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TOKIO.- A River sólo le quedó la tristeza y el desconsuelo, sin margen para las excusas ni para los engaños. Le dolió tanto la derrota como la indiscutible evidencia de haber sido inferior a Juventus. En el momento del recuento, si hubo algo que no resistió ni la más mínima discusión en la noche japonesa, fue la notoria superioridad de los italianos. El campeón de Europa extendió sus dominios al resto del mundo con una avanzada futbolística que mereció reconocimiento y respeto.
El River de América, el que se pasea altivo y goleador por el campeonato Apertura, no pudo ni le dieron la ocasión para aspirar a algo más que no fuera una derrota digna. Juventus marcó claras diferencias en los cuatro meridianos del universo de un partido: en lo físico, técnico, táctico y psicológico.
El resultado fue exiguo y mentiroso para medir las distancias que hubo entre uno y otro equipo. De no mediar las oportunas tapadas de Bonano o la falta de justeza en la definición del equipo italiano, la victoria pudo haber sido más amplia. Y no hubiera desentonado con el desarrollo. En síntesis, River la sacó barata, porque ni siquiera el resurgimiento que mostró en algunos pasajes del segundo tiempo alcanzó para modificar su irreversible destino de derrota.
Se suponía que el romance que River venía teniendo con la pelota, a través de jugadores como Ortega, Francescoli, Monserrat y Cruz podían complicar a su rival. Pero Juventus no le dio esa posibilidad; de entrada lo atoró con una presión sostenida y homogénea. De entrada puso a su defensa casi en la línea central y ahogó a River, con el anticipo de los defensores y el quite y la dinámica de Di Livio, Deschamps y Jugovic.
River no encontraba la pelota con ninguno de los hombres, se veía asfixiado y perdía los rebotes ante un rival que siempre estuvo mejor parado y llegaba un segundo antes a todas las jugadas. Juventus no sólo era despliegue físico; su fútbol cobraba vuelo cuando se buscaban Zidane, Del Piero y Boksic. Por precisión y velocidad, cuando estos tres se juntaban, River temblaba. Boksic encaraba y abría surcos en la defensa aunque no acertara en la puntada final.
Así, Bonano comenzó a salvar a su equipo; tres veces a los pies de Boksic y otra Sorin salvó a su arco cuando el remate de Zidane iba en camino al primer gol. Había pasado la media hora inicial y River sólo podía salir del encierro forzando corners. Un dato elocuente que vale más que mil explicaciones: el primer tiro al arco de un jugador riverplatense fue a los 38 minutos, a través de Francescoli.
El primer tiempo le dejaba una gran preocupación a River, pero no tenía de que quejarse puesto que el 0 a 0 era un resultado benigno.
Globalmente, el equipo turinés siguió siendo más sólido, pero al menos River pudo salir del asedio al comienzo de la segunda etapa. Monserrat y Francescoli levantaron el nivel, mientras que la cabeza de Ayala devolvía los envíos aéreos y la pelota pasaba más tiempo en el campo de Juventus.
Igual, el conjunto de Núñez no consiguió lo que en la Argentina le resulta más sencillo que respirar: ser profundo y crear situaciones de gol; sólo arrimó con centros. Demasiado poco para un equipo que está acostumbrado a ponerse cara a cara con los arqueros, varias veces por partido. Juventus contestó un par de veces, con Boksic y Del Piero, y Bonano volvió a interponerse en el gol que parecía inevitable. Igual ya no era un monólogo de los italianos y cuando Francescoli y Ortega se encontraron en el área, un centro del jujeño rebotó en el travesaño. Pero cuando parecía que River iba a plantear la discusión de igual a igual, la exacta definición de Del Piero desde el vértice del área chica puso la ventaja que debió concretarse mucho antes.
Herido, River apeló al amor propio; empujó con lo que le quedaba pero la hazaña quedó lejos porque incluso Juventus pudo aumentar de contraataque. River veía irse el partido y la copa, y por respuesta sólo tenía resignación y dolor. En el resultado, no fue paliza, pero en la cancha...
