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Detrás del perfil del Angel Cappa de hoy, quizá obligado por la circunstancia de ser el director técnico de un Racing quebrado y al mismo tiempo ilusionado con romper más de treinta años, hay otra historia; una historia personal. Y que no en todos sus capítulos tuvo relación directa con el fútbol.
Mucho antes del Real Madrid de Jorge Valdano y de esta incipiente Academia del ´98 , Cappa fue un joven proveniente de una humilde familia del barrio Villa Mitre, en Bahía Blanca, donde se acercó, como todos los chicos, a la pelota. Muy a su pesar, no necesitó demasiado para darse cuenta de que no estaba llamado a ser un grande. "Yo jugaba en Olimpo. En un amistoso contra River quedé mano a mano con Carrizo y la crucé, sin amagar. El la desvió con una pierna. Ahí me di cuenta de que no era de primer nivel. Me invadió una gran decepción", cuenta Cappa, que aquella noche ahogó sus penas en cafés interminables.
Se recibió de profesor de filosofía y psicopedagogía, lo que le sirvió "para aprender cosas de la realidad que a mí me parecían injustas. Eso me llevó a la militancia política y también a tener que irme". Ejerció en una escuela de Coronel Pringles. "Si hablabas de Marx o Freud, eras un peligro para la mentalidad de la juventud. Por eso me echaron, aunque me dijeron otra cosa", recuerda. Comenzaba la época del régimen militar. Además, el sueldo no le alcanzaba ni para el ómnibus. Entonces, metió 250 dólares en un bolsillo y se fue a España, en 1976.
-¿En qué partido militaba?
-En el peronismo de base, que era la izquierda del partido, donde estaba Ortega Peña, aquel diputado al que mataron. En España también milité. Nos juntábamos, hacíamos una revista... bah , lo que podíamos.
-¿De qué vivía en Europa?
-Vendía libros, repartía muebles con un camión, escribía para otros. Cuando tuve un mínimo desahogo y tiempo, hice el curso de técnico. Estuve apartado casi diez años del fútbol, por la militancia, porque tenés que vivir y tenés que laburar.
-¿Se sintió discriminado?
-No, eso fue después, cuando España alcanzó cierta prosperidad económica y empezó a cerrar sus fronteras. Se habla de balsas cubanas y todos los días mueren marroquíes que quieren pasar a España porque se mueren de hambre.
-¿Cómo combinaba la pasión por el fútbol, la política y las letras?
-Bueno, no es que uno se dedica a una cosa y se olvida de lo demás.
-¿Ahora el jugador es más intelectual que antes?
-No. En esta sociedad de las urgencias, de la inmediatez, de la cultura del éxito, el jugador se desvía, porque hoy la fama casi vale más que jugar bien.
-¿Se puede ser exitoso sin jugar bien?
-Sí, seguro, pasa en todos lo ámbitos. Julio Iglesias es el que más discos vende y el que peor canta. El capitalismo exacerbado que vivimos, que te vacía de contenido, te tiende dos trampas: o te mata de hambre o te mata de estupidez. Es una explotación manifiesta del hombre.
-¿Y qué piensa de la Argentina de hoy?
-Me da mucha verguenza que el Fondo Monetario Internacional venga a marcar la línea que debe seguir el gobierno. Eso es dependencia absoluta. Ellos son los representantes de los tipos que se llevan la guita de la Argentina. Y también veo dentro del peronismo algo que me duele mucho. De pronto, un día, Palito Ortega se dio cuenta de que era peronista; vivía del éxito, cantando las idioteces que cantó durante muchos años. Lo mismo pasa con Reutemann, un tipo que jamás expresó nada, que nunca se metió.
-¿Y eso por qué pasa?
-Por frivolidad. No importa el contenido. Y no veo otras fuerzas que tomen esas banderas. Escucho que la Alianza va a defender el modelo económico. No hay ningún cambio esencial.
-¿No tiene esperanzas?
-Claro que sí. Conozco tipos exitosos que son valiosos, pero conozco muchos más que son mediocres porque no tienen sueños. La utopía sirve para caminar. Hay quienes tienen una vida mediocre y quienes tienen una vida más plena. Simplemente.
Soy un tipo cualquiera, de un barrio de mi generación, al que le gusta estar en su casa y sólo salir para cenar con amigos. Me gusta el tango, el fútbol, el cine... Lo único que me diferencia del resto de los argentinos es que no me gusta el mate. No tengo nada fuera de lo común. Ni siquiera la nariz, porque hay muchos narigones".
Como dice el mismo Cappa, su refugio es el hogar. "Mi mujer es madrileña y mis hijos también nacieron en España. Aquí tengo otro hijo de una primera unión".
Una frase de cabecera: "Toda referencia a la belleza, en nuestra sociedad, produce risa, salvo que sea cotizable, de Antonio Gala". El tango Sur: "Cada vez que escucho la introducción de Troilo tengo que reprimir la emoción". Un líder: "El Che Guevara. Y otro, Perón".


