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Ya era hora. El domingo 15 de agosto de 2004, Rafael Nadal ganó su primer torneo de ATP. Derrotó por 6-3 y 6-4 a José Acasuso y se consagró en Sopot, Polonia. Tenía 18 años y dos meses. El tenis recibía al campeón más joven desde que Lleyton Hewitt levantó el trofeo de Delray Beach 99 a esa misma edad. La victoria le permitió llegar al puesto 35º de la clasificación y le devolvió la confianza en su juego tras tres meses de inactividad por lesión. Una fractura por sobrecarga en el pie izquierdo le había impedido debutar en el inolvidable Roland Garros ganado por Gastón Gaudio.
Pero no tuvo tiempo para la celebración. Ese mismo domingo viajó a Atenas para competir en los Juegos Olímpicos. Al día siguiente debió jugar dobles junto con su ídolo Carlos Moya. Perdieron 7-6 y 6-1 ante la dupla brasileña Andre Sa y Flavio Saretta. Ausente del cuadro individual por ranking, su primera experiencia olímpica terminó demasiado rápido. Se despidió desencantado, sin siquiera haber disfrutado de la ceremonia inaugural, ya que ese día aún estaba peleando por la corona en Polonia. Pekín 2008 quedaba muy lejos en el tiempo. Regresó al ATP Tour en el US Open y en la segunda rueda recibió una paliza de Andy Roddick, quien defendía su título: 6-0, 6-3 y 6-4. Su temporada 2004 estaba terminando con más derrotas que victorias, pero la final de la Copa Davis le regaló una inmediata revancha. Superó a A-Rod en cuatro sets sobre polvo en Sevilla y, gracias a su importante triunfo, España se encaminó hacia su segunda conquista de la ensaladera.
Rafael Nadal nació en Manacor, Mallorca, el 3 de junio de 1986. Fanático de los deportes y peleado con los libros, siempre soñó con ser futbolista. Sabe jugar, tiene técnica y le gusta moverse cerca del área rival. Está orgulloso de su tío Miguel Angel, ex defensor de Barcelona, Mallorca y el seleccionado español. Sin embargo, la persona más influyente en su carrera es su tío Toni, quien le dio una raqueta y le enseñó a agarrarla con la mano zurda. Para ello, el niño debió olvidarse de que comía y escribía con la derecha. Manacor es su lugar en el mundo. Allí sigue siendo Rafelet. Nadie lo molesta. Se lo puede ver lavando su propio auto en una estación de servicio. Ya es multimillonario, pero ni él ni su familia hacen ostentación del dinero ganado. Sigue viviendo en la casa donde nació, conserva sus amigos de la adolescencia y no provoca escándalos. ¿Se dieron cuenta de que nunca rompe la raqueta? "Ni siquiera en los entrenamientos la tira. Alguna vez vi un pelotazo hacia el cielo y nada más", me contó un entrenador argentino que lo conoce bien y que ya lo felicitó por su última conquista.
Su papá Sebastiá administra su fortuna y decide las inversiones, como la importación de cristales para toda la isla. Su madre, Anna María Parera, lo acompañó a cada entrenamiento en una escuela de tenis de Palma de Mallorca. Decisiva en la personalidad de su hijo, Anna ha recibido en su casa huéspedes como David Nalbandian y Juan Mónaco. Rafa tiene novia. Se llama Xisca, es dos años más joven que él y estudia Administración de Empresas. La conoce de toda la vida, ya que es amiga de su hermana. ¿No hay nada glamoroso en su vida? Sí, algo tenemos. En marzo del año pasado, el actor Jamie Foxx ( Un domingo cualquiera, Daño colateral , Ray Charles en Ray ) canceló todos sus compromisos y reservó una mesa en un restaurante VIP de Miami para cenar con él. Algún partido de NBA, un puntapié inicial en la Champions League, visita a un acuario de Melbourne y algún match de golf en un campo exclusivo. Pero nada más: "El dinero es importante, pero yo juego por los títulos", ha dicho.
