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Aquel equipo brasileño, como tantos otros, tenía ese típico jugador al que le sobra talento pero que no necesariamente tiene interés en cumplir con las pautas profesionales y disciplinarias que le indica su entrenador. Aquel rol lo representaba en 1986 Renato. El DT Telé Santana se cansó y lo desafectó luego de buscarlo toda una noche en la que había desaparecido de la concentración. Volvió con la salida del sol, borracho y casi sin poder caminar; usando a su amigo Leandro como "bastón".
Leandro era el marcador de punta derecho de Brasil. No estaba entre los castigados pero se sintió responsable por no haber conseguido poner en regla a su amigo. Hizo causa común y renunció. Brasil todavía tenía a Edson, un muy buen lateral suplente, pero necesitaba otro defensor que cubriera la banda derecha. Faltaban un par de días para comenzar el Mundial.

Recien casado, Josimar aceptaba de buen gusto asumir en soledad las tareas de la casa. Su mujer, Alicia, estaba embarazada y necesitaba reposo. Estaba en plena función de cocinero en su departamento en Río de Janeiro, cuando sonó el teléfono. Por eso tardó bastante en atender, tras secarse las manos en el delantal que llevaba puesto. Le dijeron que eran dirigentes de la Confederación Brasileña de Fútbol y que lo necesitaban para jugar en la selección. Aceptó la "broma" de manera jocosa y le cortó al gracioso que se burlaba así. Es que llevaba dos meses sin jugar porque no llegaba a un acuerdo por la renovación del contrato con Botafogo. Una hora después directamente le tocaron el timbre de la casa. Eran los dirigentes que le informaban que tenía que poner su pasaporte al día para viajar de urgencia a jugar el Mundial de México 86.
Josimar Higinio Pereira, que por entonces tenía 24 años, pasó de picar cebollas a jugar la Copa del Mundo en menos de dos semanas. Porque Edson se lesionó en el segundo partido, contra Argelia (Brasil ganó 1-0) y tuvo que debutar contra Irlanda del Norte. Con porte y altura de zaguero, pero con habilidades de wing derecho, trepaba en ofensiva con facilidad y cada uno de sus avances generaba entusiasmo. Su carta de presentación fue un bombazo descomunal desde 35 metros que se clavó en el ángulo de Pat Jennings. Su equipo ganó 3-0 y llegó con puntaje ideal y valla invicta a los octavos de final.
El misil contra Pat Jennings
Allí se enfrentó con Polonia y Josimar metió el segundo con otro misil. Esta vez desde un ángulo muy cerrado y luego de eludir dos jugadores polacos. Fue 4-0. La aventura de aquel equipo vistoso terminó en cuartos de final en un partido memorable, ante Francia.
Josimar, un hombre no muy conocido en el ámbito internacional, había abierto una puerta valiosa para el resto de su carrera, pero… Lo que prometía ser una trayectoria magnífica por su potencial terminó en la nada. Aquellos fueron sus dos únicos goles en la selección.

La fama lo afectó. Fue detenido en los carnavales por consumir cocaína y más tarde volvió a caer preso por agredir a una persona en una orgía que él mismo había organizado. El escándalo lo afectó familiarmente. Se separó. Su caso llegó a los medios y tras pedirle disculpas a Alicia, ella lo perdonó frente a las cámaras de un programa de televisión.
Varias veces más volvió a quedar detenido: una por portación de drogas, otra por resistencia a la autoridad y la tercera por manejar un automóvil robado. Los equipos lo contrataban y lo despedían inmediatamente por su inconducta. En la temporada 90/91 pasó así por Flamengo, Inter, Novo Hamburgo, Bangú y Fortaleza sin conseguir continuidad en ningún equipo.
Terminó su carrera jugando en Jorge Wilsterman, de Bolivia, y Mineros, de Venezuela. Su último vínculo con el fútbol fue cuando se desempeñó como manager de Baurú.
"Tuve problemas con mi mujer, porque me volví muy mujeriego. La fama trae cosas buenas y cosas malas. Me molesta mucho que mencionen el problema de la droga, porque nunca pudo probarse nada. Sólo usé drogas en algún momento para disfrutar, pero no las vendí", aclaró en una entrevista el año pasado. Y agregó: "Son cosas que pasaron en mi vida, pero gracias a Dios puede seguir adelante y aquí estoy, fuerte como una roca".
Desde un ángulo inverosímil, golazo a Polonia
El impacto internacional de sus bombazos en México 86 fue tan grande que una revista noruega de fútbol, la más popular de ese país, lleva su nombre (www.josimar.no).
El creador del semanario, Marius Lien, explicó: "Somos fanáticos de fútbol brasileño. En 1986, éramos niños y disfrutamos de la gran selección de Brasil en la Copa del Mundo. En especial, me encantaron el estilo y los goles de Josimar contra Irlanda del Norte y Polonia. Fue muy triste que Brasil no ganara la Copa del Mundo. Después del gol de Maradona contra Inglaterra, lo mejor que tuvo ese Mundial fue Josimar y sus celebraciones".
Josimar, que tiene 55 años, fue comentarista para un canal de televisión en el último Mundial de Brasil y promociona eventos con una empresa que explota su imagen deportiva. También es dueño de una tienda en la iglesia de los Milagros, en Boa Vista, Roraima, donde reside actualmente.
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