

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


BURTON-UPON-TRENT, Gran Bretaña.– Cuando Agustín Creevy asumió la capitanía de los Pumas tenía sólo dos partidos como titular. Un año después de aquel encuentro ante Sudáfrica, el 16 de agosto de 2014, en Pretoria, cuando llevó la cinta por primera vez, no hay dudas respecto de sus dotes de liderazgo. Su elección encajó con el cambio de paradigma que introdujo Daniel Hourcade como entrenador: nuevo estilo de juego, pero también una importante renovación de jugadores, la mayoría provenientes de los Pumitas y Pampas XV. A los 30 años, Creevy encajó a la perfección como nexo entre los más experimentados y los más chicos, liderando desde el ejemplo.
"Estoy disfrutando mucho el grupo, el día a día, trato de estar mucho acá. Mi familia está en Inglaterra, mi mujer, mis padres... y no los veo mucho porque quiero disfrutar 100% de esto", cuenta Creevy, en la rueda de prensa. "A mí me gusta estar enfocado en esto, disfrutándolo a mi manera. Estuve en la semana antes del partido con Georgia bastante nervioso; me salió un herpes. Después pasó y hoy lo disfruto mucho. El equipo me está haciendo las cosas fáciles."
Cuando estaba en el poderoso Clermont, de Francia, pero jugaba poco, no dudó en sumarse al primer equipo de Pampas XV, en 2010, para tener rodaje y cumplir su sueño de jugar el Mundial de Nueva Zelanda. Ahora desea ser campeón del mundo. "Yo creo que podemos llegar hasta lo más alto. Podemos llegar a ser campeones del mundo. Sueño con eso. No sé si lo vamos a cumplir", repite.
Hincha fanático de Estudiantes, cuenta que cuando se jugaba el clásico con Gimnasia su mamá no le hacía la comida y afirma que los Pumas tienen mucho de la mística Pincha: "Con Tuculet y Galarza somos tres. Como buenos bilardistas somos muy cabuleros. Y Aspirina [Raúl Pérez], que es de Central, también: si un line-out sale bien en un lugar de la cancha, hay que repetirlo en el mismo lugar. También soy muy amigo de Verón [Juan Sebastián], pero no va a venir a vernos. No se puede cortar la cábala".
–¿Tenés algún lugarteniente?
–Obviamente que el capitán no está solo. El capitán siempre durmió solo en su habitación, pero a mí no me gusta, me aburro, me golpeo la cabeza contra la pared. Mi compañero de cuarto es Lucas González Amorosino, pero para cada cosa tengo un aliado: Leo [Senatore] es mi amigo, están Marta [Landajo], el Flaco Galarza... Y después si les tengo que preguntar algo a los más grandes están Juani [Hernández], Legui [Leguizamón], Corcho [Fernández Lobbe]. Pero las decisiones las trato de tomar yo. Y una persona que me ayuda es el Cheto Santamarina, que me da tranquilidad y nos divertimos mucho juntos.
–¿Cuál fue la decisión más difícil que te tocó tomar?
–Las decisiones difíciles fueron adentro de la cancha. Como hooker siempre estoy más en la cocina que mirando alrededor. Hay momentos que tengo que tomar una decisión. Puedo escuchar, pero yo tengo que decidir. Cuestiones deportivas, como si ir a los palos o al line.
–Sos una persona muy alegre. ¿Cómo conjugás eso con imponer autoridad?
–En la cancha, tanto en el partido como en los entrenamientos, no me van a ver jodiendo. En ese momento es en el que nosotros aprendemos y tenemos que mejorar y si hay alguien que tiene que dar el ejemplo, soy yo. Cuando tenemos que entrenar se entrena. No hay bromas.
–¿Qué mensaje les transmitís a los más chicos?
–Yo no soy quién para darles consejos a los más chicos, pero sí les puedo ir diciendo qué cosas me parecen bien o mal. Hay chicos que tienen 20 años. Se van a confundir. Yo me confundía. Me he quedado dormido con el Tano Loffreda y no me lo olvido más. Con los más grandes tratamos de hacérselo entender, sin que sea un régimen militar. Hoy los chicos vienen diferentes, están más con el celular, están más distraídos, y, entonces, hay que tratarlos de una forma que les lleguen las cosas.
–Desde que sos el capitán cambió radicalmente la postura respecto al uso de redes sociales en el plantel. ¿Es importante?
