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Una rareza para el tenis argentino tiene lugar este fin de semana en el Pilar Golf. Se va a jugar un cuadrangular sobre canchas de césped. No existen muchos antecedentes sobre la modalidad, en un país donde en ocasiones el tenis ha ido por un lado y el pasto por otro. Hace más de 20 años se jugó una exhibición en el Hurlingham Club cuyo vencedor fue Franco Davin, hoy entrenador de Juan Martín Del Potro. Si había alguien con juego poco apto para el césped, ese era Davin. Pero ganó y seguramente él sigue sin poder creerlo. El fin de semana, esta exhibición, pondrá en cancha a Gastón Gaudio, Guillermo Cañas, Carlos Moyá y al australiano Pat Cash. De los cuatro, Cash, de 45 años, tenista de circuito senior y comentarista de la BBC, sabe mucho de lo que se trata jugar en césped.
Ganó Wimbledon en 1987 y justo cuando tenía un plan elaborado para consolidarse como tenista top le cambiaron el piso. Y esto es literal. Cash era el número cuatro del mundo cuando derrotó en la final de Wimbledon a Ivan Lendl, el número uno. Encima suyo sólo estaban Lendl, Mats Wilander y Stefan Edberg. Cash armó un revuelo imposible de obviar cuando ganó ese partido contra Lendl. Su look con una vincha blanca y negra, como si fuera un tablero de ajedrez apaisado y su arito colgante eran un toque de extrema audacia para la solemnidad todavía tangible de Wimbledon. Por eso el festejo con su escalada hacia el palco donde estaba el coach de toda su vida, Ian Barclay, como si fuera un precursor del parkour urbano, obró como una ruptura para los códigos de conducta de la época. Cash era un tenista rocker que emanaba cierta rebeldía pero su juego era un reflejo exacto de los australianos clásicos. Hacía saque y red en cada servicio. Aprovechaba las devoluciones a media altura para atacar la red. Voleaba bajo y cruzado con precisión con las dos caras de la raqueta. Estaba en el fondo solamente para correr. Era un ejemplar moderno de un tenis antiguo. El último de esa especie de jugadores australianos que parecían no hacer ruido con sus desplazamientos.
Cash estaba listo para afirmarse como ídolo de recambio del tenis australiano. Pero justo en enero de 1988 el Abierto de Australia cambió de superficie. Dejó el césped, similar al que se usa en estos días en Pilar, para entrar en la modernidad definitiva en el nuevo complejo de Melbourne Park con sus canchas de rebound ace y el estadio cubierto. Cash aprovechó el envión de Wimbledon, terminó séptimo en el ranking esa temporada, pero perdió la final con Mats Wilander 8-6 en el quinto set. Cash no pudo seguir la senda de los grandes del tenis australiano. El Abierto de Australia dejaba para siempre el césped con la idea de convertirse en un Grand Slam tan atractivo como los otros tres. Y lo logró. Cash y su proyecto se fueron al pasto.
Javier Frana, comentarista de ESPN, fue nuestro mejor hombre en el césped en aquellos tiempos. Y seguramente también en otros. Tuvo dos choques con derrotas con Pat Cash en 1988. Una de ellas fue un mazazo y la otra heroica. Las dos parecen ocuparle el mismo lugar en la memoria. "Venía de perder en Queen´s 6-1 y 6-1. Ese día no podía hacer pie en la cancha. Y a las dos semanas nos volvimos a encontrar en Wimbledon. Ese partido fue increíble. Me había paseado hacía poco, pero en esa segunda ronda yo sentía que me dejaba jugar un poco más. Cash tenía un tenis clásico del césped de antes: voleas muy bajas y cruzadas, siempre muy ubicadas. Hacía saque y red pero daba juego. Tenía un estilo que te hacía sentir que jugabas en cámara lenta y de a poco iba cerrando bien todos los espacios. Su juego no era muy espectacular ni tan vistoso. Hacía lo que era necesario y con mucha precisión. Era efectivo y simple. Ese choque fue muy emocionante. El era el último campeón de Wimbledon y conforme avanzaba el partido el estadio se iba llenando porque Cash estaba perdiendo. Me terminó ganando 6-4 en el quinto set..."
