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Cruzarse con un rival brasileño siempre es un señal de riesgo para un equipo argentino. Y mucho más si ese choque es por las semifinales de un campeonato internacional. Si le ponemos nombres propios a esta introducción, cabe deducir que Palmeiras será un complicado obstáculo para que River consiga la clasificación para la final de la Copa Libertadores.
Mañana, en el Monumental, Palmeiras le puede hacer difícil la vida a River, pero no habrá que guiarse por las típicas suposiciones que surgen cuando se habla del fútbol brasileño: ni jogo bonito, ni abierto espíritu ofensivo ni variado repertorio de purezas técnicas. Palmeiras es un conjunto duro y fuerte, sí, pero por la garra, entrega y su peligroso juego aéreo. El técnico Luiz Felipe Scolari le impuso ese estilo, que no guarda mucha relación con el gusto histórico de este club fundado por la colectividad italiana en 1914, pero que le permitió una inserción internacional a su condición de grande dentro de sus fronteras. El entrenador admira el temperamento combativo argentino.
Scolari es un técnico ganador: en los 90, al frente de Criciuma, Gremio y Palmeiras, obtuvo 9 títulos, sólo uno menos que Telé Santana, el triunfador de la década. Consiguió una gran identificación con el plantel. Ante las críticas de algunos dirigentes, sus jugadores se comprometieron a dar lo mejor para respaldarlo. Es un equipo futbolísticamente regular, pero muy unido.
Aunque no confirmó la alineación, es probable que incluya tres volantes defensivos. El planteo táctico es un 4-4-2, con estas características individuales: Marcos: reemplazó al lesionado Velloso y se ganó la titularidad. Se lo ve confiado y seguro; tuvo una actuación inolvidable en el primer partido con Corinthians.
Arce: el paraguayo no está en su plenitud física, pero señaló tres goles de tiro libre en la Libertadores.
Junior Baiano: un gigante en la defensa; ya suma 5 tantos de cabeza en esta Copa. Jugó en Francia 98.
Cléber: un histórico; fornido y duro; lento en el juego por abajo, pero importante en las pelotas aéreas.
Rubens Junior: reemplazará a Junior (una baja significativa por suspensión en los dos partidos), sin tanta proyección ni manejo.
Cesar Sampaio: el Astrada del equipo; es el capitán y fundamental en el quite y la salida.
Galeano: resistido por los hinchas, pero respaldado por el técnico por su marca y sacrificio; también desnivela en los centros.
Rogerio: podría entrar por el ofensivo Alex para reforzar la contención en el medio, cerca de Arce.
Alex: llegó para reemplazar a Rivaldo; zurdo, habilidoso y de buena pegada, aunque sin fibra.
Zinho: otro histórico; ataca poco y maneja el ritmo cuando se debe enfriar el partido.
Paulo Nunes: el delantero con más movilidad. Es goleador -suma tres- y también se integra al juego.
Oseas: atacante pesado, que usa mucho el cuerpo; hizo tres goles y es de cuidado en el juego aéreo.
Si bien no conquistó nunca la Copa Libertadores -su único título internacional es la Mercosur 98-, Palmeiras ya fue finalista en un par de oportunidades, hace más de 30 años. En 1961 perdió la serie decisiva ante Peñarol, y en 1968, con un muy conjunto liderado por Ademir Da Guía, fue postergado por el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía, luego de tres encuentros.
Más cerca en el tiempo, uno de los choques más recordados entre el conjunto paulista y uno argentino es el disputado el 9 de marzo de 1994, por el Grupo 2 de la etapa clasificatoria. Esa noche, en el estadio Palestra Italia, Palmeiras -dirigido por Wanderley Luxemburgo, actual conductor del seleccionado brasileño- vapuleó por 6 a 1 a Boca, entrenado por César Menotti y con Mac Allister, Mancuso y Márcico.
De aquella formación de Palmeiras aún permanecen Cléber -autor de un tanto a Navarro Montoya-, Cesar Sampaio, Zinho y Evair, que hizo otros dos. En el lateral izquierdo asomaba un futbolista con todas las condiciones para convertirse en una figura internacional y en el mejor del mundo en su puesto: Roberto Carlos, que sorpendió a Navarro Montoya con un potente zurdazo bajo. Su fulgurante aparición lo llevó a Internazionale y luego a Real Madrid.

