Milito y Bauza, en busca de un estilo

Andrés Prestileo
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26 de abril de 2015  

La ocasión que le tocó a Gabriel Milito para empezar su trabajo en Estudiantes era arriesgada, pero vista de otra forma no debía implicar para él un costo muy grande. Si en Ecuador no lograba el paso de rueda en la Libertadores habría sido bastante irracional cargarle alguna cuenta a su incipiente gestión, aunque de irracionalidades el fútbol conoce mucho.

Al perfil de un entrenador van dándole forma el tiempo y las experiencias. Al Simeone de la actualidad costaría asimilarlo con el que entre 2009 y 2010 no logró imponerle una forma de juego clara a San Lorenzo; si hoy algo puede decirse de su increíble Atlético de Madrid, pasa por ese rasgo. En el caso de Milito, aunque su estilo está por descubrirse, lo que se le conoció como jugador pareciera "no encajar" con la escuela que identifica al club que confió en él. La tradición, con todo lo que tiene de ambiguo abarcar cosas tan diversas en el tiempo, colocó a Independiente y Estudiantes en posiciones opuestas. Los años trabajaron en el licuado de aquellas ideologías; la "doctrina" que demostró ser más apta para la supervivencia es la de los buenos resultados. Sin embargo, aunque más no sea desde una posición de resistencia, en la labor de un entrenador siempre habrá espacio para otra búsqueda. Es el atributo de formador, el que permite dejar una huella. A Milito se le presenta ese doble desafío que encierra el trabajo de un DT. Mentores no le faltaron: tuvo alguno envidiable, como Pep Guardiola, su guía durante tres años en Barcelona.

En otro sentido, para un colega suyo con un largo recorrido detrás también se abre un tiempo muy diferente. El fin del camino de San Lorenzo en la Libertadores tuvo mucho de simbólico. Se vio la otra noche: al Nuevo Gasómetro su gente llevó más necesidad de reconocimiento por el pasado que expectativa y ansiedad por lo que ahí se jugaba. Con el cierre de esa etapa histórica empieza una especialmente nueva para Edgardo Bauza. El agradecimiento de San Lorenzo por lo que recibió de él será inmodificable, pero ahí siguen estando las demandas por algo que todavía no consiguió: transformarlo en un equipo reconocible. En todo este tiempo el Patón pareció hacer el camino inverso: más que ir tras resultados, trabajó con el crédito de uno histórico. Aun con ese respaldo, no llegó a construir un equipo robusto, que juegue bien. Muy pocas veces San Lorenzo le escapó a esa hibridez que suele esconderse bajo la cáscara del "orden, el equilibrio y la inteligencia". El Ciclón sigue quedando a mitad de camino de todo. La exigencia que merodeó al Patón en todo este tiempo empezará a aumentar a medida que se aleje la leyenda de la que él fue parte fundamental. Desde experiencias muy diferentes, Bauza y Milito necesitan un contenido para que sus proyectos perduren.

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