Lo vimos jugar en Buenos Aires en 2005, el año de su irrupción. Perdió en cuartos contra Gaudio en un partido rarísimo: 0-6, 6-0 y 6-1. Nunca más un argentino pudo ganarle sobre polvo. Luego se llevó Costa do Sauipe, Acapulco y llegó a la final de Miami. Cayó contra Federer en cinco sets, tras tenerlo dos arriba y 4-1 en el tercero. Una derrota con el ruso Andreev en Valencia marcó el punto de partida de una serie extraordinaria: Montecarlo, Barcelona, Roma y Roland Garros, ante Mariano Puerta en la final, su única de Grand Slam sin Roger Federer enfrente. Había comenzado 2005 como el N° 50 del mundo. El 25 de julio ya era el 2, detrás de Rogelio. Ese día comenzó una persecución implacable, que duraría más de tres años. Exactamente, 159 semanas. Once títulos en 2005, cinco en 2006 y seis en 2007 no le alcanzaron para superarlo.
Roger y Rafa tienen una excelente relación, muy lejana de esos salvajes desafíos que protagonizan en la cancha. A principios de 2008, parecía que Nadal pagaría el desgaste de tan intensa rivalidad. Novak Djokovic, campeón en Australia, Miami y Roma, lo puso contra las cuerdas. En dos duelos directos estuvo en juego el segundo lugar del ranking: semis de Hamburgo y Roland Garros. Rafa conservó el 2 y le apuntó al 1. Hace casi 20 días, cuando derrotó a Nicolás Lapentti en los cuartos de Cincinnati, se produjo el cambio de guardia que hoy anuncian las computadoras, tras 237 semanas consecutivas de reinado suizo.
En realidad, Nadal lo había quebrado a Federer casi un mes antes. En Wimbledon. En la mejor final de todos los tiempos. Miren todo lo que debió ganar este año para pasarlo: Montecarlo, Barcelona, Hamburgo, Roland Garros (¡está invicto con cuatro títulos consecutivos!), Queen s, Wimbledon (primero desde Borg en 1980 en conquistar París y el All England en la misma temporada), Canadá y los Juegos Olímpicos. Antes había hecho semis en Australia, semis en Indian Wells y final en Miami. Desde abril, disputó 50 partidos y sólo perdió dos: contra Ferrero en Roma y ante Djokovic en la semifinal de Cincinnati. Hizo ajustes que surtieron efecto. Logró jugar un metro más adelante para mandar con su drive. "Cuanto más cerca está de la línea de base, mejor visión tiene de la cancha", dice el tío Toni. Con un cambio de movimiento mejoró su saque, ahora más variado y con más peso. Este año alcanzó sus registros más importantes en aces y en la velocidad de su servicio. El passing de revés y la volea confirman su evolución.
A fin de 2007, emitió un comunicado para desmentir que su carrera estuviera en peligro. Sufría dolores periódicos en las rodillas por sus tendinitis rotulianas y en el pie izquierdo que se había fracturado en 2004. Genaro Borrás, médico de la selección española durante muchos años, calificó la lesión como "la fractura típica de los soldados, a los que les aparecían dolores después de ir de marchas". Una plantilla solucionó todo. Para que se la confeccionaran a medida, pisó una plataforma dinamométrica para cuantificar las fuerzas de los apoyos por cada punto del pie.
Cuatro años después de aquella fugaz experiencia en Atenas, llegó a Pekín para, ahora sí, disfrutar del espíritu olímpico. Se instaló en la Villa como un atleta más, sin privilegios, y fue furor. Se lo vio muy animado en la ceremonia inaugural. Alentó a sus compatriotas españoles, firmó un millón de autógrafos y se sacó una foto con Michael Phelps. Le costó un par de días adaptarse a la cancha y a las pelotas. Volvió a toparse con Djokovic en una semifinal, la quinta del año. ¿Aún no vieron el match point? No se lo pierdan, por favor. El domingo 17 de agosto de 2008, Rafael Nadal ganó su primera medalla dorada en los Juegos Olímpicos. Derrotó al chileno Fernando González por 6-3, 7-6 y 6-3. Desde hoy es el N° 1 del mundo. Ya era hora.

