Pancho Casadito fue un símbolo del rugby sin necesidad de jugarlo

Pancho Casadito, un entrañable personaje del rugby argentino
Pancho Casadito, un entrañable personaje del rugby argentino
Jorge Búsico
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27 de abril de 2019  • 11:40

Francisco Casado, Pancho Casadito, contó una vez que el Flaco Ernesto Ure -tan inmenso físicamente como lo fue jugando al rugby- le regaló su camiseta de los Pumas luego de uno de aquellos bravos test matches que se disputaban en la década del ochenta. Casadito se la puso un día para ir a ver un partido: le llegaba hasta los tobillos. No se la sacó de todos modos. Como nunca se la terminaron de quitar todos aquellos que formaron parte de la historia del seleccionado argentino. Porque Casado, aunque nunca jugó al rugby, formó parte de esa historia y por eso innumerables Pumas lo recordaron con cariño el viernes cuando se fue de gira a los 94 años.

La estatura de Casado (apenas rozando el 1,60m) fue inversamente proporcional a su calidad como persona. Humilde, respetuoso, siempre con una sonrisa, acompañó como utilero, masajista y hasta confidente a distintos seleccionados argentinos durante 38 años. Su figura, corriendo más veloz que nadie cuando un jugador caía lastimado, fue un símbolo de los partidos de los Pumas en los tests matches en Ferro y en Vélez. Siempre con la camiseta azul del seleccionado de Francia que recibió de regalo en 1954 dentro de su pantalón celeste.

Su primer contacto con el rugby fue en 1949 durante el partido entre la Argentina y Francia. Lo llamaron para cuidar que la gente no saltara el alambrado de la mítica cancha de Jorge Newbery del Club de Gimnasia y Esgrima. "Yo venía del fútbol y no me explicaba que hacían esos locos pasándose la pelota hacia atrás", explicó.

En ese momento, Casadito era cartero, oficio que ejerció durante 39 años en la zona Norte del Gran Buenos Aires. También trabajó de carnicero, verdulero y jardinero. Debió salir a ganarse la vida desde muy chico, ya que a los 15 años quedó huérfano. Pero, sobre todo, desde aquel día él y el rugby no se dejaron más.

En 1965 colaboró con el sudafricano Izaak van Heerden en la previa a la gira que dio inicio a la leyenda Puma. Los jugadores de ese equipo lo adoran. Uno de ellos, Héctor "Pochola" Silva, lo obligó a pisar en la foto de los Pumas de los ochenta que él dirigió. Casadito no quería; creía que no era su lugar. Pero para el resto sí lo era. La imagen fue documentada por el programa "Leyendas del Rugby" y rescatada el viernes por el blog Periodismo-rugby en sus redes sociales.

Su historia con los clubes comenzó en Deportiva Francesa, pero un día Angel Guastella se lo llevó para siempre a Pueyrredón, donde masajeó y atendió a tres generaciones de jugadores.

Afortunadamente, Casadito tuvo sus merecidos homenajes en vida. Pueyrredón le dio su rincón, donde tenía todas sus camisetas; la UAR le hizo un reconocimiento durante la gestión de Carlos Araujo y su figura trascendió el rugby cuando una publicidad de jabones lo eligió en la serie llamada "Los Guardianes de rugby", cuya presentación estuvo a cargo del exPuma Diego Albanese. En esta última contó que en una gira de los Pumas faltaban pelotas y que armó una con dos botines, papel y cinta adhesiva. Nunca dejaba a un equipo a pie.

Francisco Casado, Pancho Casadito, representó la filosofía del rugby. Sin jugarlo. Pero viviéndolo de tal manera que se ganó en vida el cariño de todos.

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