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Con su fina y aguda sensibilidad, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su libro Patas arriba, nos describe los alcances del miedo global: "Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la multitud, a la soledad. Miedo de morir, miedo de vivir. Es el tiempo del miedo".
El fútbol tampoco está al margen de esta endemia de fin de siglo. Se tiene miedo de los dirigentes que manejan los destinos de un club, de ir o volver de una cancha, del desconocido que está al lado en una tribuna... Parece bastante, pero no lo es todo. El hincha también debe sentir pánico de esos futbolistas que le tienen miedo a la pelota en el área. De esos que supuestamente están preparados para despejar el peligro, pero se tornan más riesgosos que el más incauto. Por el simple hecho futbolístico de que una pelota se acerca a esos dominios, el arco propio, que muchos entrenadores se desviven por proteger con una celocía similar a la dedicada a una mujer amada. La prédica de "sacarla como sea" muchas veces deriva en el gol en contra más insólito.
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Se darán cuenta algunos futbolistas que su miedo a la pelota en el área los desfigura? Mutan de cancerberos intratables a chambones injustificados.
Porque el miedo bloquea la mente, invita a desconfiar de los recursos propios e imagina soluciones expeditivas en situaciones que se resuelven con calma y un mínimo de técnica individual. Durante el fin de semana, el mundo futbolístico ofreció acciones inverosímiles para el nivel de profesionalismo y preparación al que se entregan los jugadores.
Pasamos primero por Italia (Internazionale-Milan): centro inofensivo del Cholo Simeone y cierre desesperado del defensor francés N´Gotty, como si se le viniera encima un malón, cuando el rival más cercano quedaba reducido a un lejano espectador. Seguimos por España (Atlético de Madrid-Mallorca): Stankovic, más que fabricar un ataque, sólo se preocupa en tirar la pelota hacia adelante para simular un centro; del resto se encargó la imprudencia de José Chamot, que por intentar rechazar más lejos recreó una perfecta emboquillada sobre su arquero Molina. Llegamos a la Argentina (River-Argentinos): en la conciencia de Pontiroli se enciende la alarma cuando ve que un centro se acerca amenazante; él lo transforma en un perjuicio irreparable, con los puños que hacen chocar la pelota contra un Juan Pablo Angel más preocupado en proteger su integridad física que en encontrar la pelota. Terminamos en Rosario (Central-Racing): Ubeda se inquieta porque su área está muy poblada de adversarios y lo mejor es dispersarlos con un furibundo rechazo que... no hace más que dejar la pelota dentro de ese perímetro tan temido y poner en marcha el gol de Ezequiel González.
El miedo a la pelota en el área puede ser el pasaje más directo para el error grosero. La recomendación "no te compliqués", que suprime de cuajo cualquier recurso técnico y estético, siembra pavura en el área.
Cuentan que Federico Sacchi fue uno de los defensores más elegantes para moverse y salir del área con la pelota. Más cerca en el tiempo, el nombre de Roberto Perfumo viene a la memoria. Cerca del área, no hay norma de seguridad infalible. También se puede sufrir un gol por una gambeta de más. Aunque es lo mismo, lo prefiero al despeje burdo y descontrolado. Hay que tenerle miedo al papelón.



