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Impresiona el silencio en uno de los gimnasios del Cenard. Nada se escucha, salvo el ajetreo de esos cascabeles dentro de la pelota (son varios los videntes que cierran los ojos para saber qué se siente). Claro, hasta el más ínfimo de los sonidos desconcertaría a los jugadores. El bullicio de unos 300 hinchas argentinos, poco acostumbrados a este tipo de reglas, estalla cuando el silbato del árbitro al fin determina que el seleccionado nacional, conocido como Los Topos, se ha consagrado campeón invicto del Mundial de torball de la IBSA (International Blind Sport Federation). Un deporte de equipo para ciegos y disminuidos visuales, ideado en Alemania -tor significa puerta en ese país- para aquellas personas que habían sufrido lesiones en la vista durante la Segunda Guerra Mundial.
"Es la primera vez que salimos campeones", aclara a LA NACION el entrenador Claudio Falco, profesor de educación física de 36 años (trabaja hace 12 con ciegos). Y explica: "A este nivel es como cualquier otro deporte profesional: parte física, técnica y táctica... En este caso, como los chicos no ven, se trabaja más con el contacto corporal. Por eso, se necesita silencio; es como un partido de tenis: el público puede gritar un gol sólo cuando el árbitro toca el silbato. Si hasta nos anularon un gol ayer porque alguien de la tribuna había festejado antes de tiempo...".
La Argentina se impuso en la definición a Francia por 3 a 2, con goles de Patricio Finoli y Claudio Fernández; en las semifinales había vencido a los suizos 7-3. Los resultados en la rueda clasificatoria (todos contra todos; fueron 10 equipos): triunfos frente a Suiza (3-2), Austria (12-2), Rusia (4-2), Eslovaquia (7-3), Paraguay (18-0), Uruguay (13-0) y Alemania (3-2) y empates contra Italia (3-3) y Francia (5-5), en la jornada inaugural.
"Esto se logró gracias a todo el esfuerzo realizado por Claudio (Falco), porque durante mucho tiempo sólo tuvimos una pelota con cascacabel para practicar; ni siquiera teníamos una cancha", recordó Finoli. Los demás integrantes del plantel fueron el también titular y capitán Omar Griro y los suplentes Marcelo Panizza, Héctor Klöster y Luis Flores. El cuerpo técnico estuvo conformado también por el preparador físico Marcelo Villa y el asistente Javier Solá.
Una vez más, todos ellos han demostrado que con empeño y sacrificio siempre se puede confiar en llegar a buen puerto.
La cancha de torball mide 16 metros de largo y 7 de ancho; el arco, 7 de ancho y 1,50 de alto. Son tres jugadores por lado (todos atajan, acostados, en posición fetal, y llevan antifaces). Lanzan con la mano, como en el bowling; la pelota -rellena con cascabeles-, del tamaño de una de voleibol, debe pasar por debajo de unos cordones situados en la mitad de la cancha a unos 40cm del piso. El partido está dividido en dos tiempos de 5 minutos. Hay penal cuando la pelota -pesa 500 gramos- toca los cordones o pasa por encima de éstos; quien cometa penal deberá salir hasta que se ejecute la sanción.



