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En suelo mexicano, Maradona no sólo levantó la Copa del Mundo, sino que se consagró como el mejor futbolista del planeta. Su gol antológico frente a Inglaterra es la imagen principal de una galería de grandes partidos. Fue, sin duda, el mejor momento de su carrera.
El jugador de Nantes marcó nada menos que el gol que le valió un título mundial a la Argentina. Pero más allá de esa corrida memorable, fue el socio de Maradona, el hombre que mejor conectó con el astro.
A los 25 años, este inglés oriundo de Leicester marcó seis goles y se llevó el premio al máximo anotador de la competencia. Fueron tres goles a Polonia en la fase de grupos, dos a Paraguay, en octavos de final, y el descuento frente a la Argentina, ya en cuartos.
Carismático y con grandes cualidades bajo los tres palos, el rubio Pfaff fue el sostén en el que se apoyó la ilusión belga, uno de los seleccionados que causó sensación en México 86. El conjunto europeo, en el que se destacaron hombres como Vicenzo Scifo y Jean Ceulemans, entre otros, se metió entre los cuatro mejores del mundo jugando en un muy buen nivel y dejando en el camino a rivales de jerarquía como la Unión Soviética y España.
El 10 de la selección francesa y de la Juventus italiana era uno de los grandes favoritos a colocarse en México la corona de mejor futbolista del mundo. No era para menos: con 31 años, el gran Michel arribó a aquel Mundial como campeón de la Copa Europeo Sudamericana con Juventus (1985) y campeón de Europa con el equipo galo (1984). Rodeado de grandes futbolistas, como Manuel Amoros, Jean Tigana, Dominic Rocheteau, Jean Pierre Papin y Luis Fernandez, entre otros, Platini cumplió una muy buena actuación, pero falló en el momento clave. El 10 estuvo ausente en la semifinal contra Alemania Federal y su equipo debió conformarse con disputar (y ganar) el partido por el tercer puesto. Una final Maradona vs. Platini hubiera sido el broche de oro a un Mundial de grandes figuras.
El delantero danés se había incorporado esa temporada a con Juventus (también formó parte de la histórica final con Argentinos Juniors en Tokio). Cumplió una notable actuación en México. Después del concierto frente a Uruguay (6 a 1) en la etapa de grupos, y con apenas 22 años, sintió el golpe de la eliminación tras el 1-5 ante España en octavos de final.
El hombre de Verona, equipo con el que ganó el Scudetto en la temporada 84/85, también se lució en el Mundial de México. Fue imparable para la defensa uruguaya (marcó tres de los seis goles) y también anotó en el debut ante Escocia. Otros futbolistas que se destacaron en aquella Dinamarca que sorprendió al mundo con su velocidad y efectividad fueron los hermanos Jesper y Morten Olsen, y Soren Lerby.
Socrates fue el director de orquesta uno de los últimos representantes del jogo bonito que caracterizó por décadas a Brasil. Disminuido físicamente Zico, Sócrates ocupó su lugar y lideró a un fantástico equipo que tuvo la mala fortuna de cruzarse con Francia en los cuartos de final. Fue eliminado por penales en el que para muchos es el mejor encuentro de la historia de los Mundiales.
El delantero brasileño estaba destinado a ser el goleador del Mundial. Marcó cinco goles (uno a Argelia, dos a Irlanda del Norte, uno a Polonia y el último, a Francia), pero la eliminación en los cuartos de final cortó su racha. Un año después fue transferido de San Pablo a Napoli, donde conformó una delantera inolvidable junto a Maradona y Bruno Giordano, bautizada como "Ma-Gi-Ca". Justos ganaron el Scudetto en la temporada 89/90.
El futbolista ucranio (por entonces soviético) fue el goleador de su seleccionado. Anotó en México cuatro goles, tres de ellos en el electrizante encuentro de octavos de final que terminó en derrota frente a Bélgica por 4 a 3. Campeón ese año de la Recopa de Europa con su equipo, Dinamo de Kiev, fue reconocido ese año con el Balón de Oro al mejor futbolista del año.
En aquellos tiempos, la FIFA no elegía al mejor jugador del año y el Balón de Oro, que entregaba la France Football, sólo se otorgaba a jugadores europeos. Belanov fue el que se quedó un premio que, naturalmente le hubiera correspondido a Maradona. La revista corrigió su histórico defecto en el año 1995 entregándole al argentino un Balón de Oro honorífico.
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