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River dejó rápidamente atrás el mal trago que soportó en Tokio, al caer frente a Juventus: ayer, en su estadio, dio una exhibición de fútbol y le ganó 5 a 1 a Ferro Carril Oeste, con lo cual recuperó la punta del campeonato.
Los de Núñez superan ahora por dos puntos a Lanús y por tres a Independiente, no obstante tener dos partidos menos que éstos. Ortega, Salas, ambos en dos ocasiones, y Monserrat, marcaron los tantos de River. El de Ferro lo hizo Reggi.
En el clásico de la jornada, Racing, como local, venció 4 a 2 a Boca, acentuó la crisis que soporta el conjunto de la ribera y volvió a sembrar de dudas la continuidad del técnico Carlos Bilardo, quien al cierre de esta edición estaba reunido con dirigentes de la entidad en medio de versiones que señalaban que su situación es insostenible.
Otra escenografía, otro adversario, otro título y otro nivel. De todo ello se aprovechó River para quitarse de encima el estigma de la Juventus y para recuperar ese halo semiinvencible que lo rodeaba antes de su fallida excursión por Tokio.
En un cajón dejó archivada la excusa del cansancio y de los días necesarios para contrarrestar cada hora de diferencia con las antípodas. No la necesitó.
Sin desgastarse y casi con suficiencia, demostró la diferencia entre el fútbol de cabotaje y el internacional. Sin proponérselo, dejó en claro que la velocidad y la jerarquía de puertas adentro se encuentran demasiado lejos de lo que se practica del otro lado el océano.
Sin ánimos peyorativos, y aún ante el riesgo de resultar obvios, diremos que Juventus no es Ferro, que una comparación entre el choque intercontinental y el fútbol en la Argentina no posee siquiera un mínimo de lógica, y que, quizá por ello, River no duda en atacar en el país como sí lo pensó en Japón.
Ortega volvió a jugar "de desequilibrante", Monserrat recuperó su dinámica, Ayala resultó impasable por alto y por bajo, Salas no dejó escapar ni una oportunidad...
Mitad porque había que borrar la imagen que vio el mundo y mitad porque sólo así podía recuperar el liderazgo vernáculo, River no dudó y aniquiló a Ferro en 22 minutos.
Tres goles en menos de media hora y una diferencia de juego abismal entre ambos conjuntos quedaron en evidencia por la endeblez defensiva de Ferro y por la contundencia ofensiva que recuperó River, que hasta se dio el lujo de jugar el primer tiempo con sólo tres defensores (Lombardi, Berizzo y Ayala), con Sorin en el medio y con tres delanteros (Ortega, Cruz y Salas).
Ferro se descuidó de entrada y nunca más supo cómo tomar a los atacantes locales. La idea manejada en la semana era hacer hombre en zona. Paredes tomaría al que se moviera por la izquierda del ataque de River y Vitali haría lo mismo con el que apareciera por la derecha. Pero...
A cuatro minutos del comienzo Francescoli envió un centro perfecto para la cabeza de Ortega y la goleada comenzó a tomar forma ante la mirada de Nicotra y Goncálvez. Enseguida llegó el 2 a 0 de Salas y, diez minutos más tarde, la puesta en escena de la táctica de Garré falló por tercera vez: Cruz le sacó a Vitali dos metros en una baldosa y dejó solo a Salas. 3 a 0 en 22 minutos y a pensar en el que sigue.
El descalabro defensivo de Ferro empezó a jugar de manera inversamente proporcional con la potencia del ataque de River. Hasta que los muchachos que conduce Ramón Díaz sintieron las 30 horas de vuelo y la diferencia horaria con Japón, y se cansaron a cuenta por todo lo que afrontarán en los próximos días.
Empezaron a caminar y a mover la pelota con una tranquilidad casi exasperante. De izquierda a derecha, de Lombardi a Sorin, de Astrada a Berizzo... siempre en su defensa. Hasta que, de pronto, aceleraba y hacía temblar a todo Ferro.
A Astrada no se le escapaba ni uno en la media cancha, Ortega quebraba la cintura y desacomodaba a todos, Salas aprovechaba cada centímetro del terreno y, si alguno fallaba, Ayala y Bonano se encargaban de enrostrarle el liderazgo a Ferro.
En ese contexto, River dio el handicap de actuar con un Francescoli que entró poco en juego. Y no es poco regalar el talento del uruguayo como ventaja.
Igual, como la táctica que pone en el campo es tirar una pelota y que las individualidades definan, a los locales les alcanzó con el desnivel que producían Ortega, Astrada, Salas, Monserrat y unos pocos más.
En su defensa ofrecían grietas. Lombardi se complicaba solo, Sorin no sabía dónde pararse y a Berizzo le costaba cubrir los espacios. Pero Ferro tampoco tenía cómo desnivelar. Reggi carecía de compañía y Bustos se enredaba con sus gambetas, así que la diferencia no corría riesgos. De cualquier manera, pudo y hasta mereció marcar otro tanto Ferro.
Aunque siempre resultó River el que decidió en qué parte del terreno jugar. Hasta cuando se quedó con uno menos por la lesión de Gancedo (ya se habían realizado los tres cambios).
La cuestión es que necesitaba ganar y lo hizo. Estaba obligado a esconder la diferencia que le había sacado Juventus y la dejó en un segundo plano. Lo ayudaron Ferro y sus serios problemas defensivos, eso sí. Pero no por ello se debe ignorar que, en la Argentina, es difícil seguirle el tren a River.
