Nimo, más que un árbitro

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13 de enero de 2013  

El ex árbitro Guillermo Nimo falleció ayer, a los 80 años, en el Sanatorio Otamendi, de Buenos Aires. Nimo estaba internado desde el viernes, cuando le practicaron una angioplastia por un problema cardíaco.

De joven quiso ser arquero y estuvo a punto de concretar su sueño: llegó a jugar en la reserva de Huracán. Lo suyo, de todas maneras, sería el fútbol. Debutó como árbitro en 1965, fue internacional y dirigió, hasta 1969, 136 partidos en primera. Su carrera quedaría marcada por el Nacional de 1968, cuando Nimo no vio una mano de Luis Gallo, defensor de Vélez, durante el encuentro entre River y los de Liniers. Si los Millonarios ganaban, eran campeones. Finalmente, se consagró Vélez. Al año siguiente dejó de estar en los registros de la AFA.

Después, Nimo tejió un personaje mediático. Supo aparecer en La Noche del Domingo , el tradicional espacio que comandó Gerardo Sofovich. Allí acuñó sus famosas "perla negra" y "perla blanca", con las que solía criticar (o alabar) a los personajes más destacados de la fecha del fútbol argentino. Nimo, que fumaba cigarrillos con boquilla, culminaba todas sus columnas con un latiguillo que pronto se hizo una marca registrada: "Sic, sic... Por lo menos... así lo veo yo".

Con ese personaje que se la pasaba hablando de fútbol y solía cometer errores de dicción, construyó una carrera en los medios. Incursionó en la publicidad, compartió Tribuna Caliente, supo trabajar en Radio La Red y hasta realizó dos participaciones en las películas Gran Valor, de 1980 y Esa maldita costilla , de 1999. También supo aparecer en videos musicales, como el de la canción "La Guitarra", de los Auténticos Decadentes, grabado en 1995.

Su última incursionó televisiva había sido a principios de 2012, en el programa El show del fútbol, que conduce Alejandro Fantino. donde reflotó la "Perla Blanca" y la "Perla Negra". Hasta ese momento, Nimo se había mantenido alejado de los sets de televisión. "Tenía ofertas, pero necesitaba un programa polémico para estar", señaló el día de su regreso.

Amaba las cámaras: "Cuando se prende la luz roja, yo me convierto en un león", dijo en una entrevista con LA NACION, en 2002. Le gustaba definirse como "opinólogo" (prefería que lo nombraran como crítico, antes que periodista), y hablaba de todo. Sus estridencias se notaban, incluso, en la forma de vestir: solía apelar a anteojos grandilocuentes y cadenitas de oro.

"Lo que exagero en el show es lo que le gusta a la gente, que me dice: «Sos el emperador del fútbol»", confesó en aquella entrevista.

El corazón, que latía por la pelota y los medios, le puso un freno definitivo a la vida de un hombre polémico por naturaleza. Árbitro pero, sobre todo, showman, Nimo jamás pasó inadvertido.

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