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Como consecuencia de una hemorragia interna, falleció ayer, a los 51 años, Héctor Casimiro Yazalde.Los restos del ex delantero de Piraña; Independiente; Sporting Lisboa; Olympique, de Marsella; Newell´s Old Boys, Huracán, y el seleccionado nacional son velados en O´Higgins 2848 y recibirán sepultura hoy en el cementerio de la Chacarita.
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Eran otros tiempos. La época de la amistad del potrero, ese lugar en el que muchos soñaban llegar a ser el gran goleador. Ese sitio en el que se cansó de romper redes que no existían lo convirtió en un jugador único, de inolvidable capacidad goleadora.
Nació el 29 de mayo de 1946, en Villa Fiorito. Y en ese humilde barrio empezó a despuntar el vicio del fútbol. Hizo pruebas en las divisiones inferiores de Los Andes y de Racing, pero en esos clubes "no le vieron futuro". Entonces, tuvo que empezar a ganarse alguna Chirola (de ahí su apodo) como diariero, hielero o verdulero.
Pero el fútbol le iba a dar la gran oportunidad: cuando cumplió 18 años saltó del potrero a Piraña, club de ascenso hoy desaparecido. Tres años a puro gol lo catapultaron a Independiente, que pagó 1.800.000 pesos por la transferencia del delantero.
Su vida cambió. En apenas unos meses no sólo ratificó sus condiciones sino que se consagró campeón nacional con los rojos de Avellaneda.
Llevaba la marca de los grandes. En 111 partidos con la camiseta roja señaló 67 tantos. Sus actuaciones lo llevaron a ser convocado al seleccionado nacional y, tres años más tarde, los goles empezó a convertirlos en Portugal.
Sporting Lisboa fue el club que albergó a Yazalde en su experiencia europea. Y en tierra lusitana escribió la mejor página de su carrera deportiva. Chirola señaló 155 goles en 189 partidos.
Tantos goles lo llevaron a adjudicarse el Botín de Oro, premio que otorga la revista France Football, en la temporada 1973/1974. No sólo de fútbol vivió en Portugal. Allí conoció a María del Carmen Resurreisao de Deus, modelo y Miss Portugal en 1973, con quien contrajo matrimonio en nuestro país.
Al año siguiente, con el Mundial de Alemania, volvió al seleccionado, pero un esguince en un tobillo no le permitió rendir a pleno. Sin embargo, se dio el gusto de convertir dos tantos en el encuentro en el que la Argentina derrotó a Haití por 4 a 1.
En 1975 dejó a Lisboa y se marchó a Olympique, de Marsella. La amistad con la red seguía vigente. Cincuenta conquistas contribuyeron para que este conjunto ganase la Copa de Francia.
Sin embargo, un problema con los dirigentes de Olympique aceleró su regreso a la Argentina. Sus goles con la camiseta de Newell´s Old Boys también hicieron estallar el Parque de la Independencia. Después de cuatro años en Rosario pasó a Huracán. En el Parque de los Patricios le dijo adiós al fútbol, en 1982, sin poder concretar el sueño de defender los colores de Boca, equipo del que fue hincha.
Chirola siguió ligado al mundo del fútbol. Fue ayudante de campo del director técnico uruguayo Luis Cubilla en River y en Olimpia, de Paraguay. Luego, utilizó la experiencia que acumuló en Europa y se convirtió en representante de jugadores.
Con Yazalde se fue un goleador de raza, un futbolista de los de antes. Esos que tenían aire de potrero.


