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El primer detalle que un analista de boxeo tiene en cuenta para observar a un peleador es su modo de mirar; es el brillo de su expresión. Sobre todo, en los momentos previos a un acontecimiento vital para su carrera. La mirada del inglés Martin Murray, próximo rival de Sergio "Maravilla" Martínez, denota seguridad y confianza; transmite una convicción e idoneidad en el conocimiento de este oficio que ya lo consagró campeón mundial interino mediano (AMB) y que lo pone de frente a la pelea más importante de su campaña; en un compromiso cumbre que puede cambiar rotundamente el curso su vida.
De infancia pobre en la ciudad inglesa de Santa Elena y orgulloso de la crianza de su hijo, cuya figura lleva grabada en el cuello, Murray, de 30 años e invicto en 26 peleas, dejó una inmejorable impresión en su paso por Buenos Aires tras presentar el combate mundialista del 27 de abril próximo.
Orgulloso de saber que sus dos peleas consagratorias, con el alemán Felix Sturm y con el venezolano Jorge Navarro, fueron televisadas en directo a nuestro país, Murray se esforzó en explicar que, más allá de su prolija técnica en el cuadrilátero, tiene también el estallido suficiente para vencer a Maravilla. El inglés posee un boxeo lineal, repetido, ordenado. Sin golpe de knock-out, pero con justeza en la pegada. Ostenta un sistema apto para complicar al argentino, pero el gran interrogante es saber cuál es el grado de fortaleza que tendrá para quebrarlo, atributo fundamental para esta ocasión.
Asimiló, con decoro y orgullo, la primacía en su potencial que Martínez reconoció al compararlo con los otros cuatro boxeadores ingleses que enfrentó (Williams, Stone, Barker y Macklin) y se desligó por completo del pasado perdedor que el deporte inglés soportó frente a la Argentina, desde que el famoso Manchester United de Bobby Charlton y George Best comenzó su sendero hacia el ocaso tras ser vencido por aquel glorioso Estudiantes de La Plata, en 1968.
Murray mostró un encierro en sí mismo muy especial. Llamó la atención la certidumbre de cada una de sus palabras. Sabe a qué viene y sabe lo que quiere. Maravilla también lo advirtió. Ajenos a la riña y a la promoción con baratijas, anticipan una pelea apasionante, que va mucho más allá del ruidoso choque que siempre provocan un argentino y un inglés al subir a un ring de boxeo.



