Cómo lo asumís?
–No lo tomo así, porque creo que aquí no hay titulares. Benítez ha rotado a todos. No es que haya jugadores con un lugar fijo. A todos nos tocó jugar y descansar. Es un grupo en el que están todos en buen nivel y cualquiera puede jugar.
–¿A qué atribuís la mejoría tan abrupta en el rendimiento del equipo?
–No sabría decirlo... Un poco gracias a todos. En algún momento teníamos que encontrar el fútbol que queríamos porque pasaban las fechas y no aparecía. Cayó justo en el partido con Pachuca, por suerte.
–¿Tienen resto para pelear en la Copa y en el Clausura?
–Sí. Esto nos da mucha confianza. Siempre creímos en nuestras posibilidades, pero ahora estamos andando muy bien y eso nos da confianza, tanto para levantar en el campeonato local, en el que todavía estamos un poco abajo, como en la Copa.
–¿Qué te pide Benítez?
–El me da libertad. Me pide que juegue arriba, por cualquiera de las dos puntas, que trate de habilitar a Martín y que encare.
–¿Te hablan los referentes?
–Sí. Este es un muy buen grupo. Por ahí Guille me habla, me da consejos. Yo los escucho, porque él y otros son los que jugaron todo lo que se puede jugar y que ganaron todo. Sé que me elogió, y eso es una alegría enorme para mí. Se lo agradezco. El es un ídolo para mí.
Julio César Falcioni, DT de Banfield:
"Rodrigo es un jugador diferente; tiene arranque, gambeta... Es de esos futbolistas diferentes..., escasos. Y aún le falta explotar más".
Sergio Agüero, delantero de Independiente:
"Palacio es un jugador veloz y habilidoso. Debe serdifícil marcarlo porque con sus movimientos nuncase sabe para quélado va a salir"
Juan Carlos Falcon, volante de Racing:
"Rodrigo es un joven que parece jugar con la experiencia de un grande. Tiene mucho talento y será un futbolista muy valioso para Boca"
Ernesto Farias, delantero de River:
"Es ágil y vivo para crearse los espacios. Es rápido y resuelve bien en velocidad, algo que a los defensores les cuesta muchísimo controlar"


