Real Madrid-Barcelona. Santiago Solari se juega el puesto y Lionel Messi, el gran envión al título

Santiago Solari, DT de Real Madrid, necesita de un triunfo ante Barcelona
Santiago Solari, DT de Real Madrid, necesita de un triunfo ante Barcelona Fuente: AFP - Crédito: GABRIEL BOUYS
Claudio Mauri
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1 de marzo de 2019  • 23:59

MADRID.– El hervidero de gente es constante en el Santiago Bernabéu y sus alrededores desde la mañana hasta el atardecer en todos los días que no hay partido. Por el Paseo de la Castellana, Concha Espina y Padre Damián peregrinan centenares de hinchas y turistas para hacer el tour por las entrañas del estadio, su museo interactivo (detrás del de El Prado es el más visitado en la ciudad), los vestuarios y terminar a la vera del campo. El club transmite un esplendor y un poder cautivante que por estas horas no está en condiciones de replicar el equipo, que lejos del Bernabéu, en el predio de Valdebebas, procesa una realidad más apremiante y menos auspiciosa.

Setenta y dos horas después de haber sido eliminado de las semifinales de la Copa del Rey por el relampagueante 3-0 que le asestó un Barcelona certero con un Lionel Messi intrascendente, Real Madrid vuelve este sábado (a las 16.45 de la Argentina) a ser anfitrión del clásico por LaLiga, que a falta de 13 fechas tiene al defensor del título como puntero, con nueve puntos de ventaja sobre Real Madrid, sin olvidar que como cuña entre ambos está el Atlético de Madrid, segundo a siete puntos del líder.

La dura derrota del miércoles afectó la estabilidad de Santiago Solari, que si bien fue confirmado en el puesto tras sus primeros partidos, la aureola de entrenador provisional lo persigue apenas se tuercen los resultados. Horas después del festival goleador de Luis Suárez , las especulaciones en la dirección del club apuntan a que de sufrir hoy otra dura caída, el crédito del argentino quedaría muy reducido. La semana decisiva se completará el próximo martes, cuando también de local defenderá ante Ajax el 2-1 de la ida por los octavos de final de la Champions League. Ni hablar si Real Madrid abdica de la triple corona consecutiva que ostenta en Europa. La cesantía de Solari sería poco menos que inmediata.

Pero aun sin ese panorama agorero, los nombres de José Mourinho (ya pretendido por Florentino Pérez en octubre como sustituto de Julen Lopetegui) y Mauricio Pochettino vuelven a sonar con fuerza para comenzar la próxima temporada. El argentino renovó contrato con Tottenham, que es un duro negociador cuando debe liberar a un profesional que todavía está bajo un convenio. Pochettino también hará un balance al final de la temporada. En caso de seguir sin obtener un título con el club inglés, el DT argentino evaluará la conveniencia de continuar con dirigentes que destinan más recursos económicos para la construcción del nuevo estadio que para contratar refuerzos importantes.

En la conferencia de prensa de este viernes, Solari hizo todo lo posible para mostrarse entero y fuerte, resistente a las adversidades y orgulloso representante de una entidad a la que conoció muy bien como futbolista y director técnicos de las categorías menores: "Estamos otra vez de pie, con ganas de sumar puntos. Enfrentaremos a Barcelona con todas las ganas y el mismo espíritu del partido anterior. Hicimos muchas cosas bien, trataremos de corregir lo que falta".

La principal rectificación a la que alude Solari es la falta de eficacia. Su equipo creó varias oportunidades de gol y no convirtió ninguna, todo lo contrario a Barcelona, que hizo tres goles (el segundo fue en contra de Varane) con dos remates al arco. Cuando se aborda este déficit de Real Madrid surge como un fantasma el nombre de Cristiano Ronaldo, a quien Florentino dejó ir en la creencia (resultó falsa) de que Gareth Bale cubriría su cuota de gol y se erigiría en la nueva referencia sobre el campo. Nada más alejado de la realidad.

Sin el portugués (se fue a Juventus con 450 goles en 438 partidos durante nueve temporadas), las estadísticas amargan al Real Madrid. A esta altura del año, la comparación con cualquiera de las temporadas en las que estuvo Cristiano arroja una menor cantidad de goles. Por ejemplo, ahora Real Madrid suma 87 tantos por competencias oficiales, contra los 103 que tenía en marzo de 2018. La distancia más amplia es con 2011/12, cuando por esta época había marcado 131 goles, 44 más que ahora.

Si la observación se ajusta a LaLiga, entre Messi (25, tres penales) y Suárez (16) suman casi tantos goles (41) como todo Real Madrid (43) al cabo de 25 fechas. El máximo anotador del Madrid en LaLiga es Benzema (11), superado por delanteros más modestos: Stuani (13, en Girona) y Charles (12, en Eibar).

Máximo goleador histórico del clásico (26 goles en 40 encuentros), Messi aun no le marcó a Real Madrid en esta temporada. Estuvo ausente por lesión en el 5-1 de la primera rueda que le costó el cargo a Lopetegui, sólo disputó media hora –se reponía de una molestia muscular– en la ida de la semifinal de la Copa del Rey y, quizá lo más insólito, el miércoles completó los 90 minutos sin ningún remate al arco ni asistencia, en una de las actuaciones más apagadas que se le hayan visto últimamente. Rendimientos de ese tipo en el seleccionado argentino le costaron críticas despiadadas, cuando no pedidos airados de que no se ponga más la camiseta nacional. En Barcelona fue asumido como algo circunstancial, que ni siquiera amerita encender ninguna alarma ni pasarle alguna factura. El N° 10 y capitán disputará el clásico 41 y quedará a uno de igualar el récord de 42 de Xavi.

En el Barça no hay dudas: la garantía es Messi, la principal reserva de un estilo de juego que viró un poco hacia el pragmatismo y la figura decisiva para aspirar a un triplete (Liga, Copa del Rey y Champions), como ocurrió con Pep Guardiola y Luis Enrique. Una victoria en el Bernabéu tendría dos efectos opuestos: Barcelona allanaría su camino a la conquista de la décima Liga de las últimas 15, desde el debut de Messi, y pondría a Solari en una situación mucho más débil. La temporada ya está lo suficientemente avanzada y el segundo clásico en tres días puede caer con el peso de un veredicto.

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