Río 2016: la arena natural de Copacabana, la reina del beach volley, ¿por qué es diferente a la de Londres, Pekín y Atenas?

Fuente: AFP
Los organizadores de los torneos de la FIVB deben enviar muestras de la arena sobre la que piensan realizar los encuentros; la de Río, mucho mejor que la de las anteriores sedes olímpicas
John Branch
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11 de agosto de 2016  • 07:00

Media mañana en las playas de Copacabana. Faltan seis meses para los Juegos Olímpicos de Río 2016 y Giovane Gávio, el voleibolista más famoso de Brasil, pone un pie en la arena.

La arena apenas cedió bajo su peso, lo suficiente como para dejar una huella blanda, que desapareció de inmediato. Gávio se agachó y levantó un puñado de granos con su mano: era suave al tacto, más parecida a las finas especias de la cocina que a pedacitos de piedra molida.

Casi un 90 por ciento de esos granos de arena trabajados durante miles de años por el mar tiene entre 0,25 y 1 milímetro de diámetro. El resto es un poco más grande, hasta 2 milímetros, o más chico, de entre 0,15 y 0,25 milímetros de diámetro.

Gávio, jugador estrella de vóley bajo techo y vóley playa, y actualmente un respetado entrenador de esos deportes, dejó correr la arena entre sus dedos: no le quedó ni un solo grano o residuo de polvo pegado a la mano. Gávio sonrió complacido.

“En Copacabana, la arena es perfecta”, dijo la estrella brasilera del deporte.

La arena no es igual en todas las playas. De hecho, la arena de la mayoría de las playas no es apta para el vóley playa de alto nivel. Para los tres últimos Juegos Olímpicos –Atenas 2004, Pequín 2008 y Londres 2012–, se debieron transportar toneladas de arenas de otros lugares, incluso de otros países. Como existe una receta, a veces se combinan arenas de diferentes lugares para lograr la mezcla justa.

¿La arena de Copacabana estaría a la altura de los Juegos o habría que traerla de otra parte?

Atreverse a sugerir que la arena de Copacabana podría no estar a la altura de los Juegos es ganarse un insulto seguro. Río es la sede espiritual del vóley playero, un evento de primera línea en los Juegos Olímpicos. La sola idea de traer arena de otra parte a una de las playas más icónicas del mundo era casi un sacrilegio.

“Copacabana y el vóley playa tienen una química perfecta”, dice Angelo Squeo, directo de vóley playa de la Federación Internacional de Vóley, conocida por su abreviatura francesa, FIVB.

Y si de química de la arena se trata, tal vez no haya mejor experto que Todd Knapton, vicepresidente de la empresa Hutcheson Sand and Mixes, de Huntsville, Ontario. La empresa se encuentra lejos de cualquier océano. Y Knapton reconoce haber jugado al vóley sólo una vez.

Pero Knapton es el consultor oficial de la FIVB desde poco después de los Juegos de Atlanta 1996, cuando el vóley playa hizo su debut olímpico. Cuando los jugadores canadienses le dijeron que en Atlanta la arena era apenas pasable, Knapton mandó buscar muestras de arena de las playas más notables que dieron origen a ese deporte, como Manhattan Beach en el sur de Clifornia y las costas de Brasil. Quería saber por qué esa arena era la más apta.

Las recomendaciones que hizo entonces ya forman parte de los torneos de vóley playa desde hace 20 años. Los organizadores de los torneos de la FIVB deben enviar muestras de la arena sobre la que piensan realizar los encuentros: una capa de arena de 40 centímetros de profundidad y 1 kilo de peso.

Como casi la mitad de los torneos de la FIVB se realizan en lugares donde no hay playas cerca y tienen lugar en “arenas” temporarias en plazas o parques urbanos, los organizadores traer arena de otra parte, y Knapton se asegura de que consigan la arena adecuada.

Fuente: AP

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el vóley playa se jugó en el Horse Guards Parade, en pleno centro de Londres. La arena provenía de una cantera de Surrey. En los Juegos de Pequín 2008, las 17.000 toneladas de arena llegaron desde la Isla Hainan, en el Mar de la China Meridional. Para los Juegos de Atenas 2004, como las maravillosas playas griegas eran demasiado pedregosas, la arena debió llevarse desde una cantera de Bélgica.

Al igual que con la playa Bondi, Australia, sede de los partidos de vóley playa en los Juegos de Sydney 2000, Knapton y los organizadores olímpicos de Río 2016 decidieron que la arena de Copacabana era lo suficientemente buena. De todos modos, traer arena de otra parte habría violado las leyes medioambientales de Brasil. Sólo les permitieron agregar arena en las playas de Copacabana para aplanar y nivelar una superficie que naturalmente tiene una suave pendiente hacia el mar.

