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Lejos de la sobreinformación de estos tiempos, de la inmediatez implacable, que no perdona errores pero premia las primicias, la cobertura de México 86 bullía tanto en la concentración argentina y los estadios del Mundial como en el aire de los medios audiovisuales y el papel impreso de los gráficos. El fax era una novedad y la informática no alcanzaba a las comunicaciones masivas.
Entonces la grieta entre bilardistas y menottistas, acentuada por la clasificación angustiosa, sobre la hora, los flojos resultados en los amistosos y la presión desde el Gobierno nacional, tuvo episodios sabrosos de entrecasa, entre cronistas.
Carlos Ferraro, redactor de La Nación, que envió también a Eduardo Ahmar Dakno y al jefe de deportes, Ernesto Muñiz, recordó: "En ese momento estaba la dicotomía Menotti-Bilardo. La Nación estaba con Bilardo, que era su columnista desde mucho antes, y Clarín, con Menotti. Había un sector de los medios, Clarín (estuvieron en México Juan De Biase, Alberto Fernández, Néstor Vicente y Miguel Ángel Bertollotto), La Razón y El Gráfico, con Menotti, y el resto, Sport 80, Crónica (con el Tano Ruggieri) entre ellos. Yo me convertí en una especie de enlace, porque Bilardo no les daba bolilla a los medios 'menottistas' y yo les pasaba alguna noticia. En las prácticas los medios anti-Bilardo estaban en un lado, cuatro, y veinte en otro".
Antes del Mundial, en Radio Mitre hacían Sport 80 Fernando Niembro, Víctor Hugo Morales, Néstor Ibarra, Marcelo Araujo, Adrián Paenza, pero como no transmitirían los partidos, el relator se fue a Radio Argentina, que dirigía Ricardo Gangeme y sí tenía los derechos. "Víctor Hugo tenía una pica con Clarín y Menotti desde el Mundialito de 1981 en Montevideo", evoca Ferraro, que vislumbra ecos de aquel desencuentro en la actual relación antagónica entre el matutino y el uruguayo.
La televisión no envió a relatores ni comentaristas: el recordado Oscar Gañete Blasco, Mauro Viale y Humberto Biondi, entre otros, narraron los partidos desde Canal 7 (ATC entonces).
"Al día siguiente del triunfo de Argentina ante Uruguay jugaban Inglaterra y Paraguay –sigue Ferraro– y acompañé a la selección para verlo. Estábamos en la platea; la gente conocía solamente a Maradona y a Zelada, el tercer arquero, que jugaba en América de México. Fuimos con el Tano Ruggieri y estaba Raúl Gámez, todos vestidos con buzos, entonces nos pedían autógrafos y yo firmaba. Abajo estaban los hooligans y cuando lo vieron a Maradona y empezaron con cantitos, entonces Gamez se tiró para abajo y noqueó a cinco, pero si no lo saca la policía lo mataban. Fue el primer Mundial en el que aparecieron barras y fue la de Boca, con José Barrita, El Abuelo. Todos volvieron a Buenos Aires para la definición de la Liguilla con Newell’s. Viajaban muy pocos argentinos a los mundiales, hasta ese momento".

–¿Había una orden, aunque sea tácita, de no criticar a Bilardo en La Nación?
–No había directivas en ese sentido. Muñiz lo había convocado como columnista, nada más.
Esa cobertura tuvo una perla, que cuenta Ferraro: "En el partido con Uruguay lo amonestan a Garré, que ya tenía una amarilla. Entonces le hice una nota al Vasco Olarticoechea y la mandé. Al otro día, Miguel Ángel Bertolotto, de Clarín, me pregunta: "¿Es cierto que Bilardo le hizo una nota a Olarticoechea?". Por error, en la Redacción habían puesto el nombre del DT en lugar del mío, como si fuese una columna de él". En el texto, el ex jugador de Boca, River y Racing decía: "No sé todavía si voy a jugar, Bilardo no me dijo nada". A la vuelta de México, el Vasco hizo con la nota un cuadro, que colgó en su casa.
La última anécdota de Carlos Ferraro, ex presidente del Círculo de Periodistas Deportivos, tiene su costado tragicómico. No eran tiempos de "zonas mixtas": "Después de la final, Muñiz estaba delante de todos en la puerta del vestuario de Argentina y la marea humana se lo llevó por delante cuando se abrió la puerta. Se quedó sin aire y cayó desmayado. Lo atendió Carlos Pachamé y después el doctor Madero, que le indicó que se quedara un rato en reposo, en una salita. Lo acompañamos y adentro estaba Ricardo Bochini, que jugó unos minutos contra Bélgica. «Yo no soy campeón, yo no jugué nunca», respondió cuando le preguntamos por qué no estaba festejando".
El dato menos pintoresco para el diario que le había dado su respaldo a Carlos Bilardo. La selección fue a visitar Clarín antes que a La Nación, para la nota de la celebración, por gestión del entonces secretario general de Redacción, Marcos Citrynblum. Acaso fue por lo que siempre recalca el DT campeón en 1986 desde aquellos tiempos, que sus diferencias eran "con Clarín Deportivo".
