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CORRIENTES.- La marcha triunfal no conoce de freno. Desbocado en su carrera de campeón, River suma goles y victorias. Va sobre los rieles del éxito sin descarrilarse por falta de motivación. Renueva sus ganas ante cada partido. O frente a viejas deudas,como en este caso que tuvo que regresar por su camino para remover la piedra dejada en esta ciudad. Decidido a sacarse de encima el molesto recuerdo de su paso anterior, de aquella absurda agresión que sufrió Bonano el 13 del último mes, River también puso al Huracán correntino en el sobrecargado lote de perdedores. Fue, conquista de Berti mediante, un 2 a 1 el que el equipo de Ramón Díaz dejó para la estadística de este partido de dos tandas que perteneció a la decimocuarta fecha del Apertura.
Un pique en el centro de la cancha puso en marcha de nuevo este cotejo, que estaba igualado con los goles de Escudero y Alsina. Y los primeros 32 minutos aportaron sólo motivos para el bostezo. Por un lado, los locales tocaron sin profundidad. Del otro, River corrió en círculos, como si estuviese todavía en plena vuelta olímpica. Encima, un campo que aguantó la lluvia de los últimos días no ayudó a que se armasen buenos movimientos. Casi fue un complot para aburrir a todos.
Por suerte, River se despertó. Se acordó de que aquí estrenaba su vigésimo quinto título. De que necesitaba ganar para seguir en busca de ser el equipo más efectivo de la historia de Núñez. Y Solari entró más en juego. Salas no se quedó sólo en su papel de goleador y empezó a armar ataques. Berti apoyó con despliegue. Se formó así el triángulo que fue la cara principal del cuerpo ganador de River.
Dos de sus aristas se unieron a los 20 minutos de ls segunda etapa para darle forma al triunfo. De una notable habilitación de Salas partió la arremetida de Berti, quien se metió entre dos defensores y tocó sobre el arquero Sessa. Fue un acto de justicia, porque la decisión final de los visitantes mereció un premio superior a un Huracán demasiado conforme con mantener el empate.
Hasta pudo aumentar River. Pero Medina Bello se puso otra vez las anteojeras, no vio que por los costados lo acompañaban dos compañeros y anuló un ataque por su tozudez. De todas maneras, por aquí River se mantuvo como fiel compañero de la victoria. Una amiga que lo acompaña a todos lados.
CORRIENTES (De un enviado especial).- El ambiente fue totalmente distinto a aquella noche del 13 de noviembre último. Se respiró otro clima. Hubo mayor seguridad (150 policías más que en el primer capítulo de la historia) y un total de 350 uniformados (200 adentro y 150 afuera de la cancha) vigilaron rigurosamente y le dieron la necesaria tranquilidad a los visitantes.
Castrilli también trató de evitar roces y resquemores y a tanto llegó su celo que decidió comenzar el segundo tiempo aunque la televisión no le había dado el visto bueno para reiniciar el partido.
El personaje más buscado, antes y después del encuentro, fue el arquero Roberto Bonano. El rosarino nunca se disfrazó de héroe. Con total tranquilidad dijo lo suyo: "En ningún momento sentí miedo. Sabía que mi agresión había sido obra de un inadaptado y que los correntinos esta vez iban a tratar de que nada anormal ocurriese. Cuando llegamos apreciamos que todo estaba bajo control y eso no s dio la tranquilidad necesaria como para estar en la cancha frente a un rival más, y ante un partido que debíamos ganar jugando de la mejor manera posible. Por suerte fue así y en l o personal me voy muy conforme. Las pesadillas quedaron atrás".
Nada del seleccionado Pero Bonano tenía reservada una sorpresa: no quiso hablar de su convocatoria para el seleccionado nacional sencillamente porque no creyó en los dichos de los periodistas y allegados a River. El arquero insistió: "Solamente voy a creer que integraré el plantel argentino cuando Passarella me lo comunique oficialmente el lunes. No tengo que comentar nada sobre una posibilidad, voy a esperar que todo se concrete".
Increíble, pero cierto.
Con la rapidez que provocó la inminente salida del vuelo charter rumbo a Buenos Aires, los jugadores y el técnico Ramón Díaz fueron entregando sus opiniones.
Santiago Solari, por ejemplo, aseguró que River debía jugar bien y ganar para respaldar su prestigio y seguir sumando puntos importantes. En cuanto al "peso de la camiseta", el joven volante expresó: "No lo siento como una carga llevar la número 10, pero si lo tomo con gran responsabilidad porque la vistieron jugadores ilustres".
Ramón Díaz repitió que el encuentro había sido muy difícil, que no se podía arriesgar el prestigio y que "por suerte pudimos seguir con la racha de triunfos"
