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La escena se repite cada martes y jueves por la noche: el anexo Arturo Rodríguez Jurado del San Isidro Club, en Boulogne, desborda de jugadores. El club sanisidrense es uno de los más poblados del país y cerca de 650 rugbiers se preparan para cada fin de semana. Pero hay otra situación cuya rutina es similar: en la cancha N° 3, casi a oscuras, transpiran otros hombres de rugby. Se trata de un grupo de árbitros de Buenos Aires, que también cumple con su obligación para estar en buenas condiciones cuando sea la hora de decir presente en un campo de juego. El panorama –de los jueces entrenándose dos veces por semana– también se da en el Club San Cirano, en el Cenard y en la ciudad de La Plata.
Son los personajes más cuestionados, a los que más se critica –pasa en cualquier deporte–, pero poco se conoce sobre los sacrificios que hacen los referís para estar en una cancha. Desde hace un año, la asociación bonaerense de árbitros (Arurba) puso en práctica un proyecto integral de formación para su plantel de 180 asociados. El programa tiene muy pocos referentes en el mundo; las naciones que más avanzaron en este tema son Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra (allí, muchos de los árbitros son profesionales).
Antes de comenzar la temporada, a cada juez se le hace un chequeo físico y médico; con los resultados de los exámenes se arman los tres niveles y las exigencias se regulan de acuerdo con las aptitudes. La tercera cita semanal de perfeccionamiento se desarrolla los lunes, en la sede de la Arurba, donde se profundiza en el conocimiento de las reglas. En la capacitación técnica se realizan los cursos de la International Board en sus tres niveles. Y tienen otra prueba por sortear: sus actuaciones son evaluadas periódicamente en la cancha por sus formadores.
“Nosotros sabemos que somos el blanco de todos, y lo tenemos asumido con total naturalidad. Pero se debe saber que ningún improvisado llega a dirigir en primera división; la trayectoria previa es, por lo menos, de unos cinco años, y en ese tiempo deben pasar distintos exámenes”, cuenta Efraim Sklar, titular de la Arurba y ex árbitro con una reconocida trayectoria.
Desde la ejecución de este programa se produjo un cambio cultural en los árbitros que, de a poco, se fueron comprometiendo con su preparación. Actualmente, el porcentaje de adhesión asciende al 70%. “Los resultados están a la vista; los progresos que se lograron son notables. Esto nos permite desarrollar más eficientemente nuestra actividad”, asegura Sklar mientras observa el entrenamiento dirigido por el preparador físico Diego Bianchi.
La charla con Sklar se extiende y se conocen otros detalles:
“Empezamos todo de cero”, explicó Sklar al referirse al proceso que desarrollan los jueces, desde comienzos de 2001. El director del proyecto de la Arurba es Roberto Martínez (representante del Club Los Tilos), y en otras áreas están al frente Osvaldo Ciarrocchi (Porteño), Santiago Videla (Champagnat) y Alejandro Degano (San Albano). Al cuerpo médico y a los preparadores físicos se les paga; el presupuesto anual de este plan es de $ 20.000 y lo solventa la Unión de Buenos Aires (URBA).
Una vez por mes cada árbitro tiene que cumplir con el examen ante el preparador físico, y cada nivel de jueces tiene una marca mínima para alcanzar en el Bep test al que se someten. Convertido al test de Cooper (correr durante 12 minutos), el grupo uno –se encuentra la mayoría de los primera división– tiene que superar los 3000 metros; el grupo dos, los 2800 metros, y el grupo tres, los 2500 metros.
Existe una comisión que elabora el ranking de árbitros. Sobre la base de las pruebas físicas, la asistencia a los cursos, los exámanes escritos y las actuaciones de los fines de semana, se efectúa un ordenamiento calificado de todos los jueces. Este ranking se modifica y actualiza dos veces por temporada.



