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EDMONTON.– A nadie se le ocurrió pensar en el nombre de la ucrania Zhanna Pintusevich-Block para la final de los 100 metros. Porque nunca había ganado una competencia importante en esta distancia, pero por sobre todas las cosas porque la norteamericana Marion Jones, la gran candidata, llevaba cuatro años sin ser vencida en una final. Pero es así, aunque parezca increíble, la nueva campeona mundial es de Ucrania, la primera de raza blanca en los últimos diez años, en una prueba con tiempos que estuvieron muy lejos del récord mundial (10s49/100, de Florence Griffith-Joyner, en 1988).
Como se dijo, Jones era imbatible hasta aquí. Entre sus logros figuran la medalla dorada en los Juegos Olímpicos en Sydney 2000; dos campeonatos mundiales, en Atenas 97 y en Sevilla 99; ganadora de la Golden League en 1998, 1999 y 2000, y la Copa del Mundo de Johannesburgo, en 1998. Además de haber triunfado en cada uno de los meetings internacionales en los que se presentó. En total fueron 42 carreras sin derrotas; la última vez que había perdido fue en 1997, ante la jamaiquina Merlene Ottey.
Todo coincidió para que Pintusevich diera la gran sorpresa en el VIII Mundial de atletismo. En primer lugar, Jones no está en su mejor forma. En las cuatro carreras aquí en Edmonton (incluyendo la eliminatoria, los cuartos de final y las semifinales), siempre estuvo a más de 20 centésimas de su mejor registro (10s65/100). Además de mostrarse algo nerviosa en la primera competencia, cuando realizó una partida en falso. Por su parte, la europea efectuó en la final la mejor marca de su carrera (10s82/100). Y la gran diferencia en los registros se reflejó en los tiempos de reacción de cada una. Pintusevich lo hizo en 0,123 milésimas en la final –curiosamente la misma marca que hizo Maurice Greene cuando ganó la final entre los hombres–, contra los 0,146 de Jones, que en todo el torneo no pudo bajar de 140 milésimas para despegar de los tacos.
Ya en las semifinales el público canadiense quedó sorprendido al ver cómo la ucrania (10s94/100) le ganaba la primera serie a Jones, por apenas una centésima. Pero como entre una carrera y la otra sólo había dos horas, se suponía que la norteamericana no había dado todo de su parte para cronometrar su mejor registro en la final.
Al repasar la historia de Pintusevich, su mejor logro había sido el título mundial de los 200 metros en Atenas 97, cuando se impuso con 22s32/100. Ese mismo año fue segunda en los 100m, justamente detrás de Marion Jones. Más allá de esa medalla plateada, nunca había alcanzado un podio en el hectómetro. Su historial tampoco registra triunfos en nivel continental. Su mejor actuación había sido un segundo lugar en el Campeonato Europeo de 1994, y sólo había ganado en los 100m cuando era junior, en 1991.
“No puede creer que he ganado los 100 metros –dijo la campeona–. Corrí muy bien durante toda la temporada y siempre muy cerca de Marion, pero esto también es una sorpresa para mí. Sólo en las semifinales, cuando le gané por primera vez me di cuenta de que era posible llegar al oro”. Jones volverá a los EE.UU. y regresará en un par de días para competir en los 200m. Antes de marcharse, afirmó contrariada: “Estoy muy decepcionada, porque no vine hasta aquí para llevarme nada más que la medalla de plata. Yo pude haber ganado, pero me vine un poco abajo en la mitad de la carrera. Mi tiempo no fue malo, pero si fue insuficiente para una carrera como la de hoy”.
La última atleta de raza blanca que había ganado el hectómetro había sido la alemana Katrin Krabbe, en 1991. Un dato más para valorar la victoria de Pintusevich, la ucrania que le devolvió la gloria a su país después del retiro de Sergei Bubka, y que terminó con el poder negro.