Antes del Mundial 78, en la Argentina, la confrontación de estilos la personificaban Carlos Lorenzo y César Menotti. Casi ingenua para los términos casi fundamentalistas que se manejaron ocho años después entre Menotti y Bilardo. Pero la esencia era la misma. El pragmatismo con resultados (el Toto obtuvo dos torneos locales y dos Libertadores con Boca) y el juego ofensivo, menos especulativo –la excepción era el achique para provocar el offside del rival– y arriesgado.
La revista El Gráfico, que llegó a hacer una nota con "los punteros", un panegírico del wing del que participó José Castro, de Argentinos Juniors, entre otros, para reclamar por un puesto que Bilardo no tenía en cuenta (el Bicho había sido campeón de la Libertadores en 1985, con el juego de ataque que pregonaba José Yudica), festejó el título con su director, Constancio C. Vigil, cantando en el vaporoso vestuario ganador del Azteca.

Enrique Macaya Márquez ya era una eminencia antes de 1986. "Fui por Radio Rivadavia –cuenta–; hacíamos todo lo que podíamos. Con el Gordo [José María Muñoz] íbamos a todos lados, él era conocido en todo América, hasta con los brasileños". La AM 630 era líder en esos tiempos y Enrique, que comentaba para la TV, había sido convocado cuando Mitre "importó" a Víctor Hugo, en 1981, lo que dejó a salvo la inmaculada asistencia a los mundiales (lleva 15 seguidos, ahora), desde 1958, del comentarista.
"Cuando me llaman de Rivadavia tuve que hacer el comentario previo en la radio y grababa en la cabina de la televisión [el partido principal de cada fecha se pasaba los domingos a la noche]. Yo tenía un auricular. Trabajaba con Mauro, cerraba un micrófono y abría el otro. En el final volvía a la cabina de la radio. Al no hacer canal (ATC) el Mundial tuve libertad para ir a México con Rivadavia".
Macaya se sentía cerca del proceso de Bilardo, pero aclara que su filosofía era apoyar siempre a la selección, más allá de las tendencias, al igual que la radio. "Eramos muy cercanos a todos los trabajos previos. Apoyamos a Bilardo desde siempre. Los resultados no eran positivos, pero los que conocíamos el trabajo estábamos convencidos de eso. Trabajé 10 años en Rivadavia, pero tenía una tendencia a apoyar al que estaba. Por eso tenía un acceso, no digo fácil, pero bastante directo y fui partidario de la forma de juego. Los conocía de la época de Estudiantes, porque empecé en Radio Provincia y en el 66 arranqué en Canal 7".
Como Ferraro, Enrique se acercó a los colegas que no tenían esa llegada al cuerpo técnico: "Yo tenía la formación, me sentía obligado a ofrecerla. Se notaba la diferencia. Estaban los que se encolumnaban con uno y otro. Hoy Bilardo hubiera puesto dos wines, pero los habría tirado atrás. El sistema era innovador con el líbero y los stoppers, lo cual era rechazado por los que jugaban con un estilo. Encontró el equipo en el Mundial. Es curioso porque jugaba Jorge Valdano, que estaba en el otro palo".
Puertas adentro de la concentración del club América, se cocinaban cuestiones a las que Macaya no era ajeno: "El caso de Daniel Passarella era igual al de Valdano, venía del menottismo; pero Bilardo ya estaba convencido de que jugaba Brown. No trascendía eso porque si bien se abría la concentración nadie lo comentaba. Había diferencia en el trato con unos y otros".
Sin embargo, la satisfacción que aquel triunfo le dio a Enrique Macaya Márquez es más personal que profesional, se puede intuir: "Un Mundial como ése te permite exteriorizar la parte de hincha en otro país. Si bien yo lo había vivido los campeonatos de 1978 y 1979 (Juvenil) no fue lo mismo. Se me acercaron muchos colegas a felicitarme a mí, como agradecimiento que había ganado Sudamérica. Ese reconocimiento me dio mucho orgullo, a pesar de que yo no tenía nada que ver". No hay forma de desmentir eso. Sus gritos de gol detrás del relato de Muñoz están grabados, incluso como uno de los gratos sonidos de la película "Héroes".
Jorge Taboada, fue el periodista que desde la primera semana escribió la columna "Yo creo en Bilardo" en Tiempo Argentino, el original. Así informó –y divirtió–, durante el mes que duró México 86.
Un resumen del pensamiento de Taboada está en una columna publicada ya con la Argentina en semifinales: "Hasta hace apenas unos días, parecía que Bilardo era una persona incapaz y un técnico tan inepto que ya no sólo estaba equivocado en el concepto del fútbol que el equipo debía jugar, sino que ni siquiera conocía la capacidad de los jugadores a su cargo. Entonces el periodismo le explicó hasta el hartazgo quién era Borghi; le señalaba una y otra vez que Giusti era un jugador sin jerarquía para un Mundial; lo ubicó respecto de la posición en que debía jugar Batista; le insistió en lo imprescindible que era Passarella y le reiteró, resignado –porque ya no había remedio– que se había equivocado al nombrar capitán a un joven como Maradona".
Taboada, un bohemio que había sido entrenador de voleibol y le enseñó el juego a Julio Velasco, en Estudiantes de La Plata, fue enviado a México para los dos últimos partidos de la consagración, y de un cuarto de página, sus artículos pasaron a ocupar una completa, en el largo tabloide de Tiempo. La reivindicación llevada al papel.
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