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El reloj digital estaba por marcar el tiempo cumplido en la final del torneo Intercolegial de polo. Las hinchadas –sí, hinchadas en el polo– contenían la respiración. Los Molinos, que durante todo el desarrollo había estado al frente en el tanteador, le ganaba ya por medio gol –sí, medio gol, algo exclusivo del polo– a un Champagnat que remontaba y remontaba. Y éste merodeaba el arco ajeno. "¡No, no, no!", rogó sufriente una señora, tal vez madre de un jugador. Y tanó la campana, nomás... pero antes, un segundo o a lo sumo dos antes, sonó el silbato: penal para Champa, para quedar 8,5 a 8 arriba. Bocha parada a un par de metros de la línea de meta, y con el arco libre. Lo ejecutó Ramón Arteta, pero... no hubo gol. Claro que porque recibió un foul. Otro penal de lugar, entonces. Y Francisco Crotto sí lo convirtió en la victoria: Champagnat campeón. Y hubo bramido de todos esos adolescentes que fueron a la cancha 2 del Campo Argentino para alentar a compañeros, amigos y, por supuesto, al propio colegio.
La historia tocaba la tecla F5, "actualizar". Porque el instituto más veces vencedor de la copa Santa Paula volvía al éxito después de 24 años. Y aun así, con la última conquista en 1987, el establecimiento de la calle Montevideo mantenía hasta ayer cuatro títulos de ventaja sobre Moorlands, un amplio dominador desde mediados de los noventas. Lo de Champa venía de mucho más atrás, desde los albores de este certamen. Tras la conquista inicial, del colegio De La Salle en 1951, su archirrival se impuso al año siguiente y otras 15 veces, para ostentar el récord extendido ayer a 16 totales.
Y en cuatro de las seis primeras victorias participó un icono de este deporte, Alberto Pedro Heguy, que ayer disfrutó desde una platea el triunfo de su querido Champagnat. Con el corazón partido andaba Alberto, a sus 70 años y con perfecta memoria de sus triunfos de los años cincuentas con la camiseta azul y blanca. En Los Molinos jugaban tres Nagore, integrantes de una familia muy vinculada con Intendente Alvear, la ciudad pampeana donde viven los Heguy y donde está el club Chapaleufú. Pero a Alberto le tiraba un poco más Champa, que necesitaba reverdecer laureles.
Para eso contaba con decenas de chicos dispuestos a cantar, esta vez sin uniformes. Era su día, además del de la primavera, y lo disfrutaban en Palermo, sí, pero en La Catedral de este deporte, hinchando por su escuela. Y, de vez en cuando, amenazando a la banda adversaria... "Ya lo veo, ya lo veo, Los Molinos, corriendo por Dorrego". Y los de bordó, redoblante en mano y bandera propia izada en un mástil de la tribuna, no se quedaban en el molde.
La final fue un partidazo. Y no sólo por ese desenlace de aliento cortado. Como los polistas adolescentes no suelen ser muy tácticos, todos juegan a atacar. Y se cambia golpe por golpe, se corre de unos mimbres a los otros y viceversa. A eso ayuda que a veces, como ayer, los handicaps se quedan cortos respecto al nivel de juego. Y como la ventaja que, por la diferencia de handicaps, el equipo más poderoso entrega al contrario antes de empezar –en este caso, 2,5 a 0 en favor de Los Molinos– suele estar bien regulada, el favorito debe correr de atrás y la definición termina siendo muy ajustada, cerrada. Emocionante.
En el partido decisivo de la rueda de perdedores, pero en Pilar, Colegio Del Pilar se impuso a Moorlands por 12 a 2,5 y obtuvo la copa Zeus. Por ese mismo trofeo pero el año último, Champagnat había derrotado por 5-3 a Los Molinos... con los mismos jugadores de ayer en ambos bandos. "Hijos nuestros, hijos nuestros", gritaban los simpatizantes-alumnos de Champa.
Siempre entrega historias singulares el Intercolegial. Por supuesto que carece de las grandes estrellas del polo, porque no participan más que alumnos del nivel secundario. Pero además de mostrar casi en bruto a figuras del mañana –se puede ir prestando atención a Francisco Rossi, del triunfador, y a Juan Nagore, de su oponente–, ofrece polo divertido, definiciones electrizantes, entusiasmo amateur y pasión de hinchadas. Tal vez, una de las mejores formas de pasar una tarde primaveral de día laboral en Palermo.
La síntesis de la final:
Champagnat: Facundo Lobos, 0; Francisco Rossi, 1 (3 goles anotados); Francisco Crotto, 1 (2), y Ramón Arteta, 1 (3; 2 de penal). Total: 3.
Los Molinos: Benjamín Hiriart, 0 (1); Matías Nagore, 0; Juan Nagore, 0 (4), y Santos Nagore, 0. Total: 0.
Progresión: Champagnat (0-2½), 0-3½, 2-3½, 2-4½, 5-7½ y 8-7½.
Juez: Juan José Boote.
Cancha: Nº 2 de Palermo.