Si River no perdió por una diferencia más abultada, en buena medida se lo debe a Roberto Bonano (8 puntos). Fue el único del equipo de Ramón Díaz que estuvo a al altura de un compromiso internacional de esta envergadura. Le ahogó el grito de gol a Boksic en cinco oportunidades, muchas de ellas tapando a sus pies; también contuvo en dos tiempos un difícil cabezazo de Del Piero y en el gol de éste no tuvo ninguna responsabilidad. Con Bonano, River parece haber encontrado una solución en un puesto que últimamente le trajo muchos problemas.
A Hernán Díaz (4) se lo vio flojo en la marca -en el primer tiempo, Juventus aprovechó las ventajas que daba en su sector- y rara vez pudo proyectarse. Celso Ayala (6) se vio superado varias veces cuando Boksic lo encaró con pelota dominada, pero ganó siempre en el juego aéreo y mostró personalidad cuando River intentó recuperarse en el segundo tiempo. Eduardo Berizzo (6) también quitó y quedó desairado en partes iguales. Juan Pablo Sorin (5), extremadamente impreciso con la pelota, fue desbordado por los veloces ataques del equipo italiano.
Roberto Monserrat (5) quedó a la sombra de Jugovic, aunque en la segunda etapa mejoró un poco; en ataque no fue ni por asomo lo que demuestra domingo tras domingo en el campeonato argentino. Leonardo Astrada (5) estuvo muy solo la mayoría de las veces para presionar ante la movilidad del rival. Con Sergio Berti (4), Di Livio se movió a gusto por la izquierda; descuidó a su hombre y no aportó nada en la ofensiva. Ariel Ortega (5) rindió bastante menos de lo esperado, no apareció cuando River necesitaba de su gambeta para el desequilibrio. Julio Cruz (4), si bien no estuvo bien asistido ni acompañado, dio la sensación que la final le quedó grande. Enzo Francescoli (5) recompuso un poco su imagen en el segundo tiempo con algunos toques de su innegable calidad, pero la presión de Juventus lo obligó a retrasarse, por lo que perdió influencia.
Leonel Gancedo jugó poco más de 15 minutos por la izquierda e intentó manejar la pelota más que lo que hizo Berti. Marcelo Salas ingresó a 7 minutos del final y, quizás, hubiera merecido entrar con mayor anticipación.
El nuevo campeón intercontinental tuvo sus figuras en sus hombres más ofensivos. Cuando se juntaron el francés Zidane (8), Del Piero (8) y el croata Boksic (7) armaron ataques veloces y precisos. Zidane tiene un gran dominio de pelota y sabe explotar a sus compañeros de ataque. Del Piero, aún con algunas discontinuidades, puede resolver un partido con sus notables apariciones, y de hecho lo hizo al tomar un cabezazo y definir con un exacto tiro cruzado. Boksic fue muy importante para abrir la defensa rival, pero varias veces falló en la definición.
Los otros mediocampistas de Juventus, Di Livio (7), Deschamps (7) y Jugovic (6), resultaron un importante soporte por su pressing sostenido y dinámico para aparecer por los sectores vacíos. La defensa, formada por Torricelli (6), Montero (6), Ferrara (6) y Porrini (5), se mostró rápida y segura. En el arco, Peruzzi (6) no tuvo mayor trabajo y sólo puede reprochársele que, ante un remate de Ayala, haya devuelto la pelota al medio como si se tratara de una pared.
Por último, el árbitro brasileño Marcio Rezende cumplió una buena actuación; siguió el juego de cerca y no se equivocó casi nunca. Su único error fue no haber expulsado a Jugovic que, estando amonestado, le cometió en el segundo tiempo una violenta infracción a Monserrat, que hubiera significado la segunda amarilla. En total amonestó a seis jugadores: Astrada, de River, y Torricelli, Montero, Porrini, Jugovic y Zidane, de Juventus.


