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Mal muy criollo ese de querer atribuirse méritos falsos. Este Boca contundente, campeón de punta a punta del torneo Apertura, es de Carlos Bianchi. Y de ningún otro director técnico. Los intentos por endilgarles a Carlos Bilardo y a Héctor Veira algún crédito en esta campaña xeneize quedan desestimados por el siempre oportuno ejercicio de la memoria. Y porque los archivos se convierten en los más imparciales laderos para repartir responsabilidades.
Recordemos los tormentosos días de Bilardo. El mismo que hace unos días se atrevió a decir que este presente auriazul se debía a los dos últimos años de trabajo, con el estéril afán de retroceder a su tiempo y buscar una porción de gloria que, cuando tuvo la ocasión, no supo ganar. Pero la verdad fue que el ex entrenador del seleccionado argentino condujo a un equipo que jamás pudo definir una identidad futbolística y su torbellino de confusiones sólo le permitió terminar 5º en el torneo Clausura ´96 y 10º en el Apertura del mismo año. Con Lorenzo, Carrario, Guerra, Toresani, Pompei, Dollberg, Sava y Guzmán, entre algunos de los muchos y costosos jugadores que llegaron al club de la Ribera para sumarse al estrepitoso fracaso de Bilardo .
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Repasar la formación base del conjunto xeneize en los días del Bambino habla por sí solo y también desacredita las oportunistas intenciones de treparse al carro triunfal. Sin olvidar también que un día Veira pidió a Chilavert, Gamboa, Mancuso y Calderón , y le trajeron a Córdoba, Bermúdez, Serna y Palermo. Entonces basta con eso de que la base ya estaba. Volvamos al equipo. Uno por uno. Oscar Córdoba no tuvo el respaldo de Veira y Abbondancieri le quitó la titularidad; Hugo Ibarra fue un pedido de Bianchi, porque hasta su llegada el lateral derecho era del peruano Solano o de Sergio Castillo; una de las pocas coincidencias está dada por la presencia de Jorge Bermúdez ; Fabbri era intocable y Walter Samuel ni siquiera iba siempre al banco; la recuperación de Rodolfo Arruabarrena fue un acierto de Veira que el Virrey no desaprovechó; Diego Cagna se desempeñaba como volante central y no mostraba la faceta goleadora que le descubrió Bianchi al ubicarlo primero por la derecha y luego por la izquierda; Mauricio Serna ni siquiera jugaba, tapado por el publicitado tema del cupo de extranjeros; José Basualdo vivía el destierro en la segunda división de España y Latorre y Rodolfo Cardoso se encargaban de manejar los hilos del equipo del Bambino ; Juan Román Riquelme , a veces, se convertía en una alternativa para el segundo tiempo, pero para cumplir una función de carrilero que no sentía; Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo no tenían la continuidad de ahora para hacer sus diabluras, porque Caniggia dejaba casi siempre al mellizo al margen. La realidad no puede ser camuflada.
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Veira, como Bilardo, también dispuso de un generoso presupuesto. Y pese a ello - será porque ahí no está la clave - el título tampoco le entregó su complicidad, porque sólo consiguió un subcampeonato, un 9º lugar y una última campaña donde Boca finalizó 6º, pero ya sin el Bambino que se había tenido que marchar, a seis fechas del final. Pero al ex entrenador de San Lorenzo se le puede apuntar otra cuestión. Como que no es de su predilección nutrir a la primera con juveniles. Queda claro que Fernando Navas, Christian Giménez y Adrián Guillermo no hubiesen tenido el protagonismo que Bianchi sí se animó a darles.