Allá por 1987, en la vecina playa de Ipanema se realizó el primer torneo de envergadura de vóley playa de la FIVB. En 1993, un año después de que el vóley playa fuese parte de los Juegos como “deporte de demostración”, el campeonato mundial de la FIVB se realizó en Copacabana. Los dirigentes del Comité Olímpico Internacional (COI) estaban presentes, y rápidamente decidieron incluir el deporte en los Juegos de Atlanta 1996, donde se convirtió instantáneamente en una práctica muy popular y amena de ver por televisión, que permitía intercalar la seriedad de los deportes de estadio con la diversión y el colorido de los uniformes playeros.

Desde entonces, casi todos los eventos internacionales de vóley playa que llegan a Río se realizan en Copacabana.

“Esta arena es considerada la mejor que hay aquí en Río”, dice Fernando Marques, delegado del COI para el vóley playa en Río 2016, pero sin desmerecer los granos de arena de las cercanas Ipanema, Leblón, Botafogo y media docena de playas de primer nivel. “La arena de estas playas ha sido aprobada en todos los eventos del FIVB. Esta arena es nuestro punto fuerte.”

Fuente: EFE

Pero antes de los Juegos de Río hubo otros factores que considerar, más allá de la calidad de los granos. A las cadenas de televisión, por ejemplo, les importa el color: si es demasiado blanca, brilla demasiado, y si es demasiado oscura, parece sucia. Pero el color de las arenas de Copacabana es perfecto, y como dice Knapton, la arena puede teñirse de casi cualquier color, pero eso no está prohibido en la mayoría de las playas naturales.

Pero la arena de Copacabana sí está sucia. De hecho, en abril los organizadores debieron cercar un sector de esa playa para construir el actual estadio temporario de 12.000 butacas. Los trabajadores tamizaron la arena del sector incontables veces, con ayuda de las máquinas usadas por la ciudad para limpiar las playas de colillas de cigarrillos, tapitas de botella y otros desechos. Otras máquinas hicieron un trabajo más fino, cavando hasta 40 centímetros de profundidad. Y ese es un trabajo incesante que será parte del paisaje mientras duren los Juegos.

(Parte de la suciedad es invisible. En Copacabana, como en las demás playas de Río, la arena contiene altos niveles de virus, consecuencia del inadecuado tratamiento de las aguas servidas y cloacales de la Bahía de Guanabara. Pero los jugadores no lo consideran un problema.)

Los mejores jugadores del mundo dicen que Copacabana es perfecta para el juego tal como está.

“Mi playa es Ipanema”, dice Pedro Solberg, contendiente brasilero por la medalla olímpica en vóley playa. “Pero la playa más hermosa del mundo es Copacabana. Yo amo Copacabana. Y además, la arena es muy profunda. Los aterrizajes son profundos. Es muy bueno que la arena sea profunda.”

Los jugadores no saben demasiado del tamaño de los granos de arena, pero sí les importa cómo se siente al tacto debajo de sus pies. La profundidad es un tema, pero no la profundidad literal de la capa de arena sobre la tierra, sino la profundidad a la que se hunde el pie ante cada paso.

“Cuando la arena es muy dura, el nivel de juego de los equipos tiende a equipararse”, dice Solberg después de una práctica en Ipanema. “Cuando la arena no es lo suficientemente profunda, cualquiera puede ganar. Cualquier salta muy alto, cualquiera puede pegarle con fuerza a la pelota. Pero si la arena es profunda, hay más oportunidades de desplegar tácticas de juego.”

¿Playa Hermosa? Profunda. ¿Copacabana? Profunda. Playa Portugal es realmente profunda, dice Solberg, quien también sabe con exactitud en qué parte de Ipanema, donde él practica, se puede encontrar la arena “más profunda”, o incluso en Leblón, la playa vecina.

Lo que no puede explicar Solberg es por qué es profunda. Para eso, hace falta consultar al hombre de Canadá.

“La arena adecuada y de buen tamaño no es sucia, no se pega y se lava con facilidad”, dice Knapton.

“Si alguien va con su hijo de 5 años a un torneo de la FIVB, el chico no podrá jugar a construir castillos de arena, porque es una arena que no mantiene junta, se desarma.”

Cuando su empresa suministra la arena para eventos no deportivos o para sitios de práctica de vóley playa permanentes, esa arena es sometida a una serie de siete tamizados, por los que no pasa nada que mida más de 2 milímetros de diámetro. Entre un 80 y un 92 por ciento de la arena debe tener entre 0,5 y 1 milímetro (arena gruesa) o 0,25 y 0,5 milímetros (arena media).

Como en las recetas de cocina, esas medidas pueden ajustarse dependiendo del gusto o del entorno en que será utilizada. Como un enólogo, Knapton a veces mezcla diferentes tipos de arena para crear el mejor “blend”.

Para los Juegos de Río 2016, Knapton testeó muestras de la arena de Copacabana, que arrojó resultados que se acercaban mucho a las especificaciones que él mismo estableció hace 20 años.

“Copacabana es prácticamente ideal”, dice Knapton. “Y que se trate de una playa natural lo convierte en un hecho único.”

Traducción de Jaime Arrambide

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