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Rafael Nadal y Juan Mónaco agitan las redes sociales con su preparación en Mallorca para el arribo a Montecarlo. Señalan la ruta del tenis en canchas lentas que, además, es la ruta de la tradición del tenis mundial. Montecarlo, Roma y Roland Garros representan el objeto de deseo acostumbrado para el tenis argentino. Se es tenista para brillar y ganar en esos lugares. Al menos, así lo era hasta que también la escuela argentina empezó a graduar alumnos aptos para todas las superficies. Son varios los tenistas que muestran en las redes sociales como adaptan su juego para estas semanas de medias sucias, piques dudosos, canchas que se ven desprolijas por TV y partidos eternos. Lo hacen como si tuvieran que aprender a jugar al tenis de nuevo. El polvo de ladrillo surge, todavia, como una expresión laboriosa y artesanal del tenis. Como si fueran bailarines, los jugadores ensayan patinadas sin caerse en el intento.
Abril, mayo y algo de junio es el tiempo que el calendario de la ATP le ofrece al núcleo duro del tenis jugado en polvo de ladrillo. La temporada, sin contar las fechas por la Copa Davis, tiene 66 torneos con el siguiente detalle: 37 en canchas rápidas, 22 en clay y 7 en césped. En estas semanas se concentran trece campeonatos en superficies lentas. Para los amantes de la superficie es ahora o nunca. Cuando Rafael Nadal protesta y pide por más torneos en esta superficie está avalado por los números. Pero la tendencia indica que no nacerán nuevos campeonatos en clay y hasta es probable que otros torneos modifiquen su superficie. Desde este año el torneo de Stuttgart comienza a jugarse en césped. El torneo alemán ahora servirá de preparación para Wimbledon. Durante su existencia en polvo de ladrillo, Stuttgart fue ganado por Martin Jaite, Franco Squillari, Guillermo Cañas, Guillermo Coria y Juan Martín Del Potro, además de otros argentinos que fueron finalistas. Bogotá, torneo recuperado en 2014, ocupa la plaza que era de Los Angeles y mantuvo el cemento como escenario. La capital colombiana era una de las escalas de mitad de año en polvo de ladrillo. Acapulco ya hizo el cambio. La idea de transformar la gira sudamericana en un circuito de canchas rápidas surge como una amenaza siempre lejos de cumplirse. Pero la idea está inoculada.
Los torneos en canchas lentas, además, muestran con precisión cómo es la geopolítica del tenis: pertenecen al viejo orden. Se concentran en Sudamérica y Europa. Estados Unidos tiene el ATP de Houston como grandísima excepción. Pareciera que lo organizan sólo para no ser acusados por discrminación. Los nuevos mercados tenísticos, los horizontes buscados por las grandes inversiones, no contemplan la creación de torneos en polvo de ladrillo. No los hay ni los habrá en China como tampoco en el resto de Asia o los Emiratos Arabes.
Cuando la ATP promociona y da cuenta del inicio del ciclo en canchas lentas, lo presenta como un momento encapsulado de su calendario. Es tal vez el tramo menos confiable de la temporada porque llueve casi siempre, no hay estadios cubiertos alternativos, el Ojo de Halcón es inaplicable y las postergaciones son frecuentes. Nada de lo que se pretende del tenis para el futuro sería viable en canchas lentas. Por eso resulta admirable el romanticismo y la fidelidad de los tenistas que aman esta superficie y piden más competencia en estas condiciones.
Comienza una secuencia maravillosa. Es otra cita con la defensa del territorio que ejerce Rafael Nadal en tiempos en los que no parece invencible. Es la segunda adaptación a la cancha que hace el español luego de Australia y tras su paso, no del todo feliz, por Indian Wells y Miami. Va camino a Roland Garros justo en un momento en el que Novak Djokovic, asistido por Boris Becker, le ha descubierto los secretos a todos sus rivales. No tengan dudas de que eso incluye destronar a Nadal en Roland Garros. La espera será en "slow motion". El impacto, cualquiera sea, será en alta definición.

