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Camino personal y misterioso el de la fe. Sendero propio e insondable el de la pasión futbolera. Cruce inapropiado el de esas rutas que deben tener diferente dirección en el espíritu. Pequeña cosa es el deporte para pedir ayuda divina. Porque Maradona puede gritar su gol con la mano de Dios, pero no puede creer realmente que intervino algo más que su picardía. Si Racing no gana un torneo local desde el 66 la mufa habrá que cargársela a cuestiones bien humanas: malos arreglos administrativos y peores remates en la cancha. Pero sus dirigentes pidieron una bendición, acto de resignación al fin, y la obtuvieron. Pudo ser algo acertado. Aunque lo que se vivió en su campo se acercó más al cambalache que a un tema religioso. Fue un híbrido porque fe y fútbol van por huellas muy distintas.
Si se trató de una fiesta, puede aceptarse. En caso de una asistencia colectiva para eliminar un gualicho, fue una pérdida de tiempo. Un momento servirá para marcar lo ocurrido. El padre Augusto Della Barca intentaba caminar hacia los arcos para bendecirlos; un grupo de penitentes, con capuchas celestes y antorchas en mano, armaba un círculo pagano a la vista; el Grupo Vocal de Difusión entonaba el Gloria; la Guardia Imperial, escorias que se disfrazan de hinchas, arremetía con "vamos a matar a todos los bosteros..."; simpatizantes dispersos por el campo gastaban sus rodillas; por los parlantes se escuchaba la alta prosa que rogaba "quiero vino, quiero vino...". Todo juntito, como para confundir al más estoico.
Acertadísimo sermón el del oficiante. Habló de pasión futbolera, de lo bueno que es sentir amor por una camiseta; pidió en el lugar apropiado "que el fútbol vuelva a ser una fiesta para la familia, que exista un verdadero compromiso para erradicar la violencia; que no se deba lavar más la sangre un aficionado". La contestación de la Guardia Imperial fue otro estruendoso "vamos a matar a todos...". Si les pareció un chiste, su sentido del humor es patético. Pero nada puede perdírseles a quienes ni siquiera dejaron de cantar durante el Padre nuestro.
Con la barrabrava -a la que siempre se les da entradas, según reconoce el presidente Lalín- dispuesta a adueñarse del acto, las intenciones perdieron frente a esos cánticos de guerra. De poco sirve, entonces, esa procesión con la imagen de la Virgen de Luján que partió a las 19.30 desde la catedral de Avellaneda. Esa caminata en paz se desmorona por unos cuántos -los de siempre- que olvidaron hace rato oración alguna.
Esfuerzos inútiles resultaron los de quienes fueron maestros de ceremonia -entre ellos, el actor Alfredo Caseros-, impotentes para hacerles entender que se estaba en una misa de campo. Pero bueno, tampoco puede obviarse que cerca de 10.000 personas siguieron emocionados las palabras del sacerdote. Ellos se fueron gratificados; quizá, encontraron lo que buscaban. Los otros, los menos, volverán como de costumbre con su carga de irrespetuosa violencia sin haber comprendido nada más allá de que sus arcos hoy están bendecidos.
Acabar con esa real maldición debería ser tan prioritario como sacarse la supuesta mala suerte futbolística. Claro que anoche lo segundo estuvo en primer término. Y antes que los fuegos de artificio y la inauguración de luces entregase el nuevo campo a Racing y Colón, el Presente de Vox Dei pudo sonar acorde con los sentimientos locales cuando expresa "todo tiene un final, todo termina...". Es posible que la serie sin éxitos de Racing finalice al fin. Pero no debería pensarse en embrujos varios y saber que para ganar se necesitan buenos dirigentes, un contador competente y un zurdo que patee como el Chango Cárdenas...
Conforme como impulsor de esta idea, Daniel Lalín, se emocionó con la ceremonia. "Esto es lo que esperaba: que regrese la gente de Racing a su estadio, que es su casa. Demostramos que se puede vivir un encuentro sin violencia", expresó el presidente de Racing.
Mientras también habló del pase de Raúl Gordillo -que podría definirse hoy- el dirigente aseguró que el estadio de Racing podrá albergar, en los próximos, meses, espectáculos musicales como los realizados en River o Vélez. Y agregó su comentario sobre la actualidad del equipo:"Genera entusiasmo en la gente, pero no creo que tengamos posibilidades de salir campeones en el próximo torneo. Igual, este es el estilo que identifica a los simpatizantes", dijo Lalín.
Dardo Ferrari, vicepresidente primero de la entidad, elogió la respuesta del público: "Racing puede todo porque tiene una hinchada fiel, que sigue al equipo a todas partes, en las buenas y en las malas. Ellos, sólo ellos, se merecen esta fiesta", sintetizó Ferrari.
Los jugadores, que presenciaron el espectáculo desde el palco, dejaron de lado el juego. "Hubo una excusa que fue la misa, pero una realidad, que es el sentimiento", fue la frase de Carlos Mac Allister. Pablo Michelini no se quedó atrás: "Esta fiesta me produce una gran motivación para el futuro. Racing se merece todo nuestro esfuerzo", dijo el volante.
"Todo esto es por la gente", explicó Ariel Maciel, asistente del grupo Vox Dei, que actuó en Avellaneda. Confesó ser un simpatizante "fanático" de Racing.
Otro hincha entusiasmado con lo vivido fue Ricardo Burakowski, que supo jugar en las inferiores del club y hoy es hombre de Riestra: "Racing es un sentimiento indescriptible", dijo mientras portaba la imagen de la Virgen de Luján.


