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HERZOGENAURACH, Alemania.- Un repaso por la historia de José Pekerman en los mundiales juveniles revela que sólo cuando la selección tuvo un debut auspicioso, contundente, asociado con una mecánica atractiva y funcional, para el segundo cotejo no introdujo variantes y respetó la alineación del estreno. Esa política la asumió luego de la goleada por 3 a 0 ante Hungría, en la Copa Sub 20 de Malasia 97, y cuando superó por 2 a 0 a Finlandia, en el torneo de la Argentina 2001. Pero con él casi nunca hay certezas. El entrenador, puntilloso en los detalles y atento a las variantes estratégicas que presente el rival, hace de la elasticidad táctica una costumbre que valora. Tanto que a veces sorprende y otras desconcierta.
Con Pekerman, partido tras partido comienza el juego de los probables. Cuesta acertar sus formaciones. Y después de haber anunciado con casi 30 horas de antelación la formación que se enfrentaría con Costa de Marfil es poco probable que repita esa práctica en la competencia. Para él no existe una estricta enciclopedia táctica. Entonces, evalúa. No se compromete eternamente con nadie y elige sin obstinaciones. Pero por estas horas tal vez cargue con la responsabilidad de que no debe fallar; de lo contrario, pueden aparecer espinas en el camino. Como ocurrió a partir de las modificaciones inadecuadas del sábado último.
Algunos sectores del campo de juego lo dejaron especialmente satisfecho después del estreno. Y volverá a confiar en ellos el próximo viernes ante Serbia y Montenegro. Porque advirtió consolidación, entendimiento y afinidad. Puntualmente, el arco, la defensa y el ataque, donde más allá de mediáticos y populares reclamos, Lionel Messi y Carlos Tevez deberán esperar para ocupar la titularidad. ¿Acaso la sociedad Crespo-Saviola (sin dudas, el mejor acierto del entrenador frente a los africanos) debe ser disuelta? No. Respondió en el rubro que define los partidos: anotaron para ganar.
No es poco que el DT advierta certezas en tantos lotes de la cancha. Pero para ser efectivo en las dos áreas, el mejor atajo es encontrar fluidez en el tránsito por la mitad. Y esa fue la zona que entregó intermitencias o, directamente, los puntos más bajos. Como el de Cambiasso, con un despliegue tan recortado y entregas tan inconsistentes que no colaboró ni en la salida ni en la recuperación. Mascherano, por disposición táctica (primero, seguir al media punta Kalou, y luego acechar al ingresado delantero Dindane) quedó replegado. Si hasta llegó a confundirse con los zagueros en los últimos minutos de apremios. Y así se distanció de su mejor versión: agresivo en la marca y libre para descargar en el origen de las maniobras. Ante Costa de Marfil quedó alejado de la zona en la que sabe imponer su oficio. ¿Soluciones? Según la lógica pekermaniana no parecen de nombre (no lo sustituirá a Cambiasso), entonces habrá que redefinir la actitud del equipo: imponer las condiciones del juego sin aceptar concesiones de espacios para el rival. La presencia de Mascherano debe gravitar en la región medular.
Más si cerca tiene a jugadores como Cambiasso y Riquelme, que sólo colaboran, hacen sombra con el volante de paso, pero su volumen de contención es bajo. Y si Mascherano se encuentra atareado varios metros más atrás con persecuciones defensivas, el equipo queda inexorablemente cortado. Como invitándolo al oponente a que se le anime. La Argentina sabe que debe encontrar estas soluciones con urgencia. Y probablemente Pekerman busque respuestas con los mismos nombres.



