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SAN JUAN.- Es un jugador distinto, diferente; su sello son los lujos; un caño o una gambeta son sus mayores placeres. Se llama Francisco Velázquez, pero todos aquí lo llaman Panchito y gozan con la magia que desparrama en una pista de hockey. "Sí, tengo alma de potrero desde siempre", revela uno de los máximos ídolos que tiene el seleccionado argentino que busca el título en el Campeonato Mundial de hockey sobre patines que se realiza aquí.
En su habitación, que comparte con el arquero Juan Oviedo, suena fuerte el Polaco Goyeneche desde los parlantes de su moderna computadora portátil. Ambos, el tango y la informática, unen sus dos hobbies fuera del deporte. "Ahora también me estoy enganchando con Cacho Castaña", confiesa el hombre de 26 años que tiene una eterna cara de pibe y que fue elegido como el mejor jugador del mundo en 1995, tras el Mundial de Recife, en Brasil, donde la Argentina se consagró campeón. Muchos creen que esa distinción todavía le pertenece.
"Mirá, yo siempre me divierto en el hockey. Para mí es así, no lo entiendo de otra manera. Me encanta que la gente que te viene a ver se ponga contenta por algo que vos hacés dentro de la cancha", afirma convencido.
Empezó a dribblear en la primera de Atlético Social San Juan y enseguida se destacó. Se fue por primera vez a jugar a Italia en 1992, con apenas 17 años. Allí pasó por Follonica, luego volvió a Social, regresó a Voltregá -también de Italia-, jugó en Barcelona y ahora se divierte en Benfica, de Portugal, con el que extendió su contrato por cinco años.
"El mejor momento lo tuve en Barcelona -explica entre mate y mate-. Fue en la temporada 97/98, que jugué realmente muy bien. Pero después empecé a tener algunos problemas con algunos dirigentes. Y yo donde no soy feliz, no juego. Nadie me obliga." Cuenta que la relación con el entonces encargado de hockey sobre patines del club catalán era muy mala.
"Los catalanes son muy buena gente. Pero no se bancan que a uno las cosas le salgan bien sin esfuerzo. A mí, si me matás a entrenamientos me hace peor. Y todo el tiempo me decían ´ Mira que acá vino un chaval Maradona que no se adaptó y lo echamos´." A partir de allí, se ganó la fama de chico rebelde e indomable. Y vino una etapa muy dura para él.
Decidió dejar el stick a un lado y se incorporó al equipo de fútbol de San Martín, de San Juan. Como en el hockey, fue enganche, con lujos y gambetas, aunque no pudo jugar demasiado. En febrero de 1999 se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda y el calvario comenzó. Lo operaron mal y, hacia fines de ese año, tras volver a jugar para Estudiantil, se resintió. "Los que me salvaron fueron los médicos de Benfica, porque yo ya estaba ahí. Ellos y mi primo Hernán Ramírez, con quien hice la recuperación. En el hockey no fuerzo tanto la rodilla como en el fútbol y, por suerte, en mayo de 2000 volví al primer nivel". La odisea había terminado.
Hoy parece quedar poco de aquel pibe rebelde, aunque mantenga las convicciones intactas. Más maduro, es capaz de admitir que sigue en el hockey por una necesidad económica. "Tengo que hacer una diferencia para el futuro -se sincera-. Si no fuera así, probablemente hoy estaría haciendo otra cosa. O por lo menos, jugando en mi país y no en Europa."
Ahora, el hombre con eterna cara de pibe tiene el sueño de ganar el Mundial en casa. En su cabeza, empero, hay otra ilusión. "Este es el año en que la Academia sale campeón. Y la hago completa", dice y se ríe, como hace todo el tiempo. Con la picardía de los que tienen alma de potrero.
SAN JUAN (De un enviado especial).- “Lo peor que nos pudo haber pasado es que nos haya tocado una zona tan fácil”, explica Panchito Velázquez. “Los otros equipos grandes tuvieron algún equipo que los probará un poco, pero nosotros no. Durante dos meses hicimos un buen trabajo y estamos bien, pero no tenemos un parámetro. Y eso nos perjudica”.
“Pensábamos que en cuartos íbamos a tener que jugar con Suiza, pero ahora es Mozambique. Son buenos y juegan fuerte”, analiza sobre el rival en los cuartos de final, que se jugará mañana.


