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Vamos Huracán, salí a la calle que es domingo y ya no llueve; dale, ganá Patricios de punta a punta que el sábado se acabó y el sol volvió a salir para vos. Bailá, volvete loco y escuchá ese tango de barrio con tanta historia; no te olvides de gritar bien fuerte que tu pesadilla de ascenso se transformó en un placentero sueño de primera. Olvidate de las malas que pasaron y pensá en esas lágrimas del Loco Houseman, pegado al alambrado, a punto de desvanecerse cuando el Tero Di Carlo selló el empate.
Parque de los Patricios parece un pueblo fantasma dos horas antes del partido. El barrio entero, casi 30.000 hinchas, va al estadio para ver cómo su equipo vuelve a la máxima categoría del fútbol argentino.
Afuera, la avenida Amancio Alcorta se viste de blanco y rojo. Los miles de rostros pintados son obligados a lavarse por la policía por "desfiguración de rostro". Un bombo que se quiere meter en la cancha, cuando la ley dice que no se puede, provoca corridas y enfrentamientos entre la hinchada y los efectivos.
Adentro, la popular repleta de gente y de miedos; porque todo indica que el ascenso es casi un hecho, "pero nunca se sabe", dice el gordo Pupa -uno de esos que siempre están-, que no para de caminar y de comerse las uñas. Se escucha el bombo rebelde, se ve que entró no se sabe cómo; también hay miles de banderas, muchas con palos, que están prohibidos.
Enfrente hay 13.000 hinchas de Quilmes; forman una Q gigante en la popular visitante con globos azules y blancos; también sueñan con subir. Empieza el partido, Quilmes está mejor. La gente de Huracán lo advierte y se calla, nerviosa; los hinchas cerveceros también se dan cuenta y sus gargantas quedan rojas. Expulsan a Lenguita y algunos amenazan con romper el alambrado; el Globo vuelve a inflarse y el grito de gol queda ahí nomás un par de veces. Mano a mano y al entretiempo.
La hinchada visitante no se toma los 15 minutos reglamentarios para descansar y el estadio vibra a su ritmo. El equipo lo siente y apenas arranca el segundo tiempo pone el 1 a 0. Huracán mira todo, asombrado.
Falta poco, nadie está sentado desde que Czornomaz perdió el 2 a 0 ante Ríos. Gol de Di Carlo, locura en la Quema.
Pipo Rossi se para con los ojos húmedos; Saúl Ubaldini también llora, pero esta vez de emoción; Daniel Montenegro se abraza con alguien; Pedro Monzón y Claudio Morresi gritan con Antonio Barijho. El árbitro adiciona cuatro minutos pero lo corta antes; la gente invade la cancha y quiere quedarse con algo de los jugadores; los de Quilmes también y hay algunas peleas. La barra brava visitante se pelea con la policía en la popular y hay corridas; los bomberos tiran agua y hay nueve detenidos, más ocho policías heridos.
Miles de hinchas de Huracán dan la vuelta con el desnudo equipo en andas; nadie se quiere ir. Ya es de noche y es domingo; Patricios sigue desierto. Un barrio vuelve a primera.

