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Mucho se habló en Boca sobre los halcones y las palomas. Al frente de un grupo, Alberto Márcico. Del otro, Carlos Navarro Montoya. Según las versiones, ambos pugnaban por el liderazgo del plantel, que por entonces dirigía el uruguayo Oscar Washington Tabárez. Hasta se dijo que hubo golpes de puño de por medio. Distante en el tiempo, a casi ocho años, Navarro Montoya se refirió a las internas del conjunto.
Carlos Fernando Navarro Montoya jugó el último partido en Boca el 17 de noviembre de 1996. La óptica no cambió. El Mono, de 34 años, aún piensa en azul y oro. Por la Ribera estuvo nueve años, lo adoptaron como ídolo, ganó cinco títulos y posee el récord del arco invicto, con 824 minutos. Emociones demasiado fuertes como para olvidar por el simple hecho de que el tiempo haya transcurrido.
-¿Qué significó Boca?
-Todo. Gané varios torneos y, en mi vida personal, me casé, fui padre, perdí un hermano... Sé que voy a volver a jugar en Boca, en corto o largo plazo...
-¿No te gustaría ocupar algún cargo dentro del club en el futuro?
-En Europa me recibí de director general de entidades deportivas. Yo soy socio y me gustaría ser presidente de Boca. Pero hay que estar bien preparado. Todo lleva un proceso y hay que quemar etapas. Aunque eso será para cuando me retire y todavía faltan cuatro o cinco años.
-¿Qué te pareció la incursión de Macri en la dirigencia deportiva?
-Abrupta y le costó al principio; pagó el derecho de piso. Pero resultó importante porque le aportó un aspecto diferente al fútbol.
-¿Cómo te fuiste de Boca?
-Ni bien ni mal. El tiempo clarificó muchas cosas. Me reencontré con Macri, Digón, Pompilio, Salvestrini y tengo una buena relación con ellos.
-¿Volviste a ver a Bilardo?
-No. Pero no vivo con rencor. Si lo veo, lo saludo. Aunque tenemos puntos de vista encontrados, no vivo de antagonismos.
-¿Y Chilavert...?
-Lo de él fue un monólogo; siempre le sirvió enfrentarse con los referentes. Para mí es un arquero más, que logró cosas en el fútbol y que hay que respetar. No es mi enemigo ni mi adversario.
-¿Te vas a quedar en la Argentina?
-Creo que no. Tuve algunas ofertas que no me sedujeron y en otras no llegué a un acuerdo. Ahora, como jugador libre me entreno por mi cuenta.
-¿Volvés a Europa?
-No. Estos seis meses quiero estar cerca de la familia. Me voy a quedar en Uruguay, Brasil o Chile. En junio, si no aparece nada en el país, voy analizar un posible regreso a Europa.
-¿Cómo fueron los cuatro años en el Viejo Continente?
-Duros. Pero fue una experiencia bárbara; llegué adonde yo quería. Aunque viví la otra situación del fútbol: jugué en equipos chicos, cuya única ambición era no perder la categoría.
-¿Considerás los tres descensos como un fracaso?
-No. Allá el descenso es una circunstancia más; lo importante es el nivel del jugador. En Extremadura, terminamos la segunda rueda cuartos; en Mérida fui nombrado el tercer mejor jugador sudamericano después, de Rivaldo y de Roberto Carlos. Sólo en Tenerife me sentí en deuda; en el primer año me lesioné y jugué doce partidos. Donde estuve, fui figura.
-¿Que cosas le cambiarías al fútbol argentino?
-Está inmerso en graves problemas y tendría que aggiornarse. Me parece bien que se haya aceptado el gerenciamiento en Racing o que lleguen las SA.
-¿Qué pensás de los representantes?
-Hay buenos y malos. Cumplen una función y deben tener una recompensa. Pero no sirven si sus intereses son más importantes que los de las entidades.
-Burgos, Bonano..., ¿está bien custodiado el arco del seleccionado?
-Sí, son indiscutibles. Yo agregaría a Leonardo Franco o a Leonardo Díaz. El mejor arquero argentino es Franco, su temporada en Mallorca es brillante. Hay buenos arqueros, pero faltan referentes.
-¿Qué sentirías si te toca pisar la Bombonera y ocupar el arco visitante?
-Sería un lindo momento y recogería el cariño de la gente; sé que ellos me consideran un ídolo. Espero que la vuelta sea para defender los colores azul y oro.
Mucho se habló en Boca sobre los halcones y las palomas. Al frente de un grupo, Alberto Márcico. Del otro, Carlos Navarro Montoya. Según las versiones, ambos pugnaban por el liderazgo del plantel, que por entonces dirigía el uruguayo Oscar Washington Tabárez. Hasta se dijo que hubo golpes de puño de por medio. Distante en el tiempo, a casi ocho años, Navarro Montoya se refirió a las internas del conjunto.
"No hubo peleas. Boca y River, como decía Bilardo, son noticia hablando muy bien o muy mal. No hay términos medios. Los resultados eran malos y se apeló a las diferencias normales en cualquier grupo. El Beto, con algunos compañeros, tenían sus gustos... su filosofía de vida. Yo y otros muchachos teníamos la nuestra. Nunca nos peleamos", dijo.
El discurso del arquero se extendió. "Sí hubo en el medio un personaje, inmiscuido en la intimidad del club, que para su trabajo le sirvió germinar la antinomia entre el Beto y yo. Esa persona era el psicólogo. Creo que le hizo mucho mal al grupo y al club. Ni me acuerdo su nombre. No vale la pena mencionarlo", aseguró. Vale aclarar que la referencia era para Oscar Mangione.