La personalidad de Pat Cash no era tan amigable como su juego. Sus vínculos en el circuito se limitaban a pocas amistades. Una de ellas fue John McEnroe. Frana recuerda otro episodio no tan feliz: "Después de ese partido en Wimbledon quedé en buena relación con Barclay, su entrenador.. Después me pidió si no podía viajar hasta Queens para entrenar con Cash. Para mí eso representaba viajar demasiado y era un esfuerzo mas allá de la oportunidad. Me trasladé hacia allá y una vez que terminamos de entrenar, Cash agarró sus bolsos y sus raquetas, se fue y ni siquiera me saludo. No había pasado nada especial, pero él era así. Luego cambió y fue mucho más amable..."
Otro que puede salir de testigo con respecto a los modales de aquel Pat Cash es Martín Jaite. En 1990 fue integrante del equipo argentino de la Copa Davis que perdió en semifinales con Australia en Sydney. Frana también estaba en ese grupo. Jaite no encuentra nada para recordar de aquellos días cerca de Pat Cash: "La Copa Davis suele darte cercanía con los rivales, a veces más que el circuito. Pero Cash estaba siempre en la suya. No hubo interrelación con él en esos días. Sí recuerdo que era un ídolo total en Australia...". Esa serie se jugó en césped y Australia ganó 5-0.
Como tantos otros tenistas, Cash sintió que el tenis no era suficiente como medio de expresión y también se dedicó a la música. Como aficionado pero de manera sostenida. En 1991 sus buenas migas con McEnroe los llevó a calzarse las guitarras y produjeron algo de ruido armando "John McEnroe and Pat Cash with The Full Metal Rackets", una banda que llegó a grabar un disco simple con dos versiones del tema Rock and Roll de Led Zeppelin. Una era instrumental y la otra cantada. Para eso contaron con la participación de toda una celebridad: Roger Daltrey, el cantante de los Who. El nombre de la banda era una parodia de una película bélica de Stanley Kubrick estrenada en esa época: Full Metal Jacket.
Las lesiones le complicaron demasiado la carrera. Las más serias fueron en la espalda y en la rodilla. Durante 1989 su presencia en el circuito fue casi nula y para cuando regresó en 1990, el ambiente había cambiado por completo. El juego de saque y volea ya era más agresivo con el dominio de Boris Becker, Stefan Edberg y la aparición de Pete Sampras. Planteaban un estilo de ataque más corrosivo. Y para balancear esa manera de jugar, Andre Agassi encabezaba el lote de tenistas que no tenían problema en desactivar a los sacadores con su juego de contraataque desde el fondo de la cancha y con devoluciones que no daban segundas oportunidades. Si se compara como Cash ganó Wimbledon en 1987 y cómo en 1992 lo consiguió Agassi, se puede apreciar cuanto cambió el tenis en apenas cinco años. Cash tenía un estilo de vieja escuela a mediado de los ochenta y para los noventa ya había quedado "demodé".
Cash fue entrenador de juniors australianos y abrió escuelas de tenis hasta en el Caribe. No anduvo con trabajo fijo. Fue y es un excéntrico del tenis. No tuvo problemas en ser un profe de lujo en la inauguración de un hotel en Marbella ni en posar semidesnudo para una promo de la BBC. Es un gran comentarista de tenis en la televisión inglesa. Sus conceptos son jugosos y con criterio. También es muy polémico. Trascendió que en una entrevista que hacía en la radio del a BBC con Michael Stich (campeón de Wimbledon en 1991) le confesó que en 1987 había ganado Wimbledon "comiendo galletitas de marihuana que yo mismo cocinaba en mi casa". La charla fue en off, pero Cash nunca la negó.
A años luz de su mejor época, Pat Cash viene a la Argentina a jugar en el césped que la propia Australia le quitó de sus pies. Fue un eslabón intermedio entre los talentosos de la vieja guardia y los tenistas consistentes todo terreno. Sin lujos pero muy efectivo. Puro Cash...


