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Holanda gana de una forma u otra. Siempre. Al simpatizante de las Leonas se lo adivina bastante apesadumbrado por esta hegemonía naranja en el hockey sobre césped femenino. Sobre todo después de la consagración de las chicas europeas en el Champions Trophy de Quilmes, un triunfo extranjero en casa que se encadena con el de Rosario en 2004. Otra vez, la fiesta soñada se astilló por esas chicas rubias y aguerridas que lo último que harán es rendirse en la cancha sintética.
No es que a Holanda la acompaña la suerte, que sólo tiene una buena racha o la bendición de los árbitros. Las razones de su éxito son mucho más profundas y se relacionan con una estructura en la que nada queda librado al azar.
El primer secreto está en la aptitud de sus jugadoras. Transcurren tiempos de abundancia, porque hay unas 30 en condiciones de formar parte de la Oranje y en cada temporada surgen nuevos valores para posibles reemplazos. Son los dirigentes de los clubes quienes aceleran la detección de talentos y los ofrecen al cuerpo técnico del seleccionado. Desde los equipos regionales, pasando por los Sub 18, Sub 21 y Sub 23, todos siguen la línea táctica del equipo nacional, con un presupuesto anual de 2,5 millones de euros.
El otro punto es la relación dentro del plantel. Hasta Atenas 2004, el seleccionado era comandado por Mijntje Donners y Ageeth Boombaardt, dos grandes jugadoras, pero con un liderazgo negativo: su pecado era que no les daban cabida a las piezas de recambio. Consciente del conflicto, ese mismo año el entrenador Marc Lammers prescindió de las dos para el Champions Trophy de Rosario y le dio plenas facultades a la actual capitana, Minke Booij, con el juramento de recibir a las más jóvenes con los brazos abiertos. "Nosotras tenemos que jugar bien; las más chicas nos deben acompañar", fue el mensaje de las experimentadas.
El tercer eslabón es el carácter innovador del director técnico. "Soy el ladrón más grande de Holanda", confiesa Lammers, que se nutre de las ideas de otros deportes porque entiende que ya nada tiene por aprender de sus colegas del hockey. Vale un ejemplo: Anky van Grunsven, una amazona holandesa ganadora de las medallas doradas en Sydney 2000 y Atenas 2004, utilizaba para su caballo una especie de abrigo con hielo (cool pack), con el fin de mantener frío el cuerpo del animal durante la competencia. ¿Qué hizo Lammers? En los últimos Juegos Olímpicos, sus jugadoras utilizaron esas chaquetas mientras permanecían en el banco de suplentes para no sufrir las altas temperaturas. Cada detalle sirve para alimentar una mística de campeón inexpugnable.


