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A los 95 años falleció el periodista José R. López Pájaro, socio fundador del Círculo de Periodistas Deportivo (CPD) y hombre de vasta trayectoria en los medios. Los restos de López Pájaro, padre del también periodista Julio Ricardo, son velados en la sede de CPD, Rodríguez Peña 628, de esta capital, y recibirán sepultura hoy, a las 12, en el Cementerio Parque Memorial, de Pilar.
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Nos duele a todos los periodistas. José R. López Pájaro era mucho más que el socio número 1 del CPD. Había excedido el contorno psicológico de fundador porque, sin enojo, todos esos honores los había descartado con un típico gesto de su mano derecha para sostener a rajatabla -como un caballero antiguo- que lo mejor que había hecho el Círculo, su Círculo, era lo de crear una Escuela de Periodismo Deportivo. Para que todos supiéramos más y fuéramos mejores...
Para que la mención de ese Círculo solamente inspirara respeto con lo que, consecuentemente, "Don Pepe", se involucrara en la tormentosa zona de una profesión que debía desempeñarse sin trampas. Con el resplandor que el mismo periodismo supone, calificado en un terreno que acaricia lo sublime.
Aunque imagináramos desde hacía tiempo que un mal día teníamos que recibir esta noticia, la tarde de Buenos Aires a mucho de nosotros se nos hizo más lúgubre como lo ordena un día de otoño cuando el sol se va y comenzábamos a tomar conocimiento de una ausencia que únicamente se nos ocurre física. "Don Pepe" estará presente mientras el Círculo se levante sobre sus bases. Mientras varios centenares de periodistas mantengamos en pie los mismos orgullos bien entendidos de informar, esclarecer y orientar a la gente, que es como uno.
Es que en esos polos se apoya el entusiasmo que todos albergamos cuando comenzamos a estudiar periodismo deportivo. Y en los mismos polos se apoya la reflexión cuando empezamos a caminar profesionalmente en una actividad que siempre alentará el inimitable espíritu del potrero. Del juego limpio que practicamos los que tuvimos la fortuna de vestir pantalones cortos. Cuando comprendíamos que habíamos hecho una macana con la vida, por una inocente "rata" de colegio. Al fin, reflexivamente, testigos de un mundo cada vez más competitivo. Y por eso, cada vez más necesitado de un periodismo que sólo se ocupe de la verdad. Es que el nuestro, el periodismo deportivo, como sin querer, persigue un hombre mejor por medio del deporte.
Ahí está el mensaje que "Don Pepe" supo transmitirnos y que en esta hora mantenemos y conservamos. Porque no podemos traicionar al hombre de palabra rotunda que en su juventud fue paladín en la defensa de una revista deportiva -"La Cancha"- que sabía hacerse a pulso, a tono con un tiempo de un Buenos Aires que se movía sin urgencias, cultivando el sagrado rito de la amistad sin sombras. El mismo hombre socialmente fue el motor que posibilitó la creación del Olimpia, para distinguir al mejor deportista de cada año y homenajear a los príncipes de las distintas disciplinas.
"Don Pepe", sin cansancio, con proyectos y hasta con retos, se marchó ayer, dejando en blanco su última cuartilla. Tengo para mí que se quedó en el Círculo. En su Escuela. Y en todos nosotros, que estamos golpeados por lo que aún imaginado, rechazábamos íntimamente. Tercos. Obstinados. Queriéndolo retener para siempre.



