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Delira el hincha de Racing, que inunda la noche de Avellaneda con gritos arrebatados de ilusión. Hay motivos para el jubileo con el 3 a 1 consumado ante Talleres.
Y ya nadie se acuerda que, al minuto, Rodrigo Astudillo había tenido el espacio suficiente como para probar su buena pegada, en este caso en complicidad con Banegas, en cuyas piernas se desvía el disparo del Nº 7 cordobés y se hace inatajable para Cáceres. Vaya arranque del Clausura para Racing.
Rápido golpe contra el club de Avellaneda; pero también veloz es su respuesta en el arco de Talleres: el chiquitín Maximiliano Estévez desvía un centro de Zanetti y la pelota se mete suave en un rincón: 1 a 1, antes de los 10 minutos.
El comienzo frenético tiene continuidad porque Talleres complica con la movilidad de Gigena y de Astudillo (Cáceres le tapó bien un remate a cada uno); Racing empuja y genera peligro en el juego aéreo, como ese cabezazo de Ubeda, que devuelve el travesaño.
Pero el vértigo inicial se fue transformando, paulatinamente, en pura turbulencia. Sobre todo por el lado local, donde Peralta no aportaba claridad y Quiroz mostraba una excesiva parsimonia y casi nunca pudo ordenar los movimientos de un equipo que, por momentos, necesitaba pausa y prolijidad.
Fue productivo, en cambio, el ingreso prematuro de Cordone (por el lastimado Canobbio), porque el ex Vélez entró más en contacto con la pelota y se movió por todo el frente de ataque provocando confusión en la defensa cordobesa.
Talleres, mientras tanto, estuvo lejos de ser un adversario que se refugió en la tibieza y que especuló con la recurrente desesperación racinguista. Sin embargo, mostró demasiados problemas en su zona defensiva.
No distó mucho el desarrollo del segundo tiempo. Los dos tuvieron sus oportunidades para desnivelar. Gigena no alcanzó por milímetros un centro rasante y, del otro lado, Cuenca evitó el gol de Lux, en una réplica que incluyó una pifia de Cordone que, de casualidad, se transformó en pase para Estévez.
Enseguida, el insistente Cordone corrigió la mira y se despachó con un verdadero golazo: recibió de espaldas al arco, breve giro y zurdazo colocado que se coló en un ángulo.
Para entonces, la defensa de Talleres representaba toda una invitación a ser atacada. Y Racing aceptó de buen gusto el convite: pase a las espaldas de Suárez, defensa dormida, centro de Lux y desvio con categoría por parte de Estévez para consolidar la victoria.
Y todo fue quedando a pedir de Racing. Talleres se exponía a la goleada y los locales dilapidaban oportunidades para aumentar. A su público no le importaba: los eternos gritos de esperanza esta vez tuvieron el sustento, el respaldo de un equipo que supo resolver en la cancha un partido que perdía desde el vestuario.