Oscar Garré podría dejar de ser el técnico de Ferro, porque ayer, además de ser el último día de su contrato, en las elecciones presidenciales del club perdió el candidato oficialista, Felipe Evangelista.
"Yo no estoy ni con Evangelista ni con Corso; yo soy amigo de todos y estoy con todos... si hace 25 años que soy parte de Ferro", había dicho Garré en el vestuario del conjunto de Caballito, poco tiempo antes de que se conociera el resultado de los sufragios, que por 174 votos (1201 a 1047) dio como ganador a Marcelo Corso, nuevo presidente de Ferro durante los dos próximos años. Dicho sea de paso, Corso estará acompañado por Raúl Tauz y Guillermo Sosino como vicepresidentes 1° y 2°, y todos asumirán el martes próximo, a las 19.30, en el gimnasio del club.
Al margen de la situación incierta de Garré a partir de los resultados electorales, la flamante conducción del club optaría, en principio, por no hacer cambios en la dirección técnica. Sin embargo, no habría que descartar futuros contactos con alguien que hizo historia en Caballito: Carlos Griguol.
"Conmigo, de la lista opositora, nadie habló. No tengo problemas en seguir, pero si no me quieren, me iré a otro lado", señaló Garré. Y agregó:"No sé qué va a pasar. Hoy terminó mi contrato y hay que ver qué pasa cuando se sepa el resultado de las elecciones". Al respecto, un dato curioso:votaron Natalia Denegri, Rolo Puente y Jorge Martínez.
Más allá de lo que ocurra con el futuro del entrenador, la goleada ante River repercutió psicológicamente en los hombres de Ferro. "Estoy destruido", dijo Rocha; "nos mataron de contraataque", se lamentó Nicotra.
Y otros, hasta perdieron la objetividad:"El partido tendría que haber terminado 5 a 4, si nosotros llegamos un montón de veces", aseguró Claut. O: "Les jugamos de igual a igual", analizó Garré. En fin...
En lo que sí coincidieron fue en el descalabro defensivo:"Queríamos tomarlos en zona, pero nos convirtieron enseguida, y cuando salimos a buscar el descuento les dejamos demasiados espacios. Y eso, con River, es lo mismo que suicidarse", comentó Nicotra.
Ramón Díaz quiere tener a sus jugadores para lograr el título y niega una guerra interna; Sorin, con Passarella
ELl técnico de River siempre da tela para cortar. Fiel a su estilo cada vez que habla instala una controversia. Con el tema de la convocatoria de sus jugadores para el seleccionado opinó de una manera diferente a la que expresó un tiempo atrás cuando sus conveniencias eran otras.
Ayer, en el sofocante calor de la antesala de los vestuarios locales, en el estadio Monumental, el técnico agregó un poco más de leña al fuego: "La selección es muy importante, pero también lo es lo que está jugando River en estos momentos en que debe luchar por lograr el campeonato y jugar una seguidilla de partidos que obligan a un esfuerzo extraordinario. Yo pienso que la idea de postergar o la finalización del certamen o la fecha del domingo próximo no es un capricho, si no algo lógico de entender".
Cuando se le planteó qué ocurriría si finalmente River no logra extender los plazos y debe ceder sí o sí a los cinco futbolistas (Hernán Díaz ya no podrá actuar ni en River ni en el seleccioando a raíz de su operación de apendicitis) el próximo jueves, es decir 24 horas despues del match ante Racing, Ramón Díaz, sonrió y respondi{o: "Yo creo que se va a llegar a un acuerdo. Entiendo que los dirigentes de River entre hoy y mañana van a tener reuniones importantes que pueden solucionar todo".
Aunque no lo diga, el riojano ahora piensa en el futuro de River más que en el partido de la selección frente a Chile. Y lo reafirma su visión de la actuación de River ante Ferro: "La gente quiere otro campeonato, porque la idea de todos es volver a Japón para jugar otra vez la Copa del Mundo. Por eso es que necesitamos tener todo el potencial del equipo disponible".
Otro tema "caliente" para considerar con Ramón Díaz, era el del cuestionamiento que le habrían hecho sus propios dirigidos tras la derrota con Juventus. El entrenador trató de quitarle trascendendcia a la versión: "El grupo está unido. Todo lo que se diga son especulaciones de ciertos periodistas que desde hace mucho tiempo, casi desde el mismo día que asumí, me quieren voltear. Siempre me criticaron, aún en los triunfos y en el buen juego del equipo. Por eso prefiero no entrar en el juego de las intrigas. Prefiero que se juzgue la actitud del equipo dentro de la cancha y hoy (por ayer) usted vio lo que rindieron los jugadores hoy, pese al largo viaje y a la reradaptación al horario".
Uno de los hombres convocados por Passarella, Juan Pablo Sorin, expresó claramente su opinión sobre la alternativa River o el seleccionado: "Si no se llega a ninguna solución, yo deseo jugar sí o sí para la Argentina. Y no pretendo crear ningun conflicto con River, por favor que se entienda bien, simplemente digo que si todo sigue como hasta hoy, mi postura es integrarme al seleccionado".
Como demostración de que los plazos fijados por Passarella para tener los jugadores a su cargo debería tener alguna flexibilidad, vale la pena considerar la situación de Celso Ayala, en el seleccionado de Paraguay que debe enfrentar a Bolivia, en La Paz. El defensor fue claro: "Hablé con los dirigentes y me dijeron que pese a que todo el plantel estará en la altura diez días antes del partido yo puedo integrarme hasta cinco después".