–A mí me gusta mucho abrirme a la gente, siempre y cuando no llegue a algo tan íntimo. Me parece que es algo necesario. Si hubiésemos prohibido las redes sociales hubiésemos estado tapando el sol con el dedo. Yo tengo mi página de Facebook; ahí expreso lo que sentí en cada partido. Me parece que está bueno porque llega a la gente. O puede pasar como pasó con Maradona, que había más gente en contra que a favor por una cuestión de que era público muy de rugby que no quería mezclar lo que era la vida de Maradona con lo que era para nosotros un jugador de fútbol. Son cosas que está bueno saberlas, pero yo lo volvería a hacer. Las redes sociales son una necesidad que nos divierte y nos llega a todos.
–¿Qué te gusta y qué no de ser capitán?
–Lo que más me gusta es todo: el orgullo de tener ese título marcado en el pecho. Es el orgullo máximo. Y sentir que el equipo te responde y que salen las cosas es una satisfacción muy grande. Y lo que menos me gusta… nada. Porque sigo siendo como era yo antes. No cambié en nada. Por ahí me pone un poco nervioso dar discursos en frente de mucha gente.
–¿Te involucrás en el armado del equipo?
–Trato de no meterme mucho. Pueden venir Daniel [Hourcade] o el Asper [Raúl Pérez] a preguntarme a ver qué es lo que a mí me parece en algún momento o de un jugador en particular, pero el equipo lo arman ellos. Yo en eso trato de no meterme. Ellos son los que saben y yo prefiero jugar.
–¿Tuviste que tomar alguna decisión que no te gustó?
–Me ha pasado alguna vez y la verdad que fue duro. Ahí hay que pensar qué es lo mejor para el equipo y no lo mejor para uno. Hay que tratar de sacar lo que es el corazón y poner la cabeza para ver qué es lo mejor para ese momento del equipo.
–¿Jugar contra Namibia les viene bien para descansar a algunos?
–El descanso va a estar bueno para nosotros. Hace mucho que venimos acumulando desgaste físico, nos sentimos un poco cansados. El otro día en el scrum eran muy pesados ellos y nos sacaban un poco de piernas para correr, y eso viene acumulándose todos los partidos. Creo que es oportuno descansar un poquito y también darles rodaje a los chicos que todavía no tuvieron la oportunidad de jugar para que sean parte de un partido de Mundial. Hoy todos están en un nivel muy bueno y, lamentablemente, las reglas de juego son que sólo entran 15 en la cancha. A mí me encantaría jugar todos los partidos, pero puede ser que descanse un poco. Yo estoy a disposición de los entrenadores.
–¿Cuál es el objetivo de ese partido?
–Lo que venimos haciendo con todos los adversarios: tratar de corregir los errores que venimos cometiendo y crecer como el equipo que queremos ser. Crecer para el partido de los cuartos de final y seguir construyendo ese ataque que cuando sale, sale bien.
–¿Cuáles son las tres virtudes principales de este plantel?
–La honestidad, sobre todas las cosas. Es una transparencia muy grande la que tiene este equipo. El compañerismo. Y que es un grupo muy divertido y muy sano. Y agrego una más: es un equipo muy trabajador.
–¿Pensás que con lo que hicieron hasta acá les alcanza para vencer a Francia o Irlanda?
–Este equipo no tiene techo. Tuvimos errores por cuestiones de nervios, pero cuando estamos con confianza, el equipo puede. En cada partido crecemos. Y un cuarto de final con el hambre que tiene este equipo, a mí no me importa contra quién sea, si contra Francia o contra Irlanda. Lo que tiene este equipo es que va a pelear contra esos errores, los va a superar. Esperemos que ese partido sea brillante.
–Ése es el partido…
–Ése es el partido. Venimos paso a paso, pero ése es el partido.
–¿Crees que les pueden ganar a los All Blacks en una hipotética final?
–En el debut perdimos por 10. En una final del mundo contra este equipo te quiero ver. Pero nos estamos yendo mucho de foco. Me estoy poniendo nervioso. Primero hay que concentrarse en Irlanda o Francia.
–¿En qué momento se demostraron que puede ser campeones?
–Desde que el ganamos a Australia, a Francia. Cada triunfo y cada vez que íbamos creciendo queríamos más. No es que nos quedamos tranquilos y dijimos ‘ya está, ganamos’. Terminaban esos partidos y había autocrítica sobre lo que habíamos hecho mal. ‘Tenemos que hacer esto y esto para ser los mejores’. Y a eso vamos. Estamos dejando todo para ser campeones del mundo. Ojalá. Ya casi estamos entre los ocho mejores y ahí veremos.


