

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
No es John Lennon. Es Martín Palermo tratando de acertar una nota musical del tema "Imagine". "No pego una, pero es divertido", dice mientras el piano soporta el peso de los desafinados dedos del goleador. "Imagine there´s no heaven... (imagina que no hay cielo) ", trata de cantar.
La vida le sonríe a Palermo. Hace un año, el 13 de noviembre de 1999, sufrió su peor lesión: la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Diagnóstico: de seis a ocho meses de recuperación. Todo eso pasó la noche en que, paradójicamente, convirtió en Santa Fe el gol número 100 de su carrera, en la victoria de Boca por 2 a 1 sobre Colón.
Hoy, a siete días de haber cumplido 27 años, y tras 490 días de ausencia, volvió a ser convocado por Marcelo Bielsa para integrar la selección que jugará mañana con Chile. Es el goleador del Apertura, con diez tantos, su pase vuelve a cotizarse en millones de dólares y se habla de una segura transferencia al fútbol italiano tras la final con Real Madrid, en Tokio.
"La gente me dice que estoy tocado por la varita mágica. Me llenan de cartas y me hacen sentir algo único, pero yo no me la creo. Soy el mismo tipo que a los 17 años andaba en moto y hacía líos por las calles de La Plata", arrancó Palermo.
El delantero le da tregua al piano. Pide una latita de agua tónica, se saca las ojotas, bebe un trago y luego juega con los dedos de los pies. En la intimidad, Palermo se despoja de las presiones de Boca y de su condición de ídolo.
-¿Cuándo superaste los traumas de la lesión?
-Hacerle el gol a River en la Copa Libertadores fue mi mejor remedio. Cuando entró la pelota fue como volver a vivir. Fue el gol que más grité en mi vida, hasta me hizo llorar...
-¿Sufriste mucho el proceso de recuperación?
-El primer mes fue interminable, pero lo que más me rompía eran las giladas que decían algunos: "Palermo no vuelve más"; "si regresa, no va a ser el de antes"; "va a jugar con miedo"; "un jugador operado no se vende más..." Cosas así.
-¿Hay un Palermo diferente después de la lesión?
-Físicamente me falta, incluso para completar los 90 minutos. Igual, siento que participo más del juego. No soy sólo un jugador que cabecea y hace goles. Ahora también puedo meter un pase gol como lo hace Riquelme, tocar de primera...
-¿Estás más maduro?
-Sí, tranquilo es la palabra. Antes, si no hacía goles en dos o tres partidos, me volvía loco. Ahora tengo la cabeza más fría.
-¿Cuál sería, para vos, el goleador ideal?
-Alguien con el cabezazo de Zamorano, la visión y el panorama de Kluivert y la facilidad de Romario para definir.
Mientras se prueba la nueva camiseta Nike Japón 2000, se le ve un rosario que cuelga del cuello. "Me lo regalaron mis hijos (Aline y Ryduan) para mi cumpleaños. Soy religioso y antes de empezar o terminar un campeonato voy a Luján a pedirle a Dios que me ayude."
A Palermo se le pasan mil imágenes por la cabeza. "Uno mira para atrás y no puede creer todo lo que crecí. Estuve a punto de jugar en San Martín de Tucumán, hasta yo mismo pagué cien pesos para el pasaje y ahora estoy a punto de jugar una final del mundo con Real Madrid."
-¿La fama es un arma de doble filo?
-Molesta un poco, pero soy quien soy y debo aceptarlo. Me gustaría ir a una plaza a jugar al fútbol con Ryduan, ir a un cine, pero es imposible.
Las ventajas del éxito le permiten alcanzar distintos lujos, como comprarse la camioneta Grand Cherokee que deseaba, o un BMW gris como tiene ahora, o una casa en el barrio más caro de La Plata. O algunas joyas, como un anillo de oro con las iniciales MP. Pero todo esto le impide a veces la tranquilidad que él busca en determinados momentos.
-¿Qué harías si fueras invisible por un día?
-¡Cómo me gustaría! Pero tal vez 24 horas no sean suficientes para ponerme al día con todas las cosas.
-¿Hay Palermo para rato o te cansa el entorno?
-No pienso en eso, pero cuando me harte de los entrenamientos y de las concentraciones me retiraré.
-¿Y después?
-Me gustaría ser director técnico, aunque primero quiero correr en el Turismo Carretera. Me voy a sacar las ganas.
-¿Ford o Chevrolet?
-¡Chevrolet, a full! Ahora me conformo con viajar por la autopista Buenos Aires-La Plata. Les meto a todos luces para que me dejen pasar.
-¿En 1997, por qué elegiste Boca antes que River?
-Porque estaban Maradona, Caniggia... Era un poco el sueño del pibe. Me acuerdo de que había siete delanteros de nombre; hubo que lucharla, pero triunfé.
-¿A qué jugador de River comprarías?
-A Pablo Aimar. Y digo más: lo pondría de titular en Boca con Riquelme. No me pidan que diga a quién saco, sólo sé que seríamos un equipo de ensueño.
-Pero Aimar cuesta más de 40.000.000 de dólares.
-Pero soñar no cuesta nada. Hay que imaginarse el festival que se harían Riquelme y Aimar juntos.
A Boca llegó con el pelo platinado. "Por aquellas épocas me banqué muchos insultos -recuerda-. Cuando llueven las derrotas, el hincha no perdona ni a sus ídolos." En agosto de 1998 apareció con un mechón amarillo que nunca más se sacó. Hasta se transformó en una marca registrada copiada por miles de hinchas. "El platinado estaba bien, pero ya estábamos cansados", comenta Gustavo Vera, su peluquero. En Boca también festejó un gol a Gimnasia besándose los botines rojiblancos con los colores de Estudiantes. También celebró bajándose los pantalones y practicó bailes múltiples...
-¿Qué te faltó hacer en Boca?
-Antes de irme me gustaría ser arquero en un partido, pero Bianchi no me va a dejar ni loco...